Y de esta manera, trabajando para la agencia, conocí a Carlos, un traqueto que decía llamarse así aunque luego de muchos encuentros me confesó su nombre real que no pienso revelar aquí. Desde el día en que solicitó mi compañía por primera vez, me di cuenta de que no era un hombre cualquiera: me pagó tres millones por estar con él toda una noche cuando mi tarifa por una hora (tiempo suficiente para los clientes, es de 400 mil).

Después me siguió llamando seguido y siempre me pagaba muy bien y para mí era mejor estar con un solo cliente a estar buscando el mismo dinero con varios. Carlos era muy apuesto, alto, de pelo negro, de unos 38 años (yo tengo 25), y él me pedía que lo acompañara a comer generalmente al Parque de la 93, y de vez en cuando también me invitaba a rumbear en esa misma zona.

Muy rápidamente empezó a confiar en mí y me pagaba para que yo no estuviera con nadie más, solo con él. Si alguien me llamaba a pedir mis servicios, él me decía que me pagaba el doble si me quedaba. Y así lo hacía, obviamente. Me quedaba, y muchas veces ni siquiera nos acostábamos, él solo quería compañía y conversar un poco. A veces "el perico", que metía a montones, le impedía hacerlo conmigo. No se le paraba. Aún así era muy protector, y aunque estuve en fiestas donde había varias personas desnudas al tiempo y gente que tiraba delante de nosotros, nunca dejó que nadie me tocara. También lo acompañé un par de veces a unas fincas en Melgar y en Villavicencio donde el ambiente era pesado, con amigos de él metiendo "perico" todo el tiempo.

Debo decir, en todo caso, que era muy caballeroso y siempre me regalaba joyas y plata. Un día me dio un poco más de un millón de pesos en efectivo como "propina". No regalaba nada más. Solo recuerdo una vez que estuvimos en el centro Andino y me dijo que escogiera lo que quisiera y yo, ni tonta que fuera, salí cargada de paquetes ese día.

Era muy generoso, comía con gusto y le encantaba complacerme con todo. Andaba armado y con tres escoltas que no se nos despegaban. Aún así, nunca me sentí en riesgo pues él mismo me decía que de su seguridad se encargaban ex policías y que tenía todo "cuadrado". Lo oí hablar muchas veces de sus negocios, aunque siempre hablaba en clave con los amigos: "¿Está listo para la vuelta?", "hay que sacar eso para Estados Unidos", en fin. Solo cuando hablaba de ese tema se exaltaba y lo veía furioso gritando por su celular, pero conmigo nunca fue agresivo. También me hablaba de su esposa y de sus tres hijos y me propuso que dejara mi trabajo y que él se encargaría de todos mis gastos para que yo estuviera siempre bien.

Pero un día, la última vez que lo vi, me dijo que tenía que viajar al exterior a resolver un asunto muy importante y nunca más volví a saber de él. Han pasado dos años desde entonces. Yo boté mi celular, pero creo que si él hubiera querido encontrarme lo habría hecho con facilidad. No fue así, a veces temo que le pasó algo y por eso desapareció. He estado pendiente de noticieros y prensa, pero nunca salió nada. Ante todo, fuimos muy amigos y admito que por mi trabajo he conocido otros traquetos, pero nunca he tenido una relación permanente como con Carlos, un hombre que recordaré siempre y que marcó mi vida de alguna manera.

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