EL JUEVES 31 DE AGOSTO, A LAS ONCE DE LA NOCHE,  el equipo de producción de SoHo le proporcionó a María  Adelaida Puerta, la protagonista de Sin tetas no hay paraíso,  una pastilla para dormir. Ella, en efecto, se la tomó, y en menos  de media hora ya estaba profunda en la cama del estudio  fotográfico.

Estuvo dormida por casi cuatro horas. Y mientras  dormía, Carlos Duque la retrató en un cuidadoso ejercicio de
asombro fotográfico.  Ponga atención: estas fotos que usted tiene en sus  manos son reales. En ellas no hay ningún tipo de simulación.  Todo esto es un ejercicio de reportería gráfica que, en manos del  maestro Carlos Duque, pertenece a los ámbitos de la poesía.  María Adelaida Puerta, la actriz paisa de 25 años que  interpreta a Catalina en la histórica serie del canal Caracol, es la  antítesis del modelaje. Odia posar y no cree en el maquillaje. 

Por eso, cuando la invitamos a que posara en estas  páginas, la idea tenía que ser lo suficientemente original y sincera  para que aceptara. Lo hizo, y agregó una condición: que las fotos  no tuvieran ningún tipo de retoque digital.  El resultado lo tiene en sus manos. Vale decir que  cuando la sesión empezó, y le pedimos que para la foto de portada  estuviera despierta para que mirara a la cámara, la extrañeza e  incomodidad de estar posando le produjeron angustia y se puso a  llorar. Así está en la carátula. Pero poco tiempo después se calmó.  Y luego se entregó al sueño. 

Inspirado en obras como Me alquilo para soñar, de  García Márquez, o La casa de las bellas durmientes, de Kawabata,  y seguro de que pocas cosas hay más bonitas que una mujer  mientras duerme, el maestro Carlos Duque vulneró el sueño de  María Adelaida y nos la trajo tal como es: envuelta en las poses  naturales de su sueño, desnuda y sin mentiras para que ella quedara
tranquila. Y nosotros, felices.

 
Defensa de lo natural
Por María Adelaida Puerta

Llevo ya mucho tiempo hablando de la serie Sin tetas no hay paraíso, del caso de las jovencitas que dejan los estudios por conseguir dinero fácil y, la verdad, es que no me canso: la gente olvida fácil y dentro de poco va a estar hablando de otra cosa y por eso quiero seguir haciéndolo, porque sé que en este momento voy a ser escuchada.

Lo que yo quiero es reivindicar la belleza de la mujer tal cual es, no importa lo que tenga o deje de tener. No tiene sentido ser clones, todas iguales, con las mismas tetas, las mismas curvas, el mismo pelo, los mismos cuerpos perfectos. Lo bonito es apreciar la diversidad, gordas, flacas, con mucho, poquito, sin nada. La autoestima no está en el bisturí. No está en las páginas de una revista, como si fuéramos mercancía para los ojos de los hombres, como si fuéramos mujeres de raspar y pegar. Las mujeres estamos hechas para algo más que subir las ventas en las editoriales o disparar el rating de un canal. Solo los hombres inteligentes pueden ver otras cosas, la sencillez de una sonrisa, el viento rozando un mechón, tantas cosas cotidianas llenas de belleza.

El cuerpo es un libro, es historia, son marcas; cada marca, cada cicatriz quiere decir que hemos vivido. ¿Por qué borrarlas con un bisturí? Es como hacerle un atentado al cuerpo. Yo me respeto y lo respeto. Una vez me dolió que me sacaran un lunar que tenía en el brazo. No era la cosa más hermosa de la vida, pero era mío, por eso era valioso. 

Siempre he sido flaca y no es fácil subirme de peso. Soy de Medellín y durante mi juventud muchas de mis amigas se operaban. Yo, en cambio, no quería cambiarme nada. Siempre me decían que estaba muy delgada, que hiciera algo. A mí en esa época  me acomplejaba mostrar mis piernas y brazos por mi delgadez, sentía que debía esconder todo ya que yo no cumplía con la estética de moda. Es curioso, pero por entonces andaba con ropa ancha y trataba de cubrirme el cuerpo, pero cuando llegué a vivir a Bogotá, cambió la percepción que tenía de mí, asumí mi cuerpo, le encontré su encanto y empecé a disfrutarlo. Me preguntaba: y apenas se acabe la belleza física, ¿qué queda? Lo único que queda es la vida misma, lo que se ha hecho con ella, los recuerdos bonitos de las cosas sencillas, las palabras, los paisajes vistos, los caminos recorridos, las risas, las personas. Me di cuenta de que la belleza va más allá de cualquier atributo físico, la belleza está en lo que irradias, en tu brillo, en la confianza con que te mueves por la vida.

Lo que digo ahora siempre lo he pensado, solo que con el papel en Sin tetas no hay paraíso lo he reafirmado y, además, tengo la posibilidad de que muchos me oigan. Catalina busca ansiosamente un par de tetas, eso es lo único que necesita para poder conseguir dinero "fácil"; se le convierte en una obsesión hasta el punto que deja de estudiar y está dispuesta a hacer lo que sea con tal de lograrlo, sin saber que al final va a tener que pagar un precio emocional muy alto. Porque la plata "fácil" se paga cara.

Como actriz tengo una responsabilidad muy grande con la gente que me ve. Cada noche entro a millones de hogares en el país casi sin pedir permiso, y me parece muy importante que la gente entienda lo que quiero decir con mis personajes.

Por eso acepté la propuesta de SoHo. Al comienzo no me sonó la idea, no quería ser una más que se destapa en SoHo y, además, su estética no tiene nada que ver con lo que estoy diciendo ahora. Yo quiero reivindicar el cuerpo de la mujer, sin artificios, sin poses, sin buscar impresionar, por eso la idea de hacer unas fotos durmiendo me convenció. No finjo dormir, estoy realmente dormida, sin pretensiones de nada, abandonada en mi profundo sueño. ¿Qué cosa en el mundo puede ser más natural, más hermosa, que una mujer dormida?

No hay nada como la belleza de una verdadera mujer, una común y corriente, que en este país somos muchas. No sé si lo logre, pero al menos lo estoy intentando.

Creo que es hora de despertar..

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