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Publicado 2004-10-20

Guía de masajes

Por Efraim Medina Reyes

El escritor Efraim Medina aceptó visitar Abejitas, la célebre casa de masajes para saber qué pasa adentro. Crónica sexual que sirve de excusa para esta guía nacional de sitios en los que uno puede darse un masaje, masaje. No un masajito.

Desde afuera, Abejitas parece el consultorio de un homeópata. Está en el corazón de la Zona Rosa (Cra 14 83-23) y la primera vez que fui había un grupo de obreros, justo enfrente, reparando el asfalto. Antes de entrar me detuve en la cafetería del lado, pedí un jugo y me senté a observar. Sobre la fachada había un discreto aviso de "masajes aromáticos". Eran cerca de las dos de la tarde y en diez minutos que llevaba allí habían salido tres tipos. Todos de traje, bordeando los cincuenta, uno se detuvo a comprar cigarrillos en la cafetería. Tenía pinta de oriental y se había bañado en One, de Calvin Klein, hasta las orejas. Los otros lo esperaban del otro lado de la calle. El oriental pagó y fue a reunirse con sus amigos. Al instante, un Mercedes Benz oscuro, último modelo, se detuvo a recogerlos.
Subí dos cortos tramos de escalera y arriba me recibió una chica. Estaba sentada al lado de la puerta ante un viejo escritorio. Se levantó con una sonrisa y me invitó a pasar. Adentro hay una pequeña sala iluminada con neón. Los sofás, forrados en cuero azul rey y rojo granate, parecen sacados de una discoteca de los ochenta. Un grupo de chicas conversa animadamente. Al notar mi presencia se espabilan y me echan una ojeada. Algunas chicas visten de sastre como empleadas de banco, otras de pantalón y tenis y dos o tres, elegantes vestidos de noche. En cuanto al maquillaje, se nota que la regla es no exagerar. Al lado izquierdo de la sala hay un reservado y, vecino a este, dos puertas. La recepcionista abre la más próxima a nosotros y me hace entrar cerrando tras de sí. Brevemente me explica el servicio y al salir deja la puerta abierta. El cuarto, apenas iluminado por una vieja lámpara de hotel, es frío. Observo las paredes y me tranquiliza no encontrar la temida copia del Guernica, en vez de eso hay una alegre escena pastoril. La ventana va de lado a lado de la pared que da a la calle, una gruesa cortina color miel de abeja la cubre. Hay dos camillas de enfermería y en medio de ambas, recostado en la pared, un angosto sofá cama que necesita que le renueven con urgencia el tapizado. La recepcionista regresa y enseguida las chicas empiezan a desfilar. La primera es una rubia bajita con cara preciosa. "Pilar", dice, y gira sobre sus talones. Sigue Margot, que es alta y morena; su trasero podría resistir una estampida de búfalos. En total son nueve y ahora debo elegir una para que me aplique el masaje. Cierro los ojos y divago entre el trasero de Margot, las piernas de Vanesa y los pezones de Amanda.
-Vanesa, digo.
-¡Vanesa!, repite la recepcionista saliendo del cuarto.
Vanesa me ofrece de tomar. Las posibilidades son agua, coca-cola, café o un trago de whisky.
-Solo uno, dice con picardía. Me explica que Abejitas es un centro de relajación, no un bar. Tampoco aceptan que los clientes lleguen con síntomas de ebriedad. Ella tiene 22 años, pelo castaño, ojos verdes y una sonrisa que lanza destellos, debe irle muy bien para haber podido pagar el blanquemiento. Me conformo con una botella de agua.
-Puedes dejar la ropa allí, dice señalando el sofá cama. Vuelvo enseguida.
Me desnudo y me cubro con una toalla. Vanesa regresa con la botella de agua. Me siento en el borde de la camilla.
-¿Qué haces?, pregunta sentada en la camilla de enfrente. Tiene un vestido de florecitas moradas sobre fondo blanco y una chaquetilla negra de pana. Se quita la chaquetilla y la deja sobre la camilla.
-Estoy en el negocio de los libros.
-Yo pasé por eso, dice muy seria. Vendí enciclopedias dos años, pero eso no rinde.
-¿Y aquí cómo te va?
-Súper, dice. ¿No te quieres acostar?
Me tiendo boca abajo en la camilla y ella se acerca. Sin preguntarme, me retira la toalla y allí estoy, indefenso ante aquella bella mujer. Al menos podré decir que todo se hizo a mis espaldas. Ella va por uno de los frascos y con las dos manos esparce la crema desde la nuca hasta mi trasero y luego en cada pierna. Sus manos son pequeñas y suaves.
-Me dijeron que tengo derecho a una prenda.
-Claro, ¿cuál prefieres?
-Ya sabes cuál quiero.
Sus tetas son medianas y ciento por ciento naturales. De masajes, la verdad sabe muy poco, pero a quién le importa eso. Sus manos me acarician y al mismo tiempo sus tetas me rozan la cara. Mientras lo hace conversamos. Después de las enciclopedias montó un negocio de calzado que quebró al poco tiempo dejándole algunas deudas. Una amiga le habló de Abejitas, le hicieron un examen y ese mismo día empezó a trabajar. La clave para ser aceptada, aparte del atractivo físico, es tener un buen nivel de cultura y no tener antecedentes penales. Las chicas con celulitis, estrías o arrugas prematuras están descartadas. Según Vanesa, en los días buenos puede atender a siete clientes y en los malos el promedio baja a dos o tres. Los grupos de chicas trabajan por turnos de ocho o doce horas, almuerzan allí, porque a esa hora hay mucho movimiento. El precio de un masaje sencillo, que incluye una "plumita" (pajazo con aceite de almendras), es de $25.000. El masaje francés (con la lengua), el ruso (con las tetas frotando solo el pene), el tailandés (con las tetas frotando todo el cuerpo) o el griego (con las nalgas) cuestan $40.000 cada uno. El sexo oral cuesta $65.000 y si quieres una revolcada, que se hace en sofá cama doble, hay que desembolsar $125.000. Mientras sus manos me acarician las pelotas, ella me pregunta si quiero algo más que "plumita".
