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Publicado 2003-12-10

Ginger Lynn, la reina del porno

Por Diego A. Garzón y María Fernanda Guarín

La leyenda del sexo está cumpliendo veinte años de carrera. No hay lugar del mundo donde ignoren quién es Ginger Lynn, protagonista del clásico porno Ginger on the Rocks y de otras 68 películas. en exclusiva para colombia, habló en los ángeles, con SoHo.

Ginger Lynn Allen no sabe cuántos amantes ha tenido como actriz porno. Según sus cuentas han sido alrededor de 300. "Lo que sí sé es que fueron 69 películas las que hice, ni una más y ni una menos. Extraño número, ¿no?", ríe. Desde el comienzo de la entrevista se muestra muy amable, sonríe todo el tiempo y sin ningún pudor ante preguntas que podrían ser impertinentes, muchas de ellas sobre esas 69 películas que rodó, para sorpresa nuestra, solamente entre el 9 de diciembre de 1983 (su primera película) y febrero de 1986. En 1999 volvió a actuar y desde entonces ha participado en 7 películas aunque no con el mismo éxito que tuvo en los 80. Lo hizo para cubrir algunas deudas.

Apenas ha oído hablar de Colombia, pero le llama la atención que de un país "tan lejano" alguien se interese por su historia. La habíamos contactado por teléfono un par de semanas atrás y nos citó en Starbucks, en West Hills, muy cerca a su casa en Los Ángeles. Nos advierte que solo dispone de una hora, el tiempo que dura la clase de karate de Robert, su pequeño hijo de siete años. Pedimos un capuchino mientras que ella elige una mesa en la terraza para fumar con tranquilidad. Trae un suéter de lana verde y también una falda corta. Cruza las piernas y nos deja ver un par de botas negras que le llegan casi hasta las rodillas. Aparenta mucho más de los 41 años que tiene. Luce cansada y no para de fumar. Comenzamos sin perder más tiempo:

¿Cómo empezó en la industria pornográfica?
Salí de Illinois, donde nací, para California, pensando que iba a ser simple, barato y divertido. Antes trabajaba como administradora de una tienda de música y cuando me vine para acá seguí trabajando 70 horas semanales como vendedora, sin ni siquiera poder pagar mis cuentas. Por eso respondí a un aviso en el periódico que convocaba modelos para hacer un comercial, pero cuando llegué se trataba de sexo publicitario en la revista Penthouse. Le dije a la persona que me contactó: "Yo no soy ese tipo de mujer, yo no soy una puta". Sin embargo, en esa misma oficina conocí a una mujer hermosa, inteligente, que estaba leyendo un libreto y fumando esos cigarrillos largos, como toda una estrella de cine. ¡Era una actriz porno! Fuimos a almorzar y le pregunté cuánto ganaba y si le gustaba lo que hacía. Me convenció. Hablé con mi agente y le puse mis condiciones: "Quiero 1.000 dólares por escena, escoger las personas con quien quiero trabajar, las películas que yo quiero...". Me acuerdo mucho que él no paraba de reírse. Me dijo que yo no era nadie, que nadie me iba a contratar con esas reglas, aunque finalmente accedió.

¿Y cómo fue esa primera película?
Tres semanas después, una pareja de esposos que había creado una nueva compañía iba a rodar su primera película en Hawai. Aceptaron todas mis exigencias y firmamos un contrato. Ahí pensé: "¡Dios mío!, voy a hacer más plata en dos semanas que lo que puedo hacer en dos años!". Tuve que presentar una audición que
constaba de dos escenas en un mismo día. La primera fue con Tom Byron; cuando lo conocí fue como cuando vas a una fiesta y conoces a alguien y te empiezan a "echar los perros". Aunque sabíamos en qué iba a terminar todo, la cosa fue muy natural. Con él no hubo ningún problema, pasé muy rico. La segunda escena era con Ron Jeremy, el típico hombre desagradable, de nariz grande, rasgos fuertes, sin ningún atractivo pero se hizo muy famoso en la industria, pues era un tipo común y corriente que cuando el espectador veía, se sentía identificado y pensaba "si él puede yo puedo". Jamás olvidaré su olor tan horrible, pero pensé que si podía hacer eso, podría hacer cualquier cosa en la vida. Lo único que pedía era que él estuviera detrás de mí, así no lo tenía que mirar, solo cerrar los ojos y tratar de disfrutar.

