¿Cuándo fue la última vez que estuve enamorada? Esa es una respuesta muy sencilla de contestar y fácil de escribir: todavía estoy enamorada de Juarroz. La última vez que hice el amor fue anoche, y fue durante un sueño: soñé que era la última vez que iba a hacer el amor y rápidamente se convirtió en la pesadilla más grande del mundo. No puedo hablar de la última vez que leí un libro, porque ahora mismo estoy leyendo uno acerca de Alejandro Magno. Bueno, lo estoy comenzando a leer gracias a que mi mejor amigo lo había leído. Cada vez que hablábamos me contaba anécdotas que le pasaban a Alejandro Magno, hasta que de tanto oír hablar de él me dio curiosidad por saber exactamente quién había sido. En ese sentido, creo que tengo un problema. No sé si sea un defecto o una virtud, pero cuando oigo los nombres de los libros que están leyendo las otras personas, así sean desconocidas, no lo puedo evitar y acudo a ellos. Así me pasó con Seda, de Baricco, que es una historia de amor lindísima. La última vez que lloré… No puedo decir exactamente cuándo fue, pero sí puedo hablar de la penúltima que fue hace un mes. ¿Por qué? Me tocó enfrentar mis sentimientos ante una realidad: el comienzo definitivo de una nueva etapa en mi vida. La última vez que me tomé unos buenos tragos fue el 31 de diciembre pasado, y hasta el momento no lo he vuelto hacer. Estaba en Cartagena con un grupo de amigos y tomé Red bull con vodka. Exquisito. El vodka es el trago que más me gusta. ¿La última vez que recé?… Rezo todos los días. Rezo para agradecer, para contar, para transmitir. Lo hago minuto a minuto. Tengo una comunicación superlinda con el de arriba. Somos superpartners. La última vez que sentí vergüenza creo que fue cuando tenía 13 años, ó 14, no estoy muy segura. Fue en una confesión. Recuerdo que fui a la iglesia a confesarme —desde entonces no lo he hecho— y por algún error entré al confesionario cuando todavía estaba una señora hablando con el padre. Yo no me di cuenta. Había tres filas y supuse que ya era mi turno. Pero bueno, el caso es que entré y la gente de toda la iglesia creyó que me había metido para oírle los pecados a esa señora. Me dio mucha pena. De todos modos, la palabra ‘vergüenza’ siempre ha sido muy fuerte para mí. La última vez que hice una obra buena fue el 31 de diciembre del 2001. Yo estaba en la Ciudad Vieja de Cartagena, celebrando la llegada del año nuevo, cuando bajé del edificio donde me encontraba y vi a una familia durmiendo en un colchón. Me dio durísimo. Le dije al amigo que me acompañaba: Mira cómo es la vida, cómo están celebrando ellos el 31, su 31. Entonces, sin pensarlo, saqué plata y se la metí debajo de la almohada sobre la que dormían sin despertarlos, para que al otro día comenzaran un año al menos un poco diferente. ¿Por qué las vidas pueden ser tan diferentes? La última vez que compré algo de más de un millón de pesos fue recientemente: un pasaje a España porque me voy a estudiar Actuación este año.

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