-Date vuelta, dice.
-Lo que digas, cariño.
Vanesa me unta aceite en el pene y lo masajea muy suave. Le pregunto si puedo acariciarle las tetas y afirma con la cabeza, y lo hago. Por los temas de conversación que elige noto que leyó todo el periódico del día, incluyendo la página de cultura.
-¿Qué clase de tipos vienen?
-Gente de oficinas, algunos extranjeros. También árabes y japoneses, estos nunca dejan propina. Los de oficina aprovechan la hora del almuerzo.
-¿Y hablan mucho?
-Sí, a la mayoría les gusta hablar y hay que estar preparadas para todo.
-¿De qué hablan?
-De sus familias, dice y ríe. Se quejan de sus mujeres, de lo mal que hacen el amor sus mujeres. ¿Estás casado?
-No, pero me casaría contigo.
-Todos dicen lo mismo, replica Vanesa.
Le preguntó por la amiga que la enganchó para Abejitas y su expresión se entristece, pero su mano no afloja.
-Ya no trabaja aquí, tuvo un problema. Oye, ¿no quieres un francés?
-Lo que digas.
Carolina, la amiga de Vanesa, empezó a trabajar en Abejitas porque su marido, un ingeniero ambiental, perdió el empleo y la situación económica le causó una fuerte depresión, al punto de amenazar con el suicidio. Asustada, Carolina empezó a buscar trabajo y una chica que vendía celulares le habló de Abejitas. Al principio la idea le pareció un disparate y hasta se ofendió, pero con el paso de los días vio en aquel oficio la salvación de su matrimonio y se presentó al examen, que pasó con sobrados méritos. A su marido le dijo que había entrado en el negocio de los celulares. La situación mejoró y aunque el marido a veces le hacía preguntas, ella supo mantener la fachada de los celulares. En pocas semanas, Carolina se convirtió en la abejita más solicitada y hasta pudo costearle un curso de especialización al marido. Este le aseguró que con ese curso iba a conseguir trabajo muy pronto y podrían tener, por fin, un hijo.
-Estaba feliz de salir de esto, dice Vanesa pasándome la lengua por el trasero. A ella le daba duro, porque estaba muy enamorada.
-¿Y tú cómo lo llevas?
-Me gusta tener dinero.
-¿Y, entonces, Carolina se retiró?
-Por desgracia, no. Una tarde estábamos aquí y llegó un cliente. Ella y yo estábamos viendo televisión allá atrás (tienen un Panasonic de 24 pulgadas) y solo nos levantamos cuando nos llamaron. Cuando ella lo vio pegó un grito, era su marido. ¿Te imaginas? El muy cabrón no estaba haciendo ningún curso y encima quiso pegarle. Se armó un escándalo y al final los muchachos de seguridad lo sacaron y ella se fue detrás.
-¿Quieres un poquito de griego?
-Por favor.
El masaje griego exige resistencia, sobre todo cuando ella te pide que le untes la crema en las nalgas y luego se sienta en tu pelvis y empieza a girar como un carrusel. Me pareció que aquello era un juego. Estaba con una chica inteligente: "¿La peor película que he visto? Una que se llama El lado oscuro del corazón. Emprendedora: "Quiero juntar dinero y montar un negocio igual a este". Culta: "Amaría a un hombre que se supiera poemas de Neruda". Sincera: "Si tiene dinero le perdono que no conozca a Neruda". Práctica: "Cuando me toca un gordo feo le hago la 'plumita' en un tris". Era difícil sentirse en un burdel, ella me había ofrecido todas las posibilidades, incluyendo un simple masaje de $20.000. La decisión de ir más allá dependía de mí, pero ante un par de duras y redondas nalgas la voluntad tiene poco chance. Tampoco podía ampararme en el alcohol, la lucidez despojaba aquel "negocio" de cualquier brutalidad. Debía acercarme paso a paso, el dinero allí era más una excusa para conocer a una linda chica y hacerla confidente. De hecho, era lo que hacían aquellos ejecutivos que iban a descargar allí el estrés de las primeras horas de trabajo para llegar a la tarde despejados. Más que putas, aquellas chicas eran sicoanalistas, porque a fin de cuentas qué es el sexo si no un profundo masaje, un masaje liberador en lo físico y lo mental. Sin alcohol uno estaba condenado a recordar cada momento vivido, el tono de la voz, las amplias caderas y la profunda curva del vientre. Antes de salir de allí, y ellas lo sabían, el cliente estaba perdidamente enamorado. Quizá por eso algunos tipos venían siempre a buscar la misma chica: ya saben, en la variedad está el placer, pero el amor tiende a ser exclusivo.
Las sesiones en Abejitas duran cuarenta minutos, las chicas no tienen reloj; el tiempo es el que ellas digan. Le pregunto si puedo besarla y abre un poco la boca. La beso, siento que es mía. Es increíble cómo funciona el juego de la seducción, siempre el que se cree cazador resulta ser la presa. Estoy allí para escribir una crónica y, sin embargo, estoy allí como un hombre cualquiera que le gusta una chica cualquiera y debe ganarse cada caricia. La atmósfera, la forma de hablar, la intimidad y hasta el ruido de los obreros afuera rompiendo la calle, le dan un aire distinto del que suelen tener los prostíbulos. Es como una cita a ciegas y ahora estoy enamorado de la abeja reina y ya saben el precio que paga un zángano por estar con su reina. Ella se quita las medias de malla y la tanga, su cuerpo es imponente y lo sabe. Se sienta en el sofá cama, abre las piernas y me llama.
(www.abejita.com Tel: 6162255 Bogotá)

