Las 68 vacas que tiene Jean Claude Biver en su granja producen anualmente 6.000 kilos de queso y 250.000 litros de leche, trabajo por el que no recibe un centavo. Con los relojes el asunto es, literalmente, a otro precio. Uno de los genios de la relojería mundial, responsable del resurgimiento de Blancpain y de que Omega vendiera un billón de francos suizos anuales nació en Luxemburgo hace 59 años, tiene una colección personal de 100 relojes y trabaja 20 horas al día, comenzando a las 3:00 de la mañana. La afortunada marca que cuenta con sus servicios es Hublot, de la que es su CEO. Hay un antes y un después de Biver en la empresa. Antes los relojes eran de cuarzo, consumían 27 kilos de oro al año y la facturación más alta de su historia había alcanzado los 32 millones de dólares. Hoy los relojes son mecánicos, se llevan 1.000 kilos de oro en su fabricación y facturan 250 millones de dólares cada 12 meses. Con estas cifras no es necesario ser un genio para saber cuál es la clave del éxito de Hublot, marca creadora del famoso modelo Big Bang y la primera en lanzar un reloj de oro con brazalete de caucho. En este 2008 se ha unido al grupo de patrocinadores de la Eurocopa que por estos días se juega en Suiza y Austria, pero para Biver la tarea apenas comienza. A cargo de Hublot desde 2004, dice que sus verdaderos resultados se verán dentro de unos cuatro años. Luego, quién sabe, podría venir el retiro, aunque como él mismo confiesa, la palabra retiro implica trabajar "solo" ocho horas al día.

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