En 1909, apenas seis años después de que los hermanos Wright hicieran realidad su sueño de volar, nació en la pequeña ciudad francesa de Reims la primera carrera aérea del mundo. Osados pilotos, contratados por magnates de la industria aeronáutica y por la realeza, maniobraban -a full potencia- robustos biplanos en lo que podría compararse con una especie de rally por las nubes. La carrera aérea de Reims iniciaba en Francia y terminaba una semana después en Inglaterra. El ganador del Reims Air Race o del Trofeo Gordon Benett, como también era conocida la carrera, no solo recibía una sorprendente suma de dinero sino que además era designado con el título de héroe nacional. Luego vinieron las guerras mundiales y, con ellas, la prioridad de matar por sobre la de competir en el aire. Luego de la Segunda Guerra se hicieron esfuerzos por revivir las exhibiciones y rallies aéreos, pero en muchos países se prohibieron por su alta peligrosidad.
Hace tres años se le ocurrió al húngaro Peter Besenyei, dos veces ganador del Campeonato Mundial de Acrobacias en vuelo, revivir las competencias de aviones promocionando el primer Gran Premio Aéreo al mejor estilo de la Fórmula 1. Peter reunió a los mejores pilotos del deporte, formó escuderías, redactó un estricto manual de seguridad y trazó nueve circuitos internacionales que dieron origen a lo que hoy se conoce como el Red Bull Air Race. La idea parece sencilla. Cada piloto recorre un trazado demarcado por obstáculos inflables y el que lo finaliza en el menor tiempo, gana. Hasta aquí nada extraño, pero cuando se tiene en cuenta que los aviones deben realizar maniobras tipo slalom a no más de veinte metros de altura y que cada aparato alcanza una velocidad promedio de 300 kilómetros por hora (aproximadamente 100 km/h por encima de la F1), la cosa es a otro precio. Para realizar un recorrido digno de clasificar al podio, los pilotos deben anotar puntos cruzando cada una de las "puertas" que trazan un circuito que, por lo general, es de 6.000 metros. Teniendo en cuenta que se trata de una carrera contrarreloj, los pilotos sobrevuelan el circuito como endemoniados, realizando maniobras acrobáticas de hasta 8 gravedades (el cuerpo de una persona común y silvestre soporta 4 gravedades antes de perder el conocimiento) y sobrepasando los 420 km/h. Solo nueve pilotos en todo el mundo se le miden a esta locura, que arranca con su tercer calendario este 8 de abril en Abu Dhabi (Emiratos Árabes). A la carrera asistirán un millón de espectadores y aunque nos quede de para arriba viajar hasta Oriente Medio para verla, hay posibilidades de seguir todo el año de competencia a través de la página en internet: www.redbullairrace.com.

Las máquinas

Zivko Edge 540
Largo: 6,30 m
Envergadura: 7,43 m
Peso: 530 kg
Potencia: 344 PS
Vel. máxima: 426 km/h

Extra 300L
Largo: 6,90 m
Envergadura: 8,00 m
Peso: 667 kg
Potencia: 300 PS
Vel. máxima: 400 km/h

Sukhoi 29
Largo: 7,31 m
Envergadura: 8,23 m
Peso: 748 kg
Potencia: 400 PS
Vel. máxima: 440 km/h

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