Mis primeros chistes los empecé a contar en público en 1959. En ese momento, yo trabajaba como tornero mecánico en Palmira, y me ganaba escasos 950 pesos, con los que tenía que sostener a una familia compuesta por mis padres y cinco hermanos menores. Un día, el compositor Marco Rayo decidió hacer todo lo posible para que me trasladara a Bogotá, y en 1964 llegué a la ciudad. Un año después ya me encontraba trabajando en el elenco de Operación Ja Ja, bajo la dirección de Fernando González Pacheco, pero como cantante, con mi hermano Carlos. Luego empezamos a meternos en los chistes, y Pacheco tuvo que pulirnos el lenguaje porque éramos muy agropecuarios. Lo que no recuerdo es cuál era mi sueldo ahí.

Luego llegó Campeones de la risa, de la programadora Punch, y a principios de los 70 nació Sábados felices y también Jaimito, este personaje niño que tanto reconocimiento me ha dado