El intercomunicador del condominio de cuatro pisos no funciona. En él aparecen escritos los nombres de todos los propietarios, menos el de la ex actriz pornográfica y ex diputada del Partido Radical Italiano. Antes de llamarla a su celular, espero unos minutos en la entrada del edificio. La bocina de un Mercedes deportivo llama mi atención. El auto lo conduce ella y a su lado viaja su hijo, Ludwing. Me pide que la acompañe a cobrar la mensualidad de un apartamento que alquila. El Mercedes de la Cicciolina no ha visto una aspiradora desde hace varias semanas. Cerca del freno de mano, hay una gorrita de lana rosada, un lápiz de labios y una revista Playboy.

Volvemos a su condominio: un edificio moderno de cuatro pisos, color café, grandes ventanas y un enorme jardín con viejos pinos. Ilona parquea con dificultad en el pequeño garaje, que cumple además la función de bodega familiar. Cerros de revistas por todas partes, documentos, fotos de la Cicciolina con sus grandes senos al viento pegadas en la pared, la motocrós de Ludwing, el contenedor de plástico celeste que el muchacho usó al dejar los pañales, herramientas, pedazos de cerámica…

La sigo. Camina con el mentón alto, como suelen andar las personas sin temor a la vida. Subimos hasta el cuarto piso por un ascensor viejo y diminuto. Unos angelitos pintados a mano diferencian el ingreso a su morada. "Los pinté yo. ¡A ver cuánto duran! Aquí la gente no cuida nada", comenta, mientras abre la puerta.

Inmediatamente se quita el abrigo, suena el teléfono. "Es una periodista de un diario romano. Trataré de ser breve. No te fijes en el desorden. La señora de la limpieza no viene desde hace una semana". Mientras la Cicciolina habla por teléfono, Ludwing me presenta a la mascota: Nubola, una joven gata angora gris y de ojos azules, como los de Ludwing y la Cicciolina. Me ofrece una lata de Coca-Cola caliente, se despide y sube las escaleras que lo llevan a su dormitorio, en el ático de la casa. "Aquí no puedes venir. Mamá se enoja, dice que hay mucho desorden", me advierte Ludwing, de trece años, alto y bronceado, la melena negra y los ojos azules como los de su madre. La gata lo sigue.

El cuarto de estar la Cicciolina tiene unos enormes ventanales por donde se aprecian las reminiscencias de la campiña romana. Hay un piano de cola blanco. Sobre él, tres coronas de reina de belleza. Gran parte del salón lo ocupa un sofá blanco de cuatro metros de largo en forma de herradura, con veintidós ositos de peluche: rosados celestes y amarillos. Cerca del computador hay una copia del libro Memorias, biografía fotográfica de Ilona Staller. En las primeras páginas, Fellini la define como "una linda niña de amor, rubia". También hay una máquina para endurecer los músculos de las piernas y los brazos.

Tras haber hablado casi cuarenta minutos por teléfono, Ilona regresa al salón con un catálogo de la muestra Ilona Renaissance, que este año viajará a Los Ángeles, Europa y Japón. Abre el catálogo y su mirada se detiene en la primera foto, La Venus entre las rosas, inspirada en El nacimiento de Venus, de Botticelli. Ilona aparece retratada como la Venus botticelliana: su desnudez es dulce, su mirada, tierna. La sonrisa rojo carmesí no es maliciosa. Costaría creer que alguna vez hizo una película pornográfica. "Aquí no vemos una teta o el culo de la Cicciolina. La Cicciolina aquí es una obra de arte", dice hablando de sí misma en tercera persona. En las catorce imágenes de la muestra, el fotógrafo parece haber captado una mujer serena. "La tranquilidad interior la tengo excepto por un pequeño detalle: mi ex marido, Jeff Koons, que pretende llevarse a Ludwing a los Estados Unidos. Desde que nació, hace trece años, la lucha por la custodia ha sido una verdadera tortura".

¿Tenía entendido que la custodia de Ludwing era un capítulo concluido?

Parece que no. Estamos acudiendo de nuevo a la vía legal. Koons es un hombre muy rico. Sus recursos le han permitido contratar un estudio legal en Roma.

¿Antes del embarazo de Ludwing, perdió un bebé?

