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Publicado 2004-04-05

Cómo armaruna despedida de soltero

Por Andrés Felipe Solano

Un periodista se puso a la tarea de elaborar un mapa de los sitios que ofrecen planes para quien organice una despedida de soltero en Bogotá. Strippers, lesbianas, masajistas, prostitutas y 'universitarias' hacen parte del catálogo.

-Aló, hablas con Mara. ¿Con quién hablo?
-Con Óscar, hablas con Óscar.
-Dime, Óscar, ¿en qué te podemos ayudar?
-Ustedes son los de la página Juanita y Mafe punto com?
-Sí, somos nosotros. Juanita y Mafe están por aquí. ¿Quieres que te las mande?
Mara tiene una voz exageradamente ronca.
Sufre una gripa brutal, fuma demasiado o quiere enganchar clientes poniendo el tono que su cerebro relaciona con sensual y profundo. No lo logra mucho, arrastra las eses produciendo un leve siseo. Óscar fue el primer nombre que se me vino a la cabeza. No sé por qué me identifiqué así, no conozco a ningún Óscar. Bueno, me acuerdo de un tipo de mi ruta del colegio pero él se hacía llamar por sus dos nombres: Óscar Andrés. Era horrible. Tenía un halo de
bajeza que siempre me intimidó.
-Mara, estoy organizando una despedida de
soltero y quería saber qué me pueden ofrecer.
-Nuestra especialidad es el show lesbi. Juanita es caleña, tiene la piel canela, los ojos verdes y el pelo castaño. Mafe es rubia, sus ojos son miel y es de Bogotá. Ambas niñas tienen el abdomen plano, el busto talla 34, los cuerpos tonificados, miden 1,70 y son estrato 6. La diferencia con otras agencias es que Juanita y Mafe son pareja en la vida real por eso su show no es montado, es de verdad, Óscar. Mira, yo que soy hetero cien por ciento cuando las veo actuar me dan unas ganas de estar con ellas. Se ven tan lindas. ¿Te las mando?
Cambio de mano el teléfono. Mara domina su trabajo, es un huracán. En menos de dos minutos me ha hecho sudar las palmas. Alcanzo a hacerme el cuadro: dos mujeres en calzones dándose un beso profundo y una tercera acercándose. Mara ha sacado el Óscar Andrés que hay en mí.
Al fondo se oye un televisor. Los chillidos de un presentador de deportes me devuelven mi yo temeroso. Pienso en la voz profunda de Mara. ¿Será que la ensaya en el baño, frente al espejo? ¿O es el atributo que le valió un trabajo en una agencia de acompañantes?
-¿Y cuánto cuesta?
-Si son menos de ocho personas te cuesta $300.000 más el transporte que son otros veinte. Si son más de ocho, $350.000 más los veinte que te comenté. El show dura treinta minutos, hacen dos salidas, una ligeritas de ropa y otra desnudas. Nadie las puede tocar. Al final, el homenajeado puede estar en privado con una o las dos durante una hora y media.
-¿Y si es solo el show?
-¿Solo el show, Óscar? ¿No quieres darle a tu primo una despedida como se la merece?
-Voy a pensarlo, Mara. Una última cosa, si es en una casa a las afueras de Bogotá, digamos que en Guaymaral, ¿de todas maneras van?
-Claro, solo que el transporte se te sube un
poco. Ellas van con un taxista que las deja, las espera en el sitio y después se las lleva. Por la ida cobra cuarenta y por el regreso lo mismo.
-Listo. Si me decido te vuelvo a llamar.
-Muy bien, Osquitar, no te preocupes, aquí
estoy para ayudarte en lo que tú quieras. Chao, corazón.
 
