Además de lo riesgoso y de las inmensas responsabilidades, el de notario es el puesto público mejor pago del país. Tengo sentimientos encontrados, pues soy un privilegiado en un país donde la pobreza llega casi al 90%. Casi todos los 77 notarios de la capital ganamos hasta más de cinco veces lo que gana el presidente de la República, un ministro, un magistrado de las altas cortes, un congresista o el fiscal general.

Pongamos un ejemplo. Cuando se otorga una escritura, el usuario paga derechos notariales, copias e impuestos. Un notario se puede ganar por solo derechos notariales hasta 18.393.460 pesos por escritura. También realizamos diligencias de remate, conciliaciones y autenticaciones. Yo autorizo un promedio de 1.000 autenticaciones diarias, a 1.080 pesos más IVA. Vergonzoso, pero de ellas solo valen la pena la mitad: promesas de compraventa, autorización de salida de menores del país o cesiones de derechos. Las demás, inútiles, son el rezago de nuestra herencia española de la mala fe.

El sueldo del notario proviene de las ganancias de la notaría. Y una notaría es una empresa. Su utilidad depende de su ubicación, la calidad del servicio y la experiencia gerencial.

Hoy, la Notaría 76 de Bogotá recibe en promedio unos 250 millones de pesos al mes. De ese total, reintegramos al Estado impuestos de unos 50 millones de pesos. Del total de derechos notariales se descuenta un impuesto sobre ingresos brutos del 10% de contribución a la Administración de Justicia; se tributa sobre el restante 90% y se pagan gastos de personal, administración de la notaría: arriendos, servicios e insumos. Así las cosas, un notario normalmente puede estar ganándose un promedio mínimo entre 80 y 200 millones de pesos mensuales, dependiendo de la notaría. En Bogotá hay casos de utilidades mensuales de 700 millones, y eso debido a que las cifras que reportan algunos colegas a la Supernotariado no son las reales. No hay derecho.

Hace diez años, cuando me inicié como notario, me propuse que mi despacho no tuviera la imagen típica de una notaría. Lo primero que hice fue doblar el sueldo a mis empleados. Ninguno de ellos gana menos de 800.000 pesos. Según algunos colegas me estoy tirando el negocio. Y aunque cada día aumenta la demanda de mis servicios porque padezco una crisis de éxito permanente y creciente, me han señalado como "la persona que más daño le ha causado a la institución".

Lo que sucede es que yo me preocupo por prestar un buen servicio. He pagado caro varios errores, pero opté por solidarizarme con los usuarios —porque son quienes pagan el almuerzo de mis hijos— y no con el sindicato notarial. No es posible que en pleno 2007 un usuario tenga que esperar quince días por una escritura y ocho días por una fotocopia de registro civil. En mi notaría, esos trámites se han reducido a tres horas y a un par de minutos, respectivamente. Respeto el tiempo y dignidad de la gente porque el único importante, repito, es el usuario.

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