Cualquier integrante de mi equipo de trabajo, incluyéndome, se puede ganar en el sector privado casi el doble o el triple de lo que nos ganamos en el sector público. Pero no me da envidia. Para mí, es claro que tengo una responsabilidad con el gobierno y uno aprende a cosechar una vocación en la que la plata ya no es tan importante.

El salario mensual que recibo se divide de la siguiente forma: el sueldo básico por ley de un ministro es de 2.824.000 pesos. Por gastos de representación me pagan más o menos 5.000.000 de pesos, más una prima de dirección de 2.500.000 pesos. Lo anterior suma aproximadamente 10.300.000 pesos.De eso me quitan de entrada casi 2.000.000 de pesos por retención en la fuente, salud, pensiones obligatorias y un fondo de protección que en realidad no sé qué es (ahí el sueldo se cae a 8.300.000 pesos, aproximadamente). Luego me descuentan 2.100.000 de una cuenta AFC para pagar mi apartamento (ahora el sueldo queda en 6.200.000 pesos). También me quitan otro millón de pesos de pensiones voluntarias, y vamos en 5.200.000 pesos).

Hasta ahí, los descuentos que se ven reflejados en mi tirilla de pago, pero de eso tengo que sacar otro millón de pesos del crédito de los muebles que saqué cuando me casé. Al final me quedan 4.000.000 y pico, y con eso tengo que vivir.

Mi sueldo como ministro me lo gano por varias funciones: en primer lugar tengo que recorrer el país todas las semanas, estoy en Bogotá un 30 por ciento del tiempo. Los sábados, desde muy temprano y hasta muy tarde, tengo que acompañar al Presidente en los consejos comunitarios. Los domingos viajo con dos o tres ministros a las regiones a resolver problemas. Es un trabajo de siete días a la semana desde las seis de la mañana hasta las ocnce de la noche.

Así mismo, tengo que llevar todo el peso y la responsabilidad administrativa y política de las siguientes entidades: administración del Ministerio de Agricultura, donde somos 400 funcionarios; del Incoder, con mil funcionarios; del ICA, con 1.200 funcionarios; Corpoica, que suma otros mil funcionarios; FINAGRO, en donde son 150, y del Banco Agrario, que agrupa a 5.000 empleados en todo el país. También tengo que defender políticamente al gobierno en debates en el Congreso y debo conseguir los recursos para el sector, que suman un billón de pesos al año. Por último, hago parte del equipo de negociaciones del TLC y de otros tratados.

Mi sueldo me alcanza para vivir, pues no me queda tiempo para gastar. Siempre he tenido un estilo de vida austera. De vez en cuando voy a un cine o a comer con mi esposa y pago la mensualidad del gimnasio al que asisto todos los días a las cinco de la mañana. Además, hay unas restricciones de seguridad enormes que ayudan a ahorrar dinero, pues no es posible ir a muchos sitios públicos y así uno se evita la tentación de comprar cosas. Otro aspecto que ayuda es el hecho de que mi esposa también trabaja y colabora con los gastos. Aún no tenemos hijos y, ante eso, debo decir que hay ministros que sí los tienen, algunos en la universidad, y, sin duda, el sueldo no les alcanza.

Por ahora vivo con lo justo. Además, el nivel de riqueza y prosperidad no depende de los ingresos sino de las necesidades y de qué tan lleno se siente uno con lo que tiene. Yo puedo ganarme 100 millones de pesos al mes, pero si siento que eso no me alcanza, soy pobre. Hoy, soy rico porque este sueldo me alcanza y estoy feliz de hacer lo que me gusta.

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