1 Su rostro resplandece como un pedazo de roca bajo el sol implacable del Lido. Lo siguen una bella y minúscula italiana que es su intérprete y dos tipos muy serios, muy anchos, muy en su rol de duros. Es pequeño y macizo, la panza se esconde bajo la camisa blanca y sus ojos no revelan sentimiento alguno mientras agradece, con una inclinación de cabeza, los aplausos. Martina, que trabaja para un semanario romano y es la artífice de aquella entrevista, me empuja para que lo sigamos hasta el Ufficio Stampa donde lo espera otro periodista, un alemán flaco con cara de haber dormido pésimo durante los últimos veinte años. El encargado del Ufficio Stampa le ofrece a Kitano una silla cerca a la ventana pero éste elige otra en el rincón más oscuro. Martina pregunta en inglés a la intérprete si podemos empezar y ella habla en voz baja con Kitano y nos comunica que sólo podemos hacer tres preguntas por cabeza y que atenderá a cada uno por aparte. Martina y yo nos ponemos de acuerdo para no repetir preguntas y luego ella intenta con el alemán que se muestra huraño y evasivo y Martina le dice, en romanesco, que se vaya a la mierda aunque, si juzgamos por su aspecto, ya parece estar ahí. Kitano golpea la mesa con la punta de los dedos y clava su mirada de acero en Martina. El alemán, que huele como si no se hubiera bañado en los últimos veinte años, nos pide el primer turno, que se consume en cinco minutos, Martina aguanta siete y yo tres. Nos despedimos de él y su intérprete con un estrechón de manos, la mano de la intérprete es larga y delgada, la de Kitano pequeña, cuadrada y áspera. Afuera del Uficcio Stampa encontramos al alemán y Martina consigue que comparta sus respuestas. Me siento un poco idiota por no haber podido ir más lejos hacia el interior de aquel hijoputa. El alemán se despide y voy con Martina a la terraza del Excelsior, ella dice que las preguntas más estúpidas las hizo el alemán pero no estoy tan seguro.

Efraim: ¿Cuál es la cuarta cosa que más odia?
Kitano: ¿Quién le dijo que odiaba algo?
Efraim: Siempre se odia algo.
Kitano: Si usted lo dice.
Efraim: ¿Reconoce la influencia de algún director en su trabajo?
Kitano: No tengo influencias de director alguno. Quizá la tenga de la Yakuza porque de niño me quedaba escuchando cómo hablaban los mafiosos de mi barrio.
Efraim: ¿Qué se siente comerse un gato vivo?
Kitano: No lo sé. ¿Usted se ha comido alguno?
Efraim: No, pero usted tiene la expresión de alguien que acaba de hacerlo.
Kitano observa a la intérprete y ella me dice que acabó mi tiempo.

En el Excelsior vemos otra vez a Kitano con la intérprete y gente de su película y me pregunto por qué no nos dio más tiempo y caigo en cuenta que se trata de eso, del tiempo suspendido y el silencio roto por vagas y ociosas preguntas. La intérprete le habla pero él no parece interesado, sólo asiente y observa el mar. Sabe que es un mito y sabe que los mitos deben hablar poco.