Llevaba en el vientre una niña, que perdí debido al estrés matrimonial. Conoces a un hombre que te llena de flores, de atenciones, y en el matrimonio emergen los problemas. Sale a flote la verdadera cara de la persona. Estuvimos casados dos años y medio. En 1993 regresé a Italia de Estados Unidos con el niño decidida a no volver con Koons. Le pedí el divorcio. Luego Koons vino a Italia, buscó un juez, le dijo que quería estar dos días con el niño y se lo llevó ilegalmente casi trece meses a los Estados Unidos. Sufrí una etapa de anorexia: dejé de comer, veía la comida y sentía náuseas. Viajé a los Estados Unidos con un permiso provisorio, porque, en aquella época, por motivos políticos no podía entrar en territorio estadounidense. Aún hoy día no puedo viajar allá. ¿Es cierto que para obtener el permiso de salida de Estados Unidos tuvo relaciones sexuales tres veces en la oficina de un funcionario?

Durante cinco meses estuve bajo la jurisdicción estadounidense, que me miraba como una pobre actriz porno. ¿Quién podía vencer la causa? Obviamente, el riquísimo ciudadano estadounidense. Por eso, decidí sacar a mi hijo de los Estados Unidos. El riesgo era grande, porque si me atrapaban en territorio norteamericano, estaba todo perdido. Es cierto que el sexo me ayudó a obtener los documentos que necesitaba, pero los detalles los cuento en el próximo libro autobiográfico, que se publicará este año… ¿Quieres tomar algo? Solo tengo cerveza. Ludwing ha arrasado con todo. Bebo muy poca cerveza, porque te hace crecer la panza y provoca cólicos. Después de los cuarenta es más difícil quemar calorías. (Se levanta la blusa, con la espalda erguida muestra el ombligo). No es que sea tan delgada, tengo también mis rollitos.

¿Mientras conversamos, puedo hacerle algunas fotos?

No, por favor. No me he maquillado. Te pido entiendas, pero debo cuidar mi imagen. Yo también soy fotógrafa y esa lente que tienes no es adecuada para hacer retratos. Mejor no.

¿Cuándo tuvo conciencia de ser una mujer bonita?

Nunca me he sentido diferente de otras muchachas. Me lo decían los otros. Me decían que era la más bonita de la clase, de la escuela… Yo era una de las mejores cincuenta fotomodelos de Hungría. No tengo las piernas largas ni tampoco un gran culo, pero el encanto no radica solo en la belleza física. Aparte de la apariencia física, la sexualidad siempre me ha interesado. A los catorce años me gustaba inspeccionar mi cuerpo. Recuerdo que abría las piernas y con un espejo inspeccionaba cómo era allí abajo. No esperaba que otros me explicaran cómo era mi cuerpo.

¿Su sonrisa también tiene mérito?

(Ríe con una espléndida sonrisa de oreja a oreja) Con mi sonrisa, me he comido a todo el mundo. Debo confesar que he tenido fortuna: me han ayudado la boca gruesa, los ojos azules y mi color de pelo.

¿Es usted narcisa?

Poco después del divorcio los jueces analizaron la custodia de mi hijo, nos enviaron a consulta psiquiátrica, a mí, al niño y a Koons. Me dijeron que soy narcisa, como todos los artistas. Soy consciente de que soy narcisa, pero en el buen sentido del término. Me da gran placer tener las uñas bien arregladas (estira los dedos como una princesa). Hoy he pasado toda la mañana en el salón de belleza: me han arreglado los pies y el pelo (dos de las cuatro veces que la llamé para hacer la cita no pudo atenderme porque se encontraba en la peluquería). Me encanta mirarme al espejo y ver que estoy bien.

¿Qué estudió usted antes de dedicarse al modelaje y al cine porno?

Estudié tres años Medicina, pero luego me inscribí en Arqueología. Siendo estudiante universitaria comencé el trabajo de fotomodelo. Más adelante me convertí en Miss Hungría y después vine a Italia, en 1972. Me casé con un italiano (de cuyo nombre no se quiere acordar) muy pobre. Comíamos todos los días espaguetis, y una vez por semana, carne. Por ello, a inicios de los años setenta decidí trasladarme a Milán para trabajar como modelo fotográfica. Luego regresé a Roma donde comencé a hacer mis primeras películas... ¡No porno!