 
Me pregunto cuántas Juanitas y Mafes tendrán para satisfacer la demanda de una noche. Según lo que me dio a entender Mara, todas las morenas son Juanitas y las blancas Mafes. ¿Y si una Mafe regresa de Briceño bronceada tendrá que cambiarse a Juanita? ¿Además por qué Juanita y Mafe? Así se llaman dos mujeres de mi oficina y no puedo evitar relacionarlas.
En los clasificados hay un número grueso de negocios que ofrecen servicios de striptease. Quisisera una oriental para mi despedida. Copio los nombres de las agencias -así se registran en el periódico- en una hoja blanca. Ahí están Jolie-Femmes, Flower model, Amapolas, Class-models, Red Blue sensual, Colombian womens, E-extasis, Escorts Bogotá. Cada una con su página en internet y el link al catálogo donde aparecen las mujeres de las que disponen. Es extraño ver cuerpos anónimos tendidos sobre camas, parados en cocinas, al lado de piscinas o en jardines, con el pelo sobre el rostro o una azaleia en vez de cara. La última agencia que copio es Chuscas.com. Esta vez antes de llamar pienso en un nombre para identificarme. Escojo Fabio, otro tipo del colegio que tenía el pelo como un erizo. Otro rufíán.
-Contacto privado, habla Paola.
-Hola, es Fabio -me adelanto sintiéndome algo canchero, como si mi negocio fuera el de organizar despedidas de este tipo y quisiera averiguar por una simple remesa-. Quiero saber qué tipo de shows ofrecen.
-Te cuento. Para solteros tenemos uno de $150.000, dura 45 minutos y el homenajeado tiene derecho a relación si lo desea. El show lesbian vale $300.000, dura una hora y cuarto, aproximadamente, y el homenajeado puede participar.
Detecto varios conceptos claves en este negocio. Uno: al parecer no les gusta la palabra lesbianismo y prefieren barnizarla con un apócope o con traducirla al inglés para darle un aire de pretendida sofisticación, como en tantos otros negocios. Dos: el show va ligado siempre a un encuentro sexual. Y tres: la cuestión del 'homenajeado', que suena tan feo como el 'graduando'.
Paola tiene una voz menos impostada, pero igual se empeña en ser cautivante. Su dicción es adecuada y su tono se parece al de una prima de la que hace rato no tengo noticias. Debe ser un poco gordita. Me imagino invitándola al cine, comiéndome un helado, tratando de cogerle la mano y la escena se me presenta como normal. No tendría remordimientos.
-¿Y tienen algún tipo de traje, de vestido?
-Sí, Fabián -deseo corregirla pero me sentiría sobreactuándome-, tenemos de colegiala, enfermera y mucama inglesa pero tienes que avisar con un día de anticipación para alistarlos.
Mucama inglesa, ese sí que es un concepto. ¿Será que en el show la mujer adquiere una pose de frialdad, de falso desdén? ¿Tendrá cofia y botas largas de amarrar como en las películas de Buñuel? En la línea se oye a un niño llorar y a una mujer que trata de calmarlo. Paola me da otras especificaciones y se despide afanada. Aplica la misma fórmula: chao, corazón. Se esfuman mis ganas de ir a ver con ella Cold Mountain en un cine bien alejado, donde todavía vendan uvas pasas recubiertas con chocolate o chocolatinas Baby Jones. El desinfle me impulsa a saber con quién trato.
La Whiskería de la 49 fue escogida por El Tiempo como el sitio ideal para una despedida de soltero. Decido asomar mi cabeza por ahí y me encuentro con un lugar abrumador, un parque temático del sexo con capacidad para 1.500 personas. La 'fortynine', como se le conoce en el circuito nocturno, cuenta con cuatro pisos y un subterráneo con habitaciones donde pululan las cascadas, el marmol criollo, el arte narc-decó, los centauros grabados en vidrio que sodomizan a indefensas doncellas. El
reggaetón y el techno expulsaron a las 'baladas americanas' como seguramente diría Óscar Andrés. El vallenato sobrevive incólume.
A la whiskería hay que entrar dispuesto a caminar sin desviar la mirada para no cruzarse con los ojos de algún ser de furia contenida. La posibilidad de encontrar un lugar cercano a la pista es remota y las mesas grandes siempre están reservadas para hombres con real poder adquisitivo o disuasorio. El trago es caro y no sabe a bueno. ¿Cómo va a saber bien si una cerveza vale diez mil pesos, una botella de ron ochenta y una de whisky, cien? Además las mujeres jóvenes tienen dueño y a los pocos que van solo a mirar el show de striptease les caen intimidantes cachalotes hembra. Ingenuo pregunto si existe una oriental en los alrededores.
-¿Una china dice usted?
-Sí, algo así.
-Claro, patrón, ya mismo se la mando a llamar.
Al rato una mujer se sienta a mi lado. Es morenita y muy menuda, tiene la cara redonda y sonríe todo el tiempo. La miro bien y por un segundo creo que me va a hablar en tai. Nada más falso, es de Puerto López y hace un mes está en Bogotá. Para que no pierda la sentada le planteo el trato. Hay que pagar cincuenta mil pesos por sacarla del sitio y cien por la relación. Ella pone el condón y yo el cuarto. Solo quiero un striptease, le aclaro. "Ah, ese también se lo hago y vale lo mismo. Incluye la relación", me dice sonriendo. Qué ganas de relacionarse, digo yo, pero ella no entiende. El ambiente está demasiado cargado. Me despido. Tardan cinco minutos en darme la cuenta y me demoro el doble en salir debido al operativo de seguridad que tienen montado en la puerta.