Alemán: ¿Es Zatoichi su película más violenta?
Kitano: En cierto modo puede ser más violenta que Hana-Bi (con la que ganó el León de Oro en 1997) y que Brother, hay más sangre sin duda. Pero se trata de una violencia coreográfica, de una estética de la violencia. En cambio, la verdadera violencia, y me refiero a la que se puede expresar en el cine, debe contener algo de poesía.
Alemán: Algunos de sus personajes se entusiasman con la idea de morir, ¿cuál es la razón?
Kitano: Se desea lo prohibido. Cuando era niño mi madre me pedía no ensuciar la ropa y nada me hacía más ilusión que revolcarme y volver a casa hecho un desastre. Igual sucede con las drogas, y la muerte a veces puede ser una droga.
Alemán: El personaje central de Zatoichi es un samurai ciego, ¿tiene algún significado especial?
Kitano: Si se refiere a nostalgia o algo por el estilo está equivocado. Nunca he tenido nostalgia de los samurais. En mis anteriores películas había usado armas de fuego que terminan convirtiendo las escenas en rutinas acrobáticas. La espada de un samurai mata sin destrozar del todo porque sabe golpear en la parte justa para hacer que el enemigo se desangre. Por eso hay tanta sangre en Zatoichi.
2 Takeshi Kitano nació el 18 de enero de 1947 en un barrio marginal de Tokio. En más de una ocasión ha dicho que en Adachi-ward (su barrio) los habitantes o eran artesanos o pertenecían a la Yakuza. Su padre no era precisamente un artesano y su madre trabajaba como sirvienta de gente rica. En 1965, Kitano entra a la universidad de Tokio para estudiar ingeniería. Aquellos años fueron de gran agitación estudiantil en buena parte del mundo y Kitano se convirtió en un activista: "No tenía ninguna conciencia política pero me divertía hacer escándalo". En el tercer año de estudios se retira de la universidad y empieza a trabajar como taxista y luego como ayudante de aseo en un cabaret de donde lo echan por quedarse demasiado tiempo viendo los espectáculos: "Me encantaba ver a las chicas desnudarse, eran muy profesionales. Los comediantes también sabían hacer su trabajo". De ese cabaret pasa a otro llamado France-za y una noche, mientras pule las mesas, un cómico le pide ayuda para su acto. La idea del cómico era que Kitano pasara por la tarima sin decir palabra y luego desapareciera. Kitano aceptó encantado pero una vez estuvo en el escenario cambió el libreto: "Me sentí muy extraño estando arriba bajo esa luz y decidí que no regresaría a la oscuridad sin intentar algo, así que empecé a hablarle al público, a insultar al cómico, a darme contra el piso y las paredes. La gente no paraba de reír y el cómico me sacó a rastras para poder seguir con su actuación". Aquel pequeño y repentino éxito lo llevan a estudiar danza, mímica y tip-tap. Entre clase y clase va teniendo nuevas oportunidades en el cabaret: "En aquellos días estaba entrando en Japón, sobre todo en locales de Tokio y Osaka, un nuevo estilo de comedia de carácter más joven e irreverente y yo, de inmediato, abracé este estilo". En 1973, el famoso cómico Kiyoshi Kaneko (conocido por el nombre Beat Kiyoshi) le pide a Kitano entrar en su espectáculo y de esa forma nace The Two Beats, un dúo cómico delirante que usa un lenguaje fuerte y cuyas presentaciones rayan la censura. El éxito los lleva a la televisión y luego en los ochenta son invitados habituales del popular show televisivo Waratteru baai desu yo. A mediados de 1983 The Two Beats, en pleno auge de su
fama, deciden separarse.

3 Martina: ¿Seguirá usando espadas en sus próximas películas?
Kitano: No lo sé, cada película exige sus propios elementos. Las pistolas fueron traídas a Japón por los portugueses en el siglo XVI, pero a mediados del siglo XIX era muy raro encontrar alguien que las usara. La Yakuza combatía siempre con la espada y aunque algún samurai rico tuviera pistola no la usaba por honor. En la película aparece una pistola en las manos del samurai rico y maligno cuando se ve perdido pero igual no consigue salvarse.
Martina: ¿Y la escena final donde se baila tip-tap de dónde la sacó?
Kitano: Me apasioné desde joven por el tip-tap, he aprendido a bailarlo copiando el estilo de Gene Kelly pero después lo encontraba muy repetitivo. Cuando pude ver bailar a Gregory Hines se convirtió en mi ídolo de inmediato; la escena a la que usted alude está inspirada en él aunque la música está contaminada de ritmos japoneses. Se trata de un baile con el cual los campesinos festejan el fin de la prepotencia de los malignos.
Martina: Es una lástima que Zatoichi (interpretado por Kitano) no participe del baile.
Kitano: Como mi personaje es más o menos un mercenario no podía festejar nada. Los mercenarios pelean por algo en lo que no creen y la alegría de la victoria no les pertenece. Zatoichi
tiene honor y sentido de la justicia pero no pasiones y sin pasiones es aburrido bailar.

