La vida de Fernanda está repleta de ironías y de contrastes. Como la buena literatura y como el mismo universo. Estrella de la agencia Megamodels de Miami, imagen de Leonisa, es una mezcla rara entre un gato y un ángel; tiene el gesto de Gatúbela y la sutileza de Michelle Pfeiffer. Y a pesar de que su apellido, en conjugación con su nombre, se preste para infinitas combinaciones lingüísticas, como si se tratase de un lugar común cabalístico, su cuerpo –esa realidad tangible- y sus ojos, no lo permiten. No lo permiten porque Fernanda, sin tener poderes metafísicos ni dones especiales, es la mejor prueba, quizás la única, de que los ángeles sí existen.

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