Adriana Hurtado, una muestra viviente de que la perfección existe, podría haber hecho cualquier cosa en Colombia. Después de ser elegida virreina en 1997 se convirtió en modelo y al poco tiempo tenía a sus pies a todo el mundo, pero su talante arriesgado la mandó a México, un país donde las mujeres que escogen su carrera si no son cantantes o actrices pasan desapercibidas. Ella no, tanto que vive allá, es un símbolo sexual. Adriana, una mujer que cuando regresa a Cali, a la Feria, los toreros le ofrecen sus faenas, una mujer de 1,79 cm y 27 año s que citamos en una habitación de un hotel de Manhattan con una petición: que posara para nuestros lectores. Resultó ser toda una provocación.

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