Y también tuvo una época en la que se dedicó al espionaje…

Era camarera en un lujoso hotel de Budapest. Un día llegaron tres hombres húngaros muy elegantes. Me preguntaron que si quería ganar más dinero. Mi función consistía en acompañar la cena de algunos hombres importantes y así conocer sus secretos. Debía averiguar por qué estaban en Hungría. Es un trabajo peligroso, se arriesga el propio pellejo. Por eso un día decidí no hacerlo nunca más. Ganaba más de lo que ganaban mi madre y mi padrastro juntos.

¿Cómo se comportaron con usted los políticos durante su paso por la Cámara de los Diputados en Italia?

Me respetaban, pero otros me mandaban papelitos con frases como: "Te invito a comer esta noche conmigo", "¿Qué llevas debajo? ¿Portaligas? ¿Medias negras?". Cuando empecé a presentar propuestas de ley comenzaron a entender que no era solo una diputada bonita, sino que también tenía algo dentro de mi cabeza. Cuando hablaba en la Cámara sobre la violencia sexual contra las mujeres, muchas veces recibí aplausos. Me decían: "Tiene razón la honorable señora Staller". Todos los proyectos que presenté están allí en el Parlamento. Ninguno de ellos ha sido aprobado. Esta cerveza me encanta. Es alemana, pero te hace eructar. Mamma mia, qué pena. (Ríe y eructa otra vez.)

¿En qué consiste su proyecto de ley sobre educación sexual? No ha sido aprobado por presiones del Vaticano…

Los jóvenes reciben en el colegio una hora semanal de religión católica, pero al mismo tiempo, deberían recibir una hora de educación e información sexual. La Iglesia dice que la masturbación es un pecado, pero ¿quién ha dicho que es un pecado? La masturbación es parte de nuestro ser. Yo, cuando me relajo en mi cama, cómoda, tranquila, me masturbo. Así como lo hago yo, lo puede hacer cualquier otra persona, sea hombre o mujer. La masturbación es acariciar los genitales. Seguramente cuando mi hijo se encierra en su recámara, se masturba. No voy a regañarle ni a gritarle: "¿Qué estás haciendo?". De lo contrario se puede asustar y tal vez más adelante tenga problemas sexuales. Lo dejo que viva sus momentos íntimos en paz… Yo quiero que mi hijo crezca sereno, pacífico consigo mismo y con el sexo. (Nubola se acerca a los pies de su patrona. Ilona la toma en brazos y la acaricia). Amo tanto a esta gata. Sabes, no tengo pareja. Obviamente tengo a mi hijo, que es mi gran amor, pero después de los cuarenta te vuelves más exigente y es más difícil encontrar el hombre perfecto. No me importa para nada si un hombre me encuentra una arruga y me lo hace saber.

¿Cómo se comportan los hombres cuando la seducen?

He aprendido que algunos hombres me tienen miedo. Se sienten inferiores, no se me acercan. Es extraño, pero es así.

¿Cómo es un buen amante?

Te relaja, te divierte, te hace tener un buen sexo. Disfrutar del buen sexo no significa que el hombre deba tener las medidas de un actor porno, pero sí debe dar importancia a los preliminares: besos, caricias, abrazos, susurros. También es vital la armonía en la pareja. A veces, por un buen momento de sexo, una dice para sus adentros: "Nos llevamos bien en la cama, pero durante el resto del día pasamos en un puro pleito". En tal caso es mejor el equilibrio: buen sexo y una vida familiar armoniosa.

¿Silvio Berlusconi es un buen amante?

En 1974 me invitó a una isla griega. En aquel momento era un hombre muy guapo, fascinante, inteligente. Hoy día no me parece que sea feo. Tiene setenta años y se conserva muy bien. ¡Dios mío, tiene la edad de mi madre, que en paz descanse!

¿Y cómo es una buena amante?

Todas somos diferentes. En mi caso, me hago baños perfumados, me visto seductora, me maquillo, soy amable, no al modo japonés, que es demasiado, pero acaricio con gentileza al amante. Acaricio con dulzura, como lo hago con mis ositos de peluche. Es sencillo.

¿En las escenas de cama, fingía siempre los orgasmos?

También en el matrimonio fingí el orgasmo, porque a veces estaba muy adolorida y no podía. Además, soy muy cerebral, una vez que me desconcentro, no llego al orgasmo. Entonces cuando estás en plena acción y no llegas, dentro de ti dices: Ok, terminemos esto. ¡Ah… Ah… Ah…! Le dices a tu pareja: "Qué bello ha sido este orgasmo". Y en el fondo sabes que no es cierto, ¿entiendes? (ríe) Disfruté en algún filme porno. Era bellísimo cuando lo hacía con algún compañero que era muy bueno, muy amable, muy gentil… Pero en el plató no todo era maravilloso. Una vez le pedí al director que obligara a un compañero a tomar una ducha, porque olía muy mal. Fue muy desagradable.

