Mi primera moto la tuve a los cinco años. Era una Honda 50 que me regaló mi tío cuando el circo estaba de gira por Montevideo, Uruguay. Estábamos en un estadio y al lado había un parqueadero inmenso, ahí aprendí a manejarla.

Apenas supe cómo controlar la moto, comencé a ensayar en el globo de la muerte. Al comienzo era yo solo. Luego entraba con mi papá, después se nos unió mi hermana. Ocasionalmente se nos han unido primos, sobrinos y otros invitados. A los seis años fue mi debut oficial en una función y para la ocasión un periódico me hizo una nota por ser la persona más pequeña del mundo que hacía ese acto. Desde que empecé nunca dejé de hacerlo y hoy ya son 22 años de actividad ininterrumpida.

Una vez estábamos en Venezuela, y unos primos pasaban vacaciones con nosotros. Ahí decidimos intentar hacer el globo de la muerte con cuatro motocicletas. El acto clásico era con tres ya que por el tamaño de la esfera, cinco metros de diámetro, era el número perfecto, pero quisimos intentar con uno más y terminó funcionando. Ahora somos siempre cuatro y la gente se enloquece cuando nos ve.

Hoy uso una Yamaha 175 y hago unas quince funciones semanales. Nunca me ha pasado nada grave, por fortuna, apenas caídas pendejas de las que uno se levanta, se limpia y sigue como si nada. Mis compañeros, en cambio, no han tenido tanta suerte. Uno ha sufrido fractura de tibia y peroné, mientras que otro sufrió fractura de hombro en un ensayo.

Este oficio no es complicado y una vez se aprende nunca se olvida. La clave es estar pendiente de uno mismo, de la moto y de los demás. La máquina tiene que estar bien en todo aspecto y es de gran importancia mantener la calma en caso de que algo falle en plena presentación —que ha pasado—, saber lidiar sobre la marcha con una llanta pinchada o un problema mecánico. En el punto máximo se va a 60 km/h y hay que saber bien cuándo se desacelera y cuándo se frena, esto es clave para evitar accidentes.

Dentro del globo de la muerte se siente el grito del público, más allá de que la música está muy fuerte durante las presentaciones. Hay un momento en que las cuatro motos están en posición horizontal y comenzamos a hacer zigzag entre todos. Ahí se siente la emoción de todos los que empiezan a gritar, pero la coreografía más difícil es una donde vamos los cuatro persiguiéndonos de forma totalmente vertical —lo que se llama looping—. Es difícil en realidad. Cuando estoy dentro de globo de la muerte no siento miedo, pero cuando me ha tocado ver el acto desde afuera me sudan las manos de los nervios.

Yo no tengo moto, me parece peligroso andar en moto en la calle, me siento muy indefenso. En el circo yo conozco bien qué hay que hacer y cómo hacerlo, pero en la calle es a otro precio. A mí me encanta la velocidad, pero no para andar por ahí. Alguna vez quise comprarme una moto, pero decidí que mejor no. Lo que sí me gustaría es tener un hijo al que le dé por lo mismo. El circo se hereda de generación en generación y esto del globo de la muerte me lo enseñó mi papá. ¿Qué más bonito que sea yo quien le enseñe a mi propio hijo? ?

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