Carolina es una enferma del fútbol. Ella misma dice que es tan fanática como un niño. Incluso, cuando cumplió los quince no le regalaron una fiesta o un anillo como a las demás niñas, sino un viaje a Nueva York, con boletas incluidas, para ver un partido entre el Manchester United y la Juventus de Turín. Alguna vez Raimundo Angulo le marcó un gol, pero eso, como lo de sus quince, quedó en el pasado.
Cuando le preguntamos, aceptó que nunca había oído hablar de que el gol visitante vale doble, pero sí nos contó que el gol de plata ya no se usa, pues para este Mundial lo dejaron sin validez. Su equipo del alma es el Barcelona (¡Força, Barça!), pues el fútbol de acá no le gusta tanto; piensa que hay buenos jugadores, pero que el nivel es muy bajo comparado con el del fútbol europeo, que es el único que sigue de cerca. Los equipos nacionales solo los ve cuando juegan contra un equipo de otro lado, por patriotismo, claro. Tanto le gusta el fútbol a esta modelo impecable, y con esas piernas tan largas y tan duras, nos imaginamos que jugaría, pero no, solo por molestar, como dice ella. Eso sí, las reglas las tiene clarísimas, las preguntas de fuera de lugar y expulsión por roja directa las respondió perfecto y sin siquiera tener que pensar. En las últimas preguntas, en cambio, no le fue tan bien: el tiro libre sabe qué es, pero no cómo es cuando es indirecto, y le soplaron cuál era la función del cuarto árbitro. A Carolina le encanta ir al estadio, y le hubiera encantado poder ir al Mundial, en el que va por Francia. Cómo nos gustaría encontrarnos a esta mujer de piel morena y labios carnosos gritando ¡gol! Quién quita.

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