Y nunca lo volvió a ver.
No, tuve que trabajar con él en muchas películas. En Hawai rodamos mi primer filme Surrender in paradise, y al mismo tiempo hicimos otra que se llamaba A little bit hanky panky. Fueron dos películas en una semana. Fue una muy buena experiencia.

Ron Jeremy, como no le sucedió a Ginger, gozó mucho con ese primer encuentro y así lo ha manifestado en varias entrevistas: "Nunca olvidaré cuando la vi. Era la mujer más bella que había visto. Cuando hicimos el amor por primera vez pensé que enloquecería. Ella gritaba como en voz baja y sólo pensé en que quería hacerlo mil veces más con ella". Esa experiencia con Jeremy no fue la primera relación desagradable por la que tuvo que pasar Ginger. Cuando apenas tenía 13 años, con su novio, quien rondaba los 40, no solo perdió la virginidad sino que también tuvo su primer contacto con las drogas. Su familia tampoco fue un buen ejemplo: Wayne, su padre, era alcohólico y muchas veces la golpeó cuando era niña. Marilyn, su madre, nunca estuvo al tanto de lo que ella hacía y fueron realmente sus abuelos quienes se ocuparon de ella. Ginger nunca fue a la universidad y muy poca relación ha tenido con sus tres hermanos.
Ese ambiente en el que creció, rodeada de alcohol y drogas, también se extendió al rodaje de sus películas. "Las drogas me ayudaban en las escenas de sexo anal". Su adicción se intensificó en 1985, cuando estaba en la cúspide de su carrera. Llegó a cobrar 5.000 dólares por escena, según recuerda, y a ganar 10.000 dólares más por aparecer en la portada del video.


El efecto Ginger
Ginger no ha sido muy afortunada en el amor. El tema la afecta un poco. Su primer novio 'en serio' lo conoció cuando llegó a Los Ángeles, pero tan pronto supo que Ginger había empezado en el cine porno decidió dejarla. Salió con muchos de los coprotagonistas de sus películas pero su verdadero amor hasta el momento ha sido el actor Charlie Sheen, a quien conoció a finales de los 80 durante el rodaje de Young guns II. La relación duró más de dos años, pero fue muy perjudicial para Ginger pues vivían alcoholizados y drogados. La verdadera razón del rompimiento fueron las constantes infidelidades de Sheen con otras mujeres, algunas de ellas prostitutas.

¿Cuál es el principal problema cuando conoce a un hombre que le gusta?
A mí me pasa algo que yo llamo 'El efecto Ginger', como mi película: debido al trabajo que tengo y al machismo se sienten intimidados y no logran manejarlo. Creen que no me pueden dar la talla en la cama y todo el tiempo hacen su mejor actuación tratando de demostrar que son muy buenos. Hay mucha presión para salir conmigo. Siempre que salía con alguien y tenía una relación estable, trataba de no trabajar pues no era posible independizar las cosas. ¡Seguía siendo mi cuerpo y estaba teniendo sexo con otra persona!

Es lógico que cualquier hombre que salga con usted piense que en la cama no puede defraudarla.
A mí no me importa eso. Para mí el amante perfecto es un hombre común y corriente con el que puedas conversar y te sientas feliz. El mejor sexo solo lo puedes tener con una persona con la que puedas hablar abiertamente y ser honesta para así descubrir todas las cosas que le gustan a cada uno.

