Cómo es tener sexo con... una oriental

Cómo es tener sexo con... una oriental

Vivo en Nueva York y acá fue donde conocí a quien hoy es mi novia, Maya Noguchi, de 24 años, nacida en Tokio.


En esta ciudad hay un fenómeno y es que las japonesas se gradúan y vienen a aventurar, a hacer lo que no pueden hacer en su país, donde hay muchas reglas sociales, muchas restricciones. La conocí en clases de inglés y me gustó desde el comienzo, siempre trataba de hablarle, de acercarme, pero ella se inhibía, no me hablaba, no entendía mis comentarios, mis chistes y me miraba mal. Para romper el hielo le cantaba la canción de la Abeja Maya, con eso se relajaba y se reía.

Cuando salíamos, ella caminaba siempre detrás de mí, y entonces yo por molestarla andaba en círculos o sin rumbo, y ella siempre ahí, detrás. Me dio rabia y le pregunté por qué hacía eso; me contestó que en Japón las mujeres lo hacían porque están en un nivel más bajo que el hombre. Era muy seca, si yo la acariciaba, me decía que no lo hiciera. Así estuvimos una semana, hasta que un día me llamó para que habláramos. Nos sentamos y me preguntó que yo qué quería. Le dije que nada, que me gustaba y que saliéramos a ver qué pasaba. Ella me dijo que sí, y que iba a haber mucha pressure (presión); yo le entendí que iba a haber mucho pleasure (placer) y me emocioné.

El sexo con una oriental es muy diferente a lo que se puede tener con una gringa, que va a un sitio, se deja invitar a un trago y listo, termina esa noche teniendo, a la fija, un rato de sexo. La primera vez con Maya fue en verano, y por la época lo hacíamos todos los días. Lo primero que me impactó fue el vello púbico, totalmente liso. Además, la vagina es más pequeña que la de una occidental. Con ella no es cuestión de velocidad. Se toma su tiempo para hacer cada cosa y no dan ganas de terminar nunca; hemos pasado noches enteras en el mismo polvo. Sus masajes son la locura, sabe relajar cada parte del cuerpo y eso que jamás ha estudiado nada al respecto.

Ella no habla mucho en la cama, pero le encanta que yo le diga hasta misa. Respecto al tamaño, uno está mejor dotado que los orientales, que le hacen honor a su fama. Cuando lo ve pone esa cara de sorpresa típica de los orientales y dice "Oh, big" o "hurts!".

Con ella cada parte es importante y misteriosa, no hay besos apasionados en público, pero cuando me da un beso en la mejilla, se sonroja y a mí se me revuelve todo… ya sé lo que va a pasar en la casa. Es como volver a la adolescencia, cuando uno soñaba con el primer beso y luego con el primer polvo y era como llegar al cielo.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Este es un espacio de participación de los usuarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los internautas y no reflejan la opinión de Publicaciones Semana. Nos reservamos el derecho de eliminar discrecionalmente aquellos que se consideren no pertinentes.

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Ventana Modal

×

Ventana Login

×

Ventana Registro

×

Ventana Intro

×

Términos y condiciones

×

Ventana Modal

×