Centro de estética Energy
Cra. 74 #49-101 (por el Estadio)
Tel: 4361131
Medellín
"Tenemos sauna y un hidromasaje delicioso. Te sale por $130.000 la hora".
Precio de un trago: $5.000
De 9 am a 9:30 pm.
Cierran los domingos.

Samsara
Av. 33 #65-09
Tel: 2657123
Medellín
Precio de los servicios: desde $35.000 (por "estimulación oral") hasta $130.000 ("por todo, claro"). No tienen zona húmeda ni servicios especiales.
Precio de un trago: $3.000.
De 10 am a 10 pm.
Domingos hasta las 3 pm.

Abado
Av. 15 #116-59 Apto. 203
Tel: 6376627
Bogotá
Por $20.000 se lleva un masaje manual que "va de suave a fuerte y termina en pluma". Por $30.000, cuatro tipos de masajes con desnudo (la masajista usa los senos y las nalgas). Cinco masajistas para escoger.
Jornada continua de lunes a sábado,
de 10 am a 8 pm.
Domingos de 10:30 am a 6:30 pm.

Manzana
Tr.54 #27-02
Barrio San Isidro
Cartagena
La fachada de esta casa esconde todo un mundo de relajación. Masajes manuales a $40.000. Por $20.000 más, usted accederá a una relación completa y muy íntima y por $140.000, a un trío.
Botella de ron: $80.000. Trago: $8.000.