Pero no todos los críticos están felices con Zatoichi. Para algunos, el samurai ciego y vengador de cabello rubio (que se hizo famoso por una serie de televisión japonesa) marca la búsqueda de Kitano por películas que lo acerquen más al gran público. Tullio Kezich (Corriere della sera) opinó que co-mo director de culto cuyo nombre en los créditos
iniciales despierta aplausos, Takeshi ha pasado de artista a empresario y que Zatoichi es una especie de Akira Kurosawa
reducido a cómic.

4 Estoy leyendo una revista italiana que recoge y resume diversas entrevistas hechas a Kitano. Un periodista llamado Andrea Colluci que lo entrevistó en Roma le hizo la pregunta que a mí me habría gustado hacerle pero me faltó tiempo e ingenio:

Colluci: ¿Cómo se explica que sus películas repletas de claves de su cultura y muchas veces herméticas funcionen en lugares tan distintos como Egipto o Sudamérica?
Kitano: La cultura, más que símbolos e interpretaciones de esos símbolos, más que fechas históricas, costumbres, razas, idiomas o dioses, está en la desolación del hombre frente a un mundo que no comprende y que le resulta inasible e intolerable. La base de todas las culturas es única y no importa cuántas vallas publicitarias traten de convencernos de comer hamburguesas. La desolación y los sentimientos que de allí devienen son los puentes mejor construidos que hay entre todos los seres humanos.

5 Los que hayan visto Furyo, la inquietante película de Nagasy Oshima protagonizada, entre otros, por David Bowie, no habrán olvidado al Sargento O'Hara (el sádico torturador japonés que se ensaña con un grupo de prisioneros ingleses de la Segunda Guerra Mundial) interpretado de forma magistral por Kitano. Es este personaje quien fija las características tragicómicas que son su sello inconfundible. Pero es Violent cop en 1989 quien lo hace conocer como director de valía en su país (hasta ese momento lo consideraba más un cómico de televisión). En 1994, Kitano sufre un grave accidente de motocicleta en el centro de Tokio que le produce una parálisis facial de la que jamás se recupera del todo. Es durante esa larga convalecencia que empieza a pintar (en Japón se han hecho varias exposiciones de su obra con buena crítica). El regreso al cine lo hace en 1996 con Kids return que recibe excelentes críticas y un gran éxito de taquilla en su país. Luego viene la laureada Hana-Bi, que recibe buenos comentarios y una aceptable acogida de público en Estados Unidos. En la actualidad Kitano es uno de los íconos más respetados en Japón, incluso fue elegido durante cinco años consecutivos (1990-1995) como el personaje de televisión más querido por los japoneses, muchos de los cuales lo querían tener como primer ministro. Durante la rueda de prensa que concedió en Venecia, luego de ser premiado como el mejor director por Zatoichi, una periodista norteamericana se enfadó porque se negaba a responderle en inglés (él prefiere hacerlo en japonés). La respuesta de Kitano fue que estando en Venecia, si fuera a hablar en un idioma distinto al suyo, lo correcto sería hacerlo en italiano pero que desconocía esa lengua. La periodista arremetió diciendo que el inglés era el idioma más hablado en el mundo y por ende era casi una obligación usarlo en eventos como aquel. Kitano, sin cambiar de expresión, la ilustró sobre los idiomas más hablados en el mundo donde el inglés quedaba relegado a un modesto cuarto lugar, lo que hizo salir enfurecida de la sala a la periodista. El silencio que siguió a esta escena fue aprovechado por una rubia bajita y risueña para lanzar su inquietud:

Rubia: Señor Kitano, ¿ríe usted alguna vez?
La intérprete le habló casi al oído, el rostro de Kitano permaneció impasible y en un perfecto inglés respondió:
Kitano: Créame, señora, que no he parado de reír en toda la tarde.

Las últimas 3 de kitano
Brother (2000)
Dolls (2002)
Zatoichi (2003)

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