El último pensamiento de la noche: qué bueno es dormir. El primer pensamiento del día: qué malo es despertarse. Como los siete enanitos, los síntomas del guayabo llegan uno tras otro: Mareín, Dolorcito, Doc Enchonche, Sediento, Apagamelalú, Acidito y Aydiosmioyanoquierovivir-ito. Los franceses le dicen gueule de bois, jeta de madera. Los alemanes, Katzenjammer, aullido de los gatos; sin duda, refiriéndose a la manía que tienen los timbres de sonar dos veces más duro los domingos. El guayabo (nombre médico: veisalgia) son los síntomas producidos por el consumo excesivo de alcohol, un ataque en varios frentes, una enfermedad crónica y universalmente detestada.

No es de extrañar que en todo el mundo se añore y se busque la cura para el guayabo. En Escocia es la gaseosa nacional: Irn Bru; en Ecuador se cura el "chuchaqui" comiendo mariscos; en Rusia comen pepinillos encurtidos y beben el líquido de la jarra que los contiene. En México, sobra decirlo, se comen jalapeños enteros. Buscando avanzar en la lucha contra este mal universal, con ímpetu científico y para fomentar la cooperación entre los pueblos, acepté probar cinco curas contra el guayabo y comparar su efectividad y, claro, emborracharme cinco veces. 'Será un sacrificio', pensé, 'pero debo hacerlo; no por mí sino por la humanidad'. Y así, con la frente en alto, me dirigí al Bulín listo a pegarme mi primera rasca.

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