Esa sonrisa que creías amorosa resultó ser otra cosa. Cuando te dijeron: "Muy interesante, vamos a pensarlo", resultó ser un frase de cajón. Te pusiste ropa fresca en la mañana porque había sol, poco antes del aguacero. Se despidieron de ti tan amablemente que pensaste que no iba a haber problema con el préstamo; cuántas veces aquel "sí" que te dijeron resultó ser un "no", rotundo y descarnado, o viceversa, aquel "no, no te preocupes" resultó ser el motivo de tu gran preocupación. Recuerda las veces que, frente a un muerto en su ataúd, te contaron que ese día se había levantado contento, tranquilo, lleno de ímpetu, y sin embargo, "míralo cómo quedó", con el mismo semblante con el que se había levantado, pero muerto. Haz memoria de las tantas veces que te despertaste así, después de un buen sueño, con la certeza de que ése iba a ser tu día porque todo pintaba bien. Te arreglaste y saliste a la calle y no las viste, no las sentiste, no las pudiste percibir aunque ellas no dejaron de perseguirte un solo segundo. Eran las señales falsas.

Te montas a un avión, un poco inquieto, pero luego quedas tranquilo porque el piloto te saluda con amabilidad; sin embargo, ignoras que la noche anterior peleó con su mujer y, despechado, se fue de copas, de muchas copas y apenas ha dormido. Atiendes presuroso el llamado: "Tenemos que hablar con usted, es muy importante", y en el trayecto vas pensando en los elogios y en las felicitaciones pues tienes la seguridad de que lo que hiciste quedó bien hecho; llegas, no cabes en ti mismo, y muy lentamente descubres que te buscaban para todo lo contrario, te llenan de recriminaciones, cuestionan lo que hiciste y sales con la cola entre la patas, vuelto todo un animal. La joven vio que de la floristería entraban con un arreglo de rosas a su edificio y sintió, por un instante, que su corazón latió con fuerza; pero no vio lo que casi nadie ve: las señales falsas, y por eso sintió también que su corazón se detuvo cuando el florista preguntó un nombre que no era el de ella.

El horóscopo te anuncia que algo grande te va a pasar, que tal vez no estés preparado para tanta grandeza pero que te prepares porque ya llega; entonces, piensas en un premio, en tus apuestas, en el amor no correspondido, en el proyecto al que solo le falta el visto bueno, en fin, en todo lo que deseas; y pasa la semana, el mes, lees de nuevo el horóscopo, la carta astral, recuerdas las palabras del que adivina, pero pasa el tiempo y no entiendes, nadie te habló de ellas, de que las emite la vida con la apariencia de ilusiones, de razones para seguir adelante, disfrazadas de optimismo, nadie te habló de las señales falsas.

Pueden tomar cualquier forma como si fueran sofisticados extraterrestres, están más a tu lado que Dios y que tu ángel de la guarda, acechan con mayor intensidad que cualquier virus, tan comunes como una gripa, usan como escudo a tus seres más queridos para que no sospeches de ellas, están en ti mismo, en tus genes, y su único propósito es joderte la vida, hacerte creer en la buena suerte, contrariarte, volverte un incrédulo, pero todo lo hacen cuidándose de que no las reconozcas, se esconden en las casualidades, siempre aparecerán de nuevo para engañarte sin que las distingas: otra vez en una sonrisa, en un rumor, en un presentimiento, en una intuición que termina siendo el peor de tus recuerdos.

Cuidado, desconfía, aunque no las veas aprende que no te desamparan; a veces es mejor no esperar nada, dudar, porque en el caso de que sí resulte, de que las falsas señales se despisten, te llegará sin esperar lo que tantos ansían: las buenas sorpresas de la vida.

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