Lancaster es otro de los lugares a los que los futuros esposos supuestamente van a cerrar con llave su vida de soltero. Queda en la calle 90, media cuadra arriba de la quince. Me lo recomendó uno de los porteros de la whiskería. "Ahí le hemos hecho las dos despedidas de soltero a mi primo. Es que el hombre se volvió a casar".
Si la whiskería es un complejo recreacional, Lancaster es una sala de juegos bien montada. La barra es larga, espaciosa y con taburetes altos. Los asientos están dispuestos para que todos los asistentes puedan ver el show sin molestias, el techo es bajo, las mujeres agradables y a la mayoría se les oye ese cantaíto paisa que desarma. Hay un dispensador de cigarrillos por unidad y otro de condones en la pared que da a la calle. Los meseros llevan sacos blancos y corbatín tipo Crucero del amor y son afables. El problema sigue siendo el trago. En cuarenta cuadras ha aumentado el veinte por ciento. El show es cada media hora y dura quince minutos. Digamos que en total uno se gasta dos horas diciéndole adiós a su soltería. En ciento veinte minutos cuatro hombres con las hormonas alteradas pueden tomarse fácilmente dos botellas de whisky, que al precio de Lancaster equivalen a $240.000. Más la propina, más el hielo, más los vasos, más el mezclador -cobran hasta la película que se ve en el televisor de la barra- la suma crece exponencialmente. Ni siquiera me molesto en preguntar por la oriental. Lo mejor es volver a cotizar por teléfono. La despedida a domicilio ofrece la calidez de una casa, la ingesta de alcohol a un precio razonable, la posibilidad de ver a Juanita y Mafe al tiempo y además ahorrarse los dispositivos de seguridad. El de Lancaster me obligó a estar quince minutos al lado de la puerta y a fumar más de la cuenta.
Jolie femmes es una multinacional. Extiende sus tentáculos hasta Quito, Guayaquil y Caracas y su espectáculo tiene algo de cabaret. Una hora de striptease vale $120.000 y es solo eso, un baile. La mujer elegida (en la página web se puede escoger entre 25; cada una viene acompañada de una ficha técnica que incluye edad, altura, medidas, color de ojos, piel y pelo) hace tres salidas, cada una con un atuendo diferente. Además de los convencionales el cliente puede solicitar el de mujer policía con bastón de mando al cinto (bolillo), el de marinerita y el de bailarina árabe. El show va más allá del simple desnudo. Incluye un escenario con cámara de humo, seis pares de luces y una consola con música crossover (otro esperpento heredado del inglés empresarial). Se puede hablar con la stripper y preguntarle si autoriza para grabar o tomar fotos. El sí depende de cada una pero normalmente están dispuestas a salir en cinta con la condición de que no se muestre su cara. Para verificarlo la acompañante va a su vez acompañada de un hombre, el mismo que se encarga de montar y poner a punto el escenario. No hay un número límite de invitados, a los clientes frecuentes se les encima una hora de show por cada dos que soliciten y tienen una asiática. Por lo menos eso me dijo Paty, la recepcionista. Para hablar con ella decidí llamarme Humberto, un profesor de educación física que tuve en primaria, para continuar con aquello del tributo a mis años colegiales.
-Nosotros manejamos tres categorías. Univeritarias, tipo modelo y VIP. ¿Qué son las VIP? Son niñas que ejercen el modelaje y que han aparecido en publicaciones. Dentro de esa categoría tenemos una muchacha de Corea.
-¿Y ella tiene un precio especial?
-Sí, Humberto -¿que será del profesor Fandiño?-, las VIP valen más. Una universitaria te factura entre 120 y 150 la relación. Una modelo entre 200 y 250 y una VIP puede costarte hasta 350 la hora. Ojo, recibimos tarjetas de crédito.
El tono corporativo de Paty me despachó rápido. No vi en ella rastros de la gordita Paola ni de la histriónica Mara, solo una operadora recitando su parlamento.
Marqué de nuevo a Juanita y Mafe. Esta vez no me contestó Mara, me respondió Lucía, una jovencita de voz fina y algo temblorosa. Le pregunté por una pelirroja. Sin falsetes y solícita pero sin excederse, me explicó que hace una semana Juanita se había teñido el pelo de rojo y que había quedado divina. Sé que no es exactamente lo que buscaba pero acepté el ofrecimiento. Como dice un amigo: no soporto la vida desatenta. Para mí eso quiere decir que uno a veces simplemente busca amabilidad y buen trato. Además me convenció la trémula Lucía. Solo a ella le dije que me llamaba Andrés y ella fue la única que no se despidió "chao, corazón" .

