Hay dos cosas que la gente no se espera cuando me presento como la Cuca Ahumada. La primera, que me encanta mi apodo. Me parece bonito. La segunda, que fue mi propia mamá la que me puso así. Desde antes de nacida me llamaba la Cuca y no María Constanza. Mi mamá decía: "Compremos este vestidito para la Cuca. ¿qué tal esta cuna para la Cuca?".
Claro que en esa época que a uno lo llamaran Cuca no tenía la connotación que tiene hoy en día. Cuando mi mamá decidió llamarme Cuca, ella estaba pensando en "¡cómo estás de cuca!". de linda, de cute. En el colegio me salvé, porque mi nombre se asociaba con una deliciosa y simpática galletita que se vendía en aquel entonces.
Soy esteticista y lo peor que me ha pasado debido a la Cuca Ahumada fue una vez que llamé a una paciente nueva. Muy cordialmente pregunté por ella.
-¿Sí, ya se la paso, de parte de quién?
-De la Cuca Ahumada.
Silencio total.
-¡Vieja grosera!
Y me tiraron el teléfono. Pero hasta esta anécdota es chistosa en retrospectiva. Me va muy bien siendo la Cuca Ahumada cuando hablo por teléfono. Es que, eso sí, imagínate que te dejen un papelito que diga, "llamó la Cuca Ahumada, que por favor le devuelvas la llamada". ¡La gente siempre me contesta, así sea por pura curiosidad!
Hay personas que ni se saben mi verdadero nombre. Me presento como la Cuca Ahumada, todos los amigos de mi hijo me dicen la Cuca Ahumada, para el mundo soy la Cuca Ahumada. El único que se niega a llamarme así es mi marido. Tal vez tenga que ver con que el apellido de él es Espinosa. Me imagino que es jartísimo imaginarse a la Cuca Ahumada (de) Espinosa. Hasta lo entiendo. Él me dice María y ya. Mi papá también insistió en que me hiciera llamar María Constanza. Pero no, no puedo, la verdad es que si alguien me dice María Constanza, siento que esa persona está brava conmigo.
Si tuviera una hija no le pondría la Cuca Ahumada. Soy egoísta, yo quiero ser la Cuca Ahumada sola.
Valga mencionar que sí hubo una vez que me ofendí un poco. Me llamó un señor con ganas de subrayar lo obvio:
-¿Con quién?
-Con la Cuca Ahumada.
-¿Ah sí, no me digas, y cómo la tienes?
La pregunta sobra, mi nombre produce risas en todos lados, no hay necesidad de explicaciones.
Ahora que mi nombre está expuesto, quiero aprovechar para agradecerle. Gracias a la Cuca Ahumada soy una persona más jovial, más divertida, alguien que vive feliz. Me identifico plenamente con la Cuca Ahumada. Es la machera pues es capaz de generar buen humor en una reunión tensa y le ha sacado una sonrisita al más cascarrabias.
Cuando la gente se pasa, se pone pesada con los chistes, hay que acordarse que entre más cara de puño uno ponga, más lo molestan. Por eso, a mis 55 años, no cambio a la Cuca Ahumada por nada. Ni siquiera por la Cuca Silva, a quien conozco y quien fue secretaria de Antanas Mockus, pero ese es otro cuento.

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