Para el momento en que usted esté leyendo esta revista, Natalia ya va a estar en Buenos Aires estudiando actuación porque después de Juegos prohibidos la cosa le quedó sonando, y ella no es de las que creen que con tener una cara bonita y un buen cuerpo ya es suficiente. Claro, para tenernos así embobados Natalia tiene todo lo que necesita: intensos ojos negros y cuerpo de diosa.

A esta comunicadora social le parece divertido el modelaje, pero se queda toda la vida con el periodismo. Por eso le gustó ser VJ de Mucha Música; combinaba la música con el periodismo (pues lo de repetir diálogos como una lora al frente de la cámara tampoco le suena). A Natalia en verdad lo que le apasiona es la música, sobre todo el rock de los Rolling Stones y el son cubano; salsa pero de la clásica, la de Richie Ray y Bobby Cruz, y la electrónica, mejor dicho, de todo (menos la norteña y el reggaetón, que es solo para bailar). Su sueño frustrado es ser cantante pero no tiene la voz, aún así todavía se le pasa por la cabeza la idea de tomar clases de batería o de bajo.

Vivió un año en Australia y allá aprendió a surfear y se enamoró de Melbourne. Dice que es la ciudad perfecta porque tiene estaciones y queda junto al mar, la movida cultural es impresionante con exposiciones, conciertos y museos, y la arquitectura es espectacular. Piensa que la cosa más horrible del mundo es el tomate fresco y todavía vive con sus papás pues esta cachaca tiene apenas 23 años. Se ha hecho una sola operación, ya que solo había una cosa de su cuerpo que no le gustaba: sus ojos. Tenía miopía y astigmatismo y no le gustaban las gafas. Estamos de acuerdo, así está perfecta.

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