Cuando la abuela nos contó que nuestro apellido venía de Buenos Aires, dijimos: "Mirá, ve, ahora resultamos argentinos". Pero no... venía de Buenos Aires, Cauca, y no de por allá. También dicen que el apellido llegó al Cauca de Rusia, pero, la verdad, ni idea de dónde provendrá el Popó. 

En nuestra familia, el primer Popó fue José Faustino Popó, luego vino mi abuela María Ambrosina Popó, después mi mamá María Ersilia Popó y, ahí sí, yo: Rosa Popó. El apellido no se rompe, se resiste a desaparecer. Mi mamá heredó el apellido gracias a que su papá no la reconoció. A mí me pasó lo mismo, e igual con mis hijos Otoniel, Nelly, Alexánder y Diego: el papá tampoco quiso darles el apellido. Ellos me dieron varios nietos y hasta ahí va el árbol genealógico de la familia Popó.
Mis nietos me decían que los molestaban mucho en el colegio por el apellido. Andaban por ahí y un grupito de niños les decía: "¡Huy! huele a popó. No nos metamos con ellos" y salían corriendo. Otros los llamaban Poporopo. Por eso yo un día le dije a la menor: "Vea, mamita, no les coma cuento. La hoja del directorio está todita poposeada. ¿No ve que está llena de puros Popós? Incluso hay varias personas de apellido Popó Popó y algunos que llevan el Popó con nombres como Máximo Popó, Raimunda Popó, Feliciano Popó Mina o Popó Cortés". Con todo eso cedió al dolor, pero no mucho, pues ahora donde trabaja intenta ocultar el apellido. Mi hija una vez le pegó una cachetada a una compañera porque se le burló.
Yo les digo que no hay que ponerles atención. A mí me decían Popis y no me disgustaba. Estaba en el centro y una conocida me vio y dijo en voz alta: "Ve, mirá, la Popis donde está" y la gente volteó a mirar, pero a mí no me importó. Una noche yo estaba acostada, sonó el teléfono como a eso de las once y preguntaron: "¿Vos sos Rosa?". Yo estaba acostada y contesté: "¡Claro!" y la vieja me dijo: "Cochina, ¿ya te bañaste o es que te acostaste cagada?". Esa noche sí me salí de la ropa y le dije de todo. Pero fue la única vez.
A un familiar lo llamaron el 31 de diciembre: "Feliz año, le manda decir el sanitario", dijo una voz. Uno lo toma con calma y les dice: "Ay, muchas gracias". Llamaban mucho en una época, pero ya se ha calmado la vaina.
Nosotros somos una familia negra humilde de Cali. A los Popós nos conocen por rumberos, por salseros y nunca nadie ha podido decir que somos unos negros rateros, todo lo contrario, una gente rumbera, servicial y trabajadora. Por ejemplo: un familiar al que le dicen el Profe Popovich es director técnico de fútbol, otro es bombero y Carlos Popó Echeverri fue cónsul de Colombia en Panamá y ahora trabaja en el Seguro Social. Le dicen el doctor Popó y se siente muy orgulloso de su apellido. Con todo, el Popó ha llegado así de lejos, mientras que hay gente de la alta alcurnia que con sus apellidos elegantes no ha logrado nada y sí ha tenido muchos problemas con la justicia. Nuestro apellido, en cambio, se ha mantenido siempre limpio.
Definitivamente estoy orgullosa de ser una Popó, me niego a cambiarme de apellido. Todos me conocen así, no es ningún delito ser Popó y espero que el apellido nunca desaparezca.

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