Antonio García como escolta
Seis y veinte de la mañana. El frío aruña. Estoy limpio, afeitado y sobrio, y no me importa que se me note. Sobre mí pesa un vestido Carlos Nieto cuyo mérito es no parecer Carlos Nieto y una semana de entrenamiento en una academia de seguridad privada donde, modestia aparte, hice tres dianas, dos nueves y un ocho en la prueba de polígono.
   
   
María Jimena Duzán como empleada doméstica
Ligia no es la patrona, pero como si lo fuera: es la de adentro. Yo, la de por días: -Sería sólo lavar los muebles, (¡todos!, me recalcó), aspirar el tapete, de la sala y el comedor (advertí así a la ligera que era doble y que cubría un espacio exigente); luego hay que trapear muy bien porque se le tiene que sacar el pelo del perro llamado Ottawa (su mano alcanzó a mostrarme a un pastor labrador durmiendo en el jardín sobre una cama-tapete llena de pelo blanco. pasé saliva).
   
   
Fernando Quiroz como mesero
A comienzos del año 2000, recién estrenado este milenio que se había inaugurado con tantas luces de bengala y tantas fiestas y tantos buenos propósitos que se olvidaron tan pronto, regresé a Buenos Aires con la intención de escapar de los horarios y de las corbatas y tomarme un año sabático.
   
   
Alonso Sánchez Baute como vigilante
De entrada les cuento que este trabajo es aburrido. ¡Jartísimo!, para ser más exacto. O yo al menos no lo disfruté. Disfruté, eso sí, los preliminares: desde que me propusieron el trabajo de suplantación de un celador para conocer de primera mano esta labor, disfruté el imaginarme el edificio donde me tocaría 'porterear' y las anécdotas que de allí podrían resultar.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.