Increíble, hubo un tiempo en que esta mujer no tenía cintura. De niña -pero si es una niña, dirán algunos al saber su edad: 22 años- era gordita. ¿Cómo?, ¿con semejante vientre, con la redondez de sus caderas, con esas piernas torneadas? Imposible, pero cierto. De chiquita, Anaía o Anita se apenaba de su figura y no salía de su casa en Medellín. Pero eso fue hasta los 14 años, cuando empezó su carrera como modelo. Ahora, 2004, cada vez que su mánager le organiza una firma de autógrafos se reúnen hasta tres mil personas en centros comerciales. Los hombres, ansiosos, hacen filas por horas con tal de sentirla respirar a su lado por lo menos un segundo. "Es que vengo a que me lo firmes para mi hijo", dicen (Ana Sofía es la imagen oficial de una marca de cuadernos). Se les perdona. Estar cerca de la perfección exige sacrificio y a veces pequeñas mentiras. Lo que es incomprensible es que ella se pasee libre por ahí, además de estar en vallas, desfiles, campañas publicitarias y catálogos, como si no supiera que hace temblar los mismos cimientos del mundo.
Habría que prohibirle otra vez salir de la casa, pero ahora por poner en peligro la salud mental de todos nosotros. Antes de que eso suceda, SoHo les pidió a Jorge Montoya y Luis Fernando Bueno, de Estudios Unidos, y a Pablo Ramírez, los tres fotógrafos de primerísima línea, que nos presentaran a Ana Sofía Henao completa, radiante, de muerte, y como es nuestra bendita costumbre: con muy poca ropa.

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