Mi oso se transmitió en directo a toda España y desconozco a cuántos países del mundo. En todo caso, más allá del ridículo que hice, la confusión de la meta me costó no ganar una etapa de la Vuelta a España. Era la etapa trece de la vuelta ibérica del 2005 con llegada al Santuario de la Bien Aparecida. Yo corría para Davitamon-Lotto y siempre estaba contemplada la posibilidad de colarme en una fuga para pelear por una victoria.

La llegada al Santuario de la Bien Aparecida era dura, con varios premios de montaña, y había que estar muy concentrado, cosa que al final no hice. Inicialmente me involucré en una fuga de 25 corredores. Luego nos escapamos de este lote tres pedalistas, pero en el último ascenso nos cazaron. De inmediato lancé otro ataque y en esta misión me acompañó Óscar Pereiro y Samuel Sánchez, que no tenía la misma fuerza y se quedó en el tercer puesto flotando entre Pereiro y yo, y el lote perseguidor. Según mis cálculos y también los de Pereiro que me acompañó en este oso, quedaban 200 metros para la meta. En medio del sudor, el calor y el cansancio, vimos en el piso una rayas blancas que indicaban que el fin de la etapa estaba cerca. Pereiro tomó la iniciativa e inició el sprint, yo me le pegué a la rueda y contraataqué, lo pasé y crucé de primero, levanté los brazos con emoción, estaba muy alegre y de reojo pude ver el gesto de desconsuelo de Óscar Pereiro por perder la etapa. Cuando me iba a bajar de la bicicleta me sorprendió que nadie viniera a felicitarme, Pereiro también había frenado y nos miramos sorprendidos. Luego, Samuel Sánchez que venía atrás de nosotros, nos pasó de largo mirándonos sin creer lo que estaba pasando. La meta estaba unos metros más adelante y lo que yo había ganado era un premio de montaña. Mientras que Sánchez levantaba los brazos casi con risa, Pereiro de nuevo empezó a pedalear y yo, con rabia y pena lo seguí. Samuel Sánchez fue el ganador, Pereiro fue segundo a cuatro segundos y yo quedé tercero a ocho segundos.

Me bajé de la bicicleta y me entrevistó la televisión española, yo casi ni hablé. Cuando llegué al lugar donde estaba mi técnico y mis compañeros de equipo no me dijeron nada, todo fue muy profesional y hubo apoyo moral. Al siguiente día, dentro del lote me convertí en el personaje más popular por este oso que no olvidaré.

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