Para muchos hombres tener una muñeca inflable puede garantizar sexo fácil y seguro. Imagínese, sólo por un momento, después de un día de duro trabajo, el instante en el que usted abre la puerta de su casa y ve a una muñeca en liguero, ligeramente tendida sobre el sofá y dispuesta a todo. Usted la desnudará rápidamente, cerrará los ojos con ganas y hará todo lo necesario para abandonarse al placer. En paz. En silencio. Sin un ser con cuerdas vocales, necesidades y complejos que lo puedan molestar.

Y es que en un mundo cada vez más desquiciado y necesitado de nuevas experiencias, la imagen clásica de las muñecas inflables ha tomado giros insospechados. En el afán por satisfacer nuestro cuerpo y vivir la vida al límite, sin prohibiciones y resueltos a todo, la industria de los juguetes sexuales ha sido consciente de que en la calidad está el placer, y por esta razón empresas como Abyss Creations han puesto a las muñecas en boca —y en manos— de quienes estén dispuestos a pagar su precio: 5.749 dólares.

Conocidas como las Real Dolls, los juguetes de Abyss son tan reales que en una visita rápida a su página de Internet (www.realdolls.com) es posible confundir la ficción con la realidad. Hay de todo y el consumidor —o cliente potencial— tiene la opción de jugar a ser el Dr. Frankenstein si se detiene a mirar el menú que existe para armar la mejor muñeca de todas: ocho caras diferentes, cinco cuerpos de distintas dimensiones, ocho tipos de color de ojos, diez peinados, siete bocas, cinco estilos de senos y tres formas del pubis listos para armar, escoger y pedir, hacen parte de la revolución que, desde hace cinco años, Abyss le propuso al mercado de los juguetes sexuales.

Placer en Plastilandia

La pregunta es: ¿hasta qué punto la demencia puede conducirnos a acostarnos con una mujer de plástico? Según el sexólogo Germán Ortiz el cambio del objeto sexual es una perversión que consiste en buscar la satisfacción sexual con elementos artificiales. “El acto sexual es el más íntimo e intenso mecanismo de comunicación humana. Esto deja por fuera a un muñeco”, afirma, y continúa: “la dependencia hacia un objeto genera una sexualidad trágica y angustiosa”.

Sin embargo, parece ser que entre lo que dicen los expertos y los consumidores hay un abismo de muchos kilómetros. Al menos así lo demostró recientemente el locutor radial estadounidense Howard Stern, cuando aceptó tener sexo con una de estas muñecas durante su programa matinal .

A pesar de que detrás de este gesto ‘irreverente’, Stern apuntaba directamente a subir el rating, lo cierto es que su experiencia resultó verosímil y, de hecho, comentada con envidia por todos los oyentes que tuvieron la oportunidad de oír sus gritos de placer. Stern tuvo sexo con Celine —una de las consentidas de Abyss — en pleno programa, y después de la experiencia, no dudó en asegurar que era el mejor sexo que había tenido en toda su vida.

“Se siente mejor que una mujer real, Celine es fantástica. Que Dios me quite toda mi audiencia si estoy mintiendo. Lo hice y estoy orgulloso de eso, fue ¡fabuloso!”.

Para el locutor, el resultado de esta inusual experiencia al aire fue reclutar más oyentes encantados de su manera para vivir en sintonía con la demencia del mundo. Para Abyss Creations se tradujo en que Celine se convirtió en su muñeca más famosa haciéndole compañía a la muñeca asiática y a la africana, que son las pedidas por los consumidores.

Por supuesto el planeta Tierra también ganó algo: más compradores frenéticos dispuestos a hacer del mundo un verdadero lugar llamado ‘Plastilandia’.

Cuestión de estilo

Pero Howard Stern no es el único que ha tenido sexo con una muñeca. Además de las 250 personas —que han comprado una Real Doll a través de Internet, países como Colombia también tienen su propio mercado ‘plástico’, claro está, con diferencias sustanciales en los materiales. Con cerca de cuatro ventas de muñecas inflables al año, los colombianos invierten de 400 mil pesos a más de un millón por tener el privilegio de jugar en su intimidad. ¿Por qué tan pocas ventas?

La respuesta es sencilla: mientras las Real Dolls (Leah, Stacy, Celine, Tami, Nika, Amanda, Stephanie y Mai) son hermosas y prácticamente idénticas a una mujer vista desde lejos, las ‘criollas’ son una mezcla de flotador acompañado por una cabeza de muñeca demasiado infantil como para provocar deseo. Las primeras tienen una piel que resiste un estiramiento del 300%, en tanto que las otras se explotan de la misma manera como lo puede hacer un cocodrilo de piscina con el primer niño que le salte encima.

