El experimento era sencillo: descubrir cuáles son los temas sexuales que más les interesan a las mujeres y, de paso, saber de qué forma hablan cuando nosotros no estamos. Para conseguirlo, reunimos a tres amigas (Ana María, 31; Natalia, 26; y Carolina, 28) en la tranquilidad de un jacuzzi y, bajo el efecto de un par de botellas de vino, hablaron sin prohibiciones. Antes de dejarlas solas, dejamos encendida —y escondida— una grabadora. Estos son algunos de los apartes de la conversación que encontramos en el casete.

La primera vez
Ana María: ¿Cómo fue tu primera vez?
Carolina: Después de cuatro meses de intentos, lo hice a los 15 años con mi primer novio.
Natalia: ¿Cuatro meses? Yo me demoré como dos años.
Ana María: Noooo, no puede ser.
Natalia: Pues sí, yo me ennovié a los 12 y a los 14 fue la primera vez.
Ana María: Yo me demoré como dos meses porque me dolía. Yo era estrecha. Ser estrecha es lo peor del mundo, pero en cambio me venía muy fácil. Siempre he sido de orgasmos múltiples. Con sólo tener un roce en el clítoris ya tenía orgasmos. Entonces, como para mí eso era satisfactorio, ¿para qué tener sexo?
Natalia: ¿Y dónde fue la primera vez de ustedes?
Ana María: En el carro.
Natalia: ¿En el carro? Yo lo hice en la cama de mi suegra.
Carolina: Pues yo lo hice en mi casa con un pelado que era mi novio, éramos unos niñitos. Yo era muy chiquita, pero era más aviona que él.
Ana María: ¿Y fue bueno?
Carolina: No me acuerdo. Después duré como dos años sin nada con nadie y entonces tuve un novio que sí fue el amor de mi vida. Ahí sí fue de verdad, verdad. Ahí sí estaba superenamorada y fue espectacular.

El orgasmo
Ana María: Nada excita más a un hombre que decirle que te estás viniendo encima de él, y decírselo cada segundo. Si se lo dices, el tipo nunca se va, se emociona más. Si lo finges de vez en cuando no es malo.
Carolina: A veces uno lo usa como para terminar, y ya.
Natalia: No existe una mujer que no haya fingido un orgasmo. A veces sirve para hacerlos creer que son el mejor polvo de la vida. Esa es una ventaja: mientras que los tipos tienen que demostrar que no se han venido nunca manteniéndolo parado, nosotras podemos hacerlo sin que se note.
Carolina: Todos los tipos piensan que a ellos no les fingen… “A mí no”, dicen los pobrecitos. Y mentiras: siempre se lo hacen.
Ana María: El tipo lo dice para que pensemos que es tan bueno en la cama que ninguna mujer le va a fingir nada. ¿A ustedes no les parecería muy sexy que les dijeran, de entrada, “mira, a mí no me vayas a fingir un orgasmo”.
Carolina: Claro, MUY sexy.
Ana María: Así digan lo contrario, todos los hombres están pendientes de satisfacer a la mujer, y por eso uno termina mintiendo. Si un tipo está tan convencido de lo que es, y le pide a uno que no finja, el orgasmo siempre será real. Yo creo que al fingir un orgasmo uno busca amarrarlos al sexo.
Natalia: Así como el sueño de cada hombre es satisfacer a la mujer, el de cada mujer es lograr amarrar al hombre.

La técnica
Ana María: Yo he tenido muchos polvos buenos. A mí el tamaño no me importa. Es más, los grandes me parecen terribles. A mí me salió una vez un tipo con el pipi grande y no me volví a acostar con él porque me dolía. Para mí, el tamaño ideal es el que entra en la vagina y se siente bien sin que duela.
Carolina: ¿El tamaño entonces no importa?
Natalia: A mí, una vez, me salió un tipo con una cosita así de chiquitica y… pues casi me muero de la risa. Me tuvo que dar besos y hacer un poco de cosas.
Ana María: Yo sí me vengo de todas las formas, pero si no me besan…
Carolina: Un muy buen preámbulo es cuando besan bien en un punto especial y de una manera especial.
Natalia: A mí la boca no me importa tanto. Uno de cada diez tipos besa bien. Es más, un tipo puede ser buen polvo y besar mal.
Ana María: ¿Saben cuál es el mejor preámbulo?: Hablar. Que en una conversación te digan, por ejemplo, “en este momento no estoy haciendo el amor contigo sino con la vieja que vimos en la playa”. Una vez en Miami, mi pareja y yo vimos a una vieja topless con muy buen cuerpo en la playa, y por la noche llegamos a hacer el amor pensando en la vieja. Yo creo que las palabras tienen más sentido que la lengua y que el tacto y que todo.
Carolina: A mí sí me encanta que me besen por todos lados. Si no me besan las tetas, nada. También abajo…
Ana María: Ah, no, abajo es imprescindible.
Carolina: Yo conozco mujeres que tienen su punto G en las tetas.
Ana María: A mí me encanta.
Natalia: Lo que pasa es que a ellos los excita y, a veces, la mejor manera de excitarse uno es viéndolos a ellos excitados.

El antipolvo
Ana María: El antipolvo es el tipo que se cree lo máximo haciéndolo, y en realidad no lo es.
Natalia: El antipolvo es el tipo que va a lo que va, sin preámbulos.
Carolina: No, el antipolvo es el tipo que cree que es un gran polvo porque no se viene ahí mismo y en realidad no le importa su mujer.
Ana María: El antipolvo es el que no nos quita la ropa.
Natalia: …pero si es en la oficina a veces es rico que sólo te bajen los jeans o te suban la falda, y ya.
Ana María: ¡Eso es en la oficina! Pero si tu tienes todo el tiempo del mundo…
Carolina: Ah, no, así sí, nada qué ver. Eso es como tirar con medias.
Natalia: Para mí el antipolvo es el que apaga la luz. Ni fea que fuera uno.
Carolina: El antipolvo es el tipo que besa con babas.
Ana María: A mí me molesta el tipo barbudo con pelos que puyan.
Natalia: …en cambio a mí, eso me gusta.
Carolina: No, no, no, ya lo tengo: el antipolvo es el que tira y se para a bañarse.
Ana María: Otra cosa importante son los calzoncillos. Tienen que ser Calvin Klein.
Natalia: O Armani, o de marca.
Carolina: A mí eso no me importa.
Natalia: A mí lo único que me aterra es una tanga.
Ana María: Yo una tanga me la aguanto desde que sea fina.

La masturbación
Ana María: Es lo máximo.
Natalia: No hay nada como ir a un sex shop y comprar cosas…
Ana María: Sí.
Carolina: Yo voy al sex shop, pero a comprar cosas de pareja y no de masturbación. Eso es diferente.
Ana María: Yo tengo un vibrador, por ejemplo.
Natalia: Yo también… eléctrico.
Carolina: ¿Y sus parejas saben que tienen vibrador?
Ana María: Sí. Es lo más excitante para los hombres. Cuando uno lo usa delante de ellos, ellos se mueren.
NATALIA: Yo lo uso con mi pareja y es lo mejor del mundo. Él me mira y en dos minutos… listo. Ni siquiera me toca.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.