No es cierto que a las mujeres nos encanta tomar semen porque es bajo en calorías y tiene proteínas que ayudan a tonificar nuestro cuerpo. Tampoco que nuestra actividad cerebral se incrementa cuando un hombre nos toma de las orejas y nos sacude de atrás hacia adelante. Ninguna mujer, a pesar de lo que aquel clásico del porno les haya enseñado, tiene el clítoris dentro de la boca, y aparte de los faquires que tragan antorchas en la calle, es muy difícil que se topen con la garganta profunda que desearían.

En cambio, sí es cierto que una forma bastante efectiva de vomitar consiste en meterse cualquier objeto hasta el fondo de la garganta y que nuestra quijada empieza a dolernos después de chupar algo por más de dos minutos continuos. Aún así, algunas de nosotras accedemos de vez en cuando a chuparle el pene a un hombre, pues sabemos que esto les gusta mucho. Las que no tenemos el problema de ser asquientas, accedemos incluso a que ustedes eyaculen dentro de nuestra boca, tomamos semen y hasta dejamos que nos embadurnen todo el cuerpo.

Pero si llegamos a sentir placer al hacerlo, se trata de la misma sensación que trae la caridad cristiana para el que da, y nunca de los espasmos de placer descontrolados de los orgasmos. Si consiguen una mujer que insiste en que lo que más le gusta es hacer blow jobs, preocúpense. Eso, o bien es un síntoma de lo mal que la pasa en el sexo con penetración, o lo que quiere es que ustedes le propongan matrimonio creyendo que es la mujer perfecta y ya con anillo en mano va a dejar de ser tan mentirosa.

El sexo oral es como un regalo que le damos al hombre, y lo mínimo que esperamos a cambio es su agradecimiento y buena educación. Pero Carreño no escribió un manual de urbanidad para este tipo de situaciones, porque de estos temas tan mundanos ninguna persona de bien se atreve a hablar. Por eso aprovecho el espacio de libertad de expresión de esta revista tan pecaminosa para darles unos consejitos sobre un tema que de otro modo seguiría siendo un misterio como el de los círculos de los campos de maíz.

Para empezar, lo más difícil: ¿cómo pedirle a una mujer una mamada? Pues la verdad, no hay una forma bonita de decirlo y tratar de buscar una puede ser del peor gusto imaginable. Ya les expliqué que meterse cosas hasta el fondo de la garganta produce ansias de vomitar, pero estas se incrementan peligrosamente si antes de hacerlo un Nobel de Literatura frustrado nos dice: ?¿no le vas a dar un besito de las buenas noches a mi muñequito?? o ?¿no quieres chupar un poquito de mi pirulito??

Para mi gusto, lo mejor es que llamen a las cosas por su nombre, aunque tengan que usar expresiones no aptas para reuniones con la suegra. De hecho, si lo del clítoris en la garganta no es cierto, el dicho popular de que el punto G de las mujeres está en el oído, es bastante sabio. En mi caso, las palabras sucias pueden llegar a excitarme más que cualquier poema. Mi amiga Juana, la bailarina, dice que otra forma de pedir una mamada es establecer códigos que no requieran de palabras. Si le hacen sexo oral, luego ella por iniciativa propia hace lo que le corresponde.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta es que durante el sexo oral no deben tratar de empujar nuestra cabeza para llegar más adentro de lo que nos es físicamente posible. Y, después de un acto tan poco pulcro, no pueden ponerse remilgosos y asquearse de encontrar semen en nuestro pelo o nuestra boca o de que tengamos que parar de vez en cuando para quitarnos un pelo de la lengua. Si no van a querer besarnos después de pedirnos que les chupemos el pipí, es mejor que se aguanten las ganas de una buena mamada. Por último, los caballeros no tienen memoria. Así que nunca, nunca, se vanaglorien de un blow job recibido. Podría ser nuestro último acto de caridad.

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