La calidad de las muñecas se debe, según sus distribuidores, a que tienen una piel fabricada con base en silicona que imita la humana; un esqueleto que puede adoptar casi cualquier posición —hasta el salto del armario— y unos senos que actúan y se sienten casi igual que los reales.

Seres de plástico que, aunque desafían la cordura, pueden llegar a enamorar, encantar y enloquecer de lujuria a quienes tienen una experiencia con ellas.

Placer inflado

Para muchos, la demanda por las nuevas muñecas demuestra que la demencia del planeta no tiene límites y que, en materia de deseos sexuales, a veces es mejor tener a la mano un buen producto que trabajar a diario por una inolvidable conquista en un bar o en un sofá donde los suegros.

Para Matt McMullen, creador de las Real Dolls, el éxito de su negocio no radica exclusivamente en que sean ‘mujeres’ que no hablan, no tienen períodos y siempre están dispuestas a todo, sino en que pueden ser increíblemente parecidas a los símbolos de carne y hueso, protagonistas de todas las fantasías sexuales masculinas.

Por 5.749 dólares (más costos de envío: 400 dólares en Estados Unidos y 800 si el pedido es internacional), cada una de las Real Dolls ofrecen calidad certificada, no sólo porque tienen una piel casi igual a la humana sino porque su lengua de silicona garantiza un muy buen sexo oral, sus labios vaginales pueden abrirse o cerrarse, su mandíbula se mueve para emitir los sonidos provenientes de un CD grabado para la ocasión, sus senos se juntan permitiendo la ‘paja rusa’ y sus dedos pueden agarrar cualquier objeto.

De seguro, gracias a todas estas nuevas ventajas en materia de juguetes sexuales, pronto habrá personas que duerman con sus muñecas —si es que no los hay ya—, que se bañen con ellas, que se sientan infieles cuando están con otra mujer y hasta que las celen por haberse dejado ‘montar’ por el empleado de turno. Les comprarán ropa interior, ligueros, zapatos y las invitarán a dar un paseo en carro. Serán las mejores amigas, las más tolerantes y silenciosas.

Como sea, sin importar cuántas personas estén decididas a tener sexo con un pedazo de plástico, lo único verdadero en todo esto es que el desquicie y la demencia en asuntos sexuales apenas comienza. Las muñecas de Abyss Creations son un primer paso. Habrá que esperar qué vendrá. Por ahora, tenga en cuenta las palabras pronunciadas por el estudioso de las relaciones virtuales Kiren McCarthy: “Las Real Dolls son tan vívidas que dan miedo… miedo a enamorarse de ellas”.

“El vendedor de las muñecas de plástico”
Charly García / La Máquina de Hacer Pájaros.

Compren mis muñecas inflables
la más dulce y la más amable
de las jugueterías, terror
de las industrias del amor
siempre sonríe, siempre de buen humor
como las chicas que se pasan
los días en las confiterías.
Cómprese hoy
una linda mujer que no piense ni coma
No piense más señor
que no hay nada mejor que una
nena de goma.
Las hay con labios gigantes
también con pechos brillantes
no oculte más su perversión
acá le doy la solución.
Hay un modelo para cada moral
haga la prueba llévelo hasta su hogar
va a ver que se la queda
Cómprese hoy
una linda mujer que no piense ni coma
No piense más señor
que no hay nada mejor que una
nena de goma.

Ventajas
- La muñeca tiene un kit de mantenimiento que vale 36 dólares. Una mujer, para arreglarse cualquier arruga, gastará en promedio 100 veces esta suma.
- Los llantos, los reclamos y los celos, serán un asunto del pasado.
- El único ‘retraso’ que puede tener una muñeca es que el liguero se le enrede en las orejas.
- Puede concretar el trío de amor con el que ha soñado siempre y cuando su mujer esté dispuesta a ‘juguetear’ con la muñeca.
- Una muñeca vale $5.700 dólares pero no exige carro, apartamento, joyas y restaurantes. Sale barata.

Desventajas
- La muñeca dejará que se la coma sin ningún problema, pero no le hará la comida cuando llegue cansado del trabajo.
- Aunque pueda bañar a la muñeca con agua caliente para que su piel se tibie un poco, no hay nada mejor que un cuerpo que sude de verdadero placer.
- Su superioridad masculina no podrá complacerse al oír el sincero gemido que acompaña el orgasmo femenino.
- La muñeca se lo para, pero no se para. Esto quiere decir que no podrá bailar con ella, salir a caminar o hacerlo de pie.
- Una mujer puede ser una ‘chica plástica’, como en la canción de Rubén Blades, pero por lo menos es chica y no plástico.
, En plastilandia los hombres duermen con sus muñecas, las visten y hasta las celan,

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