Imaginamos que querrán hacer en la vida real lo mismo que han visto en sus películas.
Sí, es cierto. Es una imagen que vende la industria. A los hombres les doy un consejo: no basen su vida sexual y sus fantasías en lo que ven en las películas, pues están lejos de la realidad. ¡A las mujeres no nos gusta que se nos vengan en la cara!

¿Cómo fue su primera escena de lesbianismo? ¿Difícil?
No fue nada especial. Antes de mi primera película ya lo había hecho con una amiga. En la industria ves muchas mujeres lindas y poco a poco empiezas a sentir que hay unas que te gustan más que otras. Yo me di cuenta de que me gustaban las que tenían los senos grandes, se siente bien cuando los tocas.

¿Por qué tantos hombres sueñan con hacerlo con dos mujeres?
Creo que es más una fantasía que la misma industria de la pornografía ha creado en los hombres que lo que de verdad puedes disfrutar en la realidad. ¡Es que no hay espacio para una tercera persona! ¡Siempre hay alguno que queda de espectador, pues el hombre solo tiene un pito! ¡Es imposible estar con dos mujeres al tiempo!

En muchas películas usted lo hizo: otra mujer y un hombre. ¿No era nada especial?
Yo disfrutaba más el exhibicionismo que el sexo mismo, me excitaba más pensar en la gente que se excitaba viéndome. El cine porno se centra en el orgasmo masculino y no en el de la mujer, por eso muchas veces no era placentero.

¿Qué tan complicadas son las escenas con dos hombres penetrando a la actriz al mismo tiempo?
Me acuerdo que en Hawai yo estaba con mi compañero en la playa y nos comenzamos a besar y a tocar, y el otro coprotagonista estaba en el mar. Al vernos, salió del agua y se sentó junto a mí y todo pasó sin que ni siquiera hubiera cámaras. Yo dudé al principio, pero me sentí bien. Eso me ayudó para que al rodar este tipo de escenas por primera vez me sintiera tranquila. Viendo las cosas que se hacen hoy en día, no creo que haya hecho nada loco. En los 80 yo me hice famosa porque hice la doble penetración, pero hoy en día tienen como cuarenta penetraciones por día ¡y por todas partes! Yo no creo que haya hecho nada fuera de lo común: no me meto palitos chinos por el ano. Una niña me dijo un día que lo hacía "para agrandarlo más". Me explicó que en un condón enrollaba unos 20 palitos y luego se los metía. ¡Yo esas cosas sinceramente no las entiendo!

¿Con qué actores se ha sentido más cómoda
trabajando?

Tom Byron y Peter North, sin duda. Como tampoco dudo que el peor es Ron Jeremy. De mujeres me encantan Christy Canyon y Barbara Dare, son muy lindas.

Una de las películas por las que más la recuerda la gente en Colombia es Ginger en las rocas. ¿Fue importante haberla protagonizado?
Al final todas las películas tienen lo mismo: hombre y mujer, mujer y mujer, tríos, etcétera. Cuando éramos más de dos, prefería dar órdenes y decirle a mi compañera de escena que hiciera esto y lo otro con el hombre de turno mientras yo miraba. Me gustaba eso porque muchas veces no tenía ganas de hacerlo y, en otras, porque realmente era excitante como en Ginger on the rocks.

¿Le importa el tamaño?
Creo que es bueno uno normal, ni muy grande ni muy pequeño, de unas 6 ó 7 pulgadas. Ese es mi preferido.