Vader lightsaber
redbluesensual

Show: en 45 minutos la stripper sale tres veces y le cobra $120.000.
Particularidad: el servicio se presta entre las calles 26 y 185 y la circunvalar y Boyacá. El nombre de la agencia aparece en su tarjeta de crédito sin despertar sospechas.
Tel.: 256 22 03
www.redbluesensual.com
class -models
Show: por $300.000,
25 invitados obtienen
25 minutos de baile.
Particularidad: $10.000 adicionales después de 25 invitados. Puede grabar o tomar fotos. Servicios complementarios: trago, cigarrillos y pasabocas.
Tels.: 346 40 07, 249 32 04, 310 573 25 21
www.class-models.com
jolie–femmes
Show: una hora con cámara de humo, luces y consola musical. Tres categorías: universitaria, tipo modelo y VIP. Hasta $350.000.
Particularidad: Van con acompañante. Sucursales en Bogotá, Quito, Guayaquil y Caracas.
Tel.: 343 5615
www.jolie-femmes.com
colombianwomens
Show: por un promedio de $120.000 obtiene una hora de striptease.
Particularidad: servicio en Bogotá, Cali, Medellín, Bucaramanga y Cartagena. Puede ordenar vía mail llenando un formulario.
Tels.: 482 04 44,
310 575 67 04,
310 575 66 96
www.colombianwomens.com
e-extasis
Show: el show lesbian dura 40 minutos y vale $290.000
Particularidades: si en el mismo mes tiene dos despedidas de soltero y quiere organizar una tercera esta le sale con un descuento del 50 por ciento.
Tels.: 217 86 95,
310 779 84 18
www.e-extasis.com
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