¿Se enamoró de algún actor?

No. A las diez de la mañana se comenzaba, a las cuatro de la tarde se terminaba, y ciao, arrivederci. El actor porno ideal debe tener un pene de buen tamaño, no obstante algunos tienen problemas de erección. Para mí el tamaño del pene no tiene ninguna importancia. No es el responsable de la felicidad de la mujer, son los preliminares: las caricias, la dulzura, los besos.

¿Desde el punto de vista psicológico, cuál ha sido la escena más dura de realizar?

Un día me pidieron una escena de sadomasoquismo con un actor francés que me encadenó a un crucifijo y me masacró con el látigo. Por dos días no pude sentarme. Curaba mi trasero con todo tipo de cremas. Lloré durante la filmación de la escena. Se me corría el rímel. ¡Madonna, qué dolor! (Aprieta los labios.) El actor se tomó muy en serio el guión. Menos mal que no usamos el cuchillo, porque pretendía hacerme unas heridas con un puñal. Seguramente estaría en el cementerio.

¿Por qué prefiere cortarse los vellos de sus partes íntimas?

Es lindo cortarse los vellos del pubis. Pero nunca he pensado que le da un valor agregado a las escenas pornográficas. A veces me quitaba todo, aparecía sin pelitos, porque mi sexo parece el de una niña, soy muy cerrada. Conste que estoy totalmente en contra de sexo con menores. Censuro, además, a los europeos que viajan a América Latina para tener sexo con niñas a cambio de un puñado de dólares. Es una tragedia. (Ludwing se asoma por la puerta de su cuarto y pregunta si todo está en orden. La cerveza se ha acabado. Ambas hemos tomado un cuarto de litro, pero ella trae más).

Cuando Ludwing tenía dos meses usted envió una carta a la prensa italiana. Decía: "He renunciado a mi vida política, a mi filosofía de la vida e incluso a mi color de pelo por mi marido, pero mi vida con Koons, de una obra de arte se ha convertido en una pesadilla" ¿Koons la presionó a tomar la decisión de no hacer más cine porno?

No hago películas desde 1989. Fue una decisión personal que tomé antes de que naciera Ludwing, que vino al mundo el 14 octubre de 1992. Unos meses antes de quedar embarazada de mi hijo perdí una niña. Dejé el porno porque no me interesaba más. Llega un momento en la vida en que debes decir basta. No me interesaba. Con el paso de los años todo cae. ¿Cómo afronta la ley de la gravedad?

Con puro ejercicio. Después de dejar a mi hijo en la escuela, paso tres horas y media en el gimnasio: Cuando termino la sesión me siento cansada, pero luego me reprendo porque la circulación de la sangre te hace sentir mejor, dormir mejor y tener mejores relaciones sexuales.

¿Ha recurrido a la cirugía estética?

Solo en los senos, porque después de haber dado de mamar a Ludwing, no eran más los senos de la Cicciolina de antes.

Así vestida parece que tiene un seno bello y firme...

Pero llevo un sostenedor. (Ríe, abre dos botones de su blusa y muestra un sujetador blanco de encaje, que envuelve sus enormes senos, perfectos como dos melones.) No estoy en contra de la cirugía estética, pero si una no necesita recurrir a ella, es mejor evitarla. Yo lo hice solo por el hecho de haber amamantado.

¿Cuál es el poder del clítoris?

Es parte de nosotras, las mujeres, que por fortuna tenemos esta zona de placer. Justo hace algún tiempo escribí un artículo en contra de la infibulación, que considero una idiotez. ¡Pobres niñas, mutiladas desde pequeñas! Estas niñas tienen el derecho de tener el clítoris como las europeas. El placer es humano. Nadie tiene derecho a quitarnos el placer.

Ilona apoya el vaso sobre una mesa de vidrio, se acerca al piano y me muestra una corona de reina de belleza polvorienta. "Era de cuando fui Miss Hungría. Era bella, ¿no?". Francamente creo que hay personas que son como el vino. Ilona es una de ellas.

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