Los hombres prefieren a Ginger
Desde 1986 hasta hoy, la vida no ha sido muy fácil para Ginger. Se retiró porque ya no se sentía bien. No quería que nadie la tocara ni besara. Hizo papeles cortos en Hollywood como en la cinta Vice academy, pero siempre la buscaban para interpretar personajes de prostitutas o de mujeres tontas que salieran desnudas. "La gente se crea una imagen de ti que no se les va a quitar".
Estuvo en prisión durante 17 días por portar drogas y en dos ocasiones, en centros de rehabilitación. Hace siete años quedó embarazada por inseminación artificial. Se ha especulado mucho y ella prefiere no entrar en detalles, pero se dice que el padre es Steve Hirsch, pro-pietario de una productora de videos pornográficos. Él le ayuda con la manutención del niño.
Ginger tiene su propia compañía de videos porno. Ella quiere actuar cada vez menos. Su belleza no es la misma del pasado, así que está muy claro que sus esporádicas actuaciones en películas porno se deben a la necesidad. "Creo que cuando hice el video de Turn the page, de Metallica, hace 4 años, se me abrieron muchas puertas y ahora estoy haciendo mi debut en prime time con Skin, la nueva serie de Fox. Tengo varios proyectos".

¿Cómo ve la industria pornográfica de hoy?
Antes era demasiado difícil entrar, era ilegal. Apenas existía el VHS y no había DVD. De las 69 películas que hice 35 eran en video y me convertí en la primera mujer popular de la industria. En las tiendas había una stand para mí sola y quien tuviera VHS sabía quién era yo. Pero ahora todo ha cambiado. Antes se hacían de cinco a diez películas al mes, ahora se hacen por hora. Si a una actriz le pagan seis mil dólares por escena o por película es porque los productores ganan tres o cuatro veces más. Cuando yo entré no había fama ni fortuna, tampoco era muy in. No podías contarle a la gente. Si te preguntaban qué hacías te tocaba decir que trabajabas en algún restaurante o algo por el estilo. Ahora sí lo puedes decir.

¿Cómo se cuida de las enfermedades venéreas?
En el 86, la gente apenas empezaba a concientizarse del sida, pero lo consideraban una enfermedad de gays. De todas maneras, tanto antes como ahora la gente que está dentro de la industria se cuida más que la gente en la calle. Hay dos categorías de actores: los que siempre usan condón y los que solo lo hacen opcionalmente. Yo ando con los de la primera. Al menos cada seis meses te exigen el test.

¿Qué otras cosas han cambiado en la industria?
Ahora lo único que hay son tipos que se vienen en tu cara, ¡ya no es sexy, ya no hay pasión! Tampoco había el tal viagra, algo que ahora todos los hombres usan dentro del negocio. ¿Qué va a pasar con los que a los 21 años están consumiendo viagra a diario? Lo que yo les digo es: "Lo siento, cariño, pero si no se te para sin esas ayuditas deberías pensar en cambiar de carrera!". Si tienes 50 años, OK, pero no se puede estar tomando eso como si fuera un dulce.

¿De qué se arrepiente?
No. Lo único que cambiaría sería la forma como gasté mi dinero. Como era tan joven y me llegó tanto dinero de un momento a otro, era muy difícil controlarlo. Pensaba que el dinero nunca se me iba a acabar, nunca pensaba en mañana, solo en el momento. Pero no me arrepiento de ninguna de las decisiones que tomé. Yo amo mi vida.

En los últimos años, Ginger se ha vinculado a proyectos benéficos en Los Ángeles: Salvemos a los niños y Los niños de la noche. Allí, niños desprotegidos encuentran refugio, compañía y alimentación. Sonríe mucho, y aunque suena un poco absurdo, por momentos se ve tierna. En especial cuando llega su hijo acompañado por el guardaespaldas de Ginger. Nuestro tiempo ha terminado. El niño corre a abrazarla no sin antes regañarla porque la ve fumando. Lo alza, lo carga y se despide de nosotros: "En diciembre haré una fiesta en Colorado Springs para celebrar estos 20 años de trabajo. Creo que vale la pena ce-lebrar". El niño nos mira sin saber a qué se refiere su madre. No tiene ni idea. "Allá los espero si quieren ir". Se sube en su Lexus y se va. Nos quedamos pensando en la invitación. Saldríamos de allí, por lo menos, con una buena crónica.
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