Supermasajes
Cra.11 #79-35. Piso 2
Tel: 2490953-2174479
Bogotá
"El supermasaje que damos vale $20.000, la niña está desnuda mientras lo hace y termina en una rica estimulación manual".
Cerveza: $5.000
Todos los días de 10 am a 9 pm
Posibilidad de domicilios.

One relax center
Cll 129 Bis #35-06
Tel: 2163568
Bogotá
Disidencia de Abejitas. Quince mujeres.
Media hora: $25.000. La hora: $30.000. Los adicionales y la relación completa
marcan $130.000.
No está bien visto el trago, pero un whisky no se le niega a nadie.
De lunes a lunes. Abren a las 10 am y a las 8 pm está saliendo el último cliente.
Servicio a domicilio.

Golden girls
Avenida Suba #105-40
Tel: 2538014
Bogotá
Una mujer utiliza aceite o talco para masajearlo durante una hora por solo $20.000 hasta llegar a la estimulación manual. El precio de los demás servicios los dictamina la masajista, según su cara y facha.
Un vaso de agua, jugo o gaseosa.
Nada más.
De domingo a domingo, el cierre es
a las 8:30 pm.
Servicio a domicilio.

Relax
Cra. 14 #83-62
Tel: 2183515
Bogotá
Un voz entre perezosa y dulzona lo saca de dudas: "El masaje sensorial manual te cuesta $20.000. También puedes pasar a nuestra sala de video. Lo demás lo arreglas con la niña".
Trago de cortesía.
Lunes a sábado de 10 am a 8 pm.
Domingos de 11 am a 6 pm.
Servicio a domicilio.

Supermasajes
Cra.11 #79-35. Piso 2
Tel: 2490953-2174479
Bogotá
"El supermasaje que damos vale $20.000, la niña está desnuda mientras lo hace y termina en una rica estimulación manual".
Cerveza: $5.000
Todos los días de 10 am a 9 pm
Posibilidad de domicilios.

Spartacus
Cra. 23A #8A-17 Barrio Alameda
Tel: 5570764
Cali
El masaje de roce, amasado y fricción vale $24.000. Servicio de sala de parejas para los que quieran venir acompañados. Las niñas acceden a la estimulación manual solo por solicitud expresa del cliente.
Media de ron: $30.000
Martes: paga un masaje y recibe dos. Miércoles: nudismo. Jueves: sin pareja. Viernes: tríos. Sábados: swingers.

Fantasías internacionales
Cl. 13 #22A-44 Tel: 5142159
Cra. 23 #9E-91 Tel: 5574672
Cali
La especialidad, masaje terapéutico relajante con estimulación manual erótica por hora: $45.000. Media hora: $35.000. Hora de jacuzzi: $60.000. Incluye habitación con baño, televisor con videos pornográficos. Es atendido por mujeres entre los 18 y los 25 años.
Se puede beber: media de aguardiente, $30.000, media de ron, $35.000, botella de whisky, $160.000.
24 horas.

Masajes Rocío
Cl. Benjamín Herrera #24-34
Barrio Bruselas
Cartagena
Multitud de niñas realizan masajes eróticos a los que usted puede acceder si saca de su billetera entre $30.000 y $40.000. Depende de su capacidad de charla. Si se emociona, la relación se arregla por $60.000 y si está desbocado y quiere dos niñas debe pagar $120.000.

Abadía
Cra. 49B #72-161
Tel: 3560052 Cel: (315) 7161495
Barranquilla
El servicio completo con masaje vale $80 mil. Si puja un poco queda en $60 mil. Los servicios son para damas o parejas y se aplican "técnicas orientales". Hacen eventos y despedidas de solteros.
Trago: pida el que quiera que se lo traen (a precio de la licorera de la esquina).
24 horas.
Domicilios: existen, pero debe pagarle el taxi a la masajista.
Revivamos nuestra historia
  • Natalia Chaparro, la profesora de YogaNatalia Chaparro, la profesora de Yoga
  • Yadila GuzmánYadila Guzmán
  • Isabel AlzateIsabel Alzate
  • Johana Rojas, Natalia Botero, Catalina Yepes y Johana MorenoJohana Rojas, Natalia Botero, Catalina Yepes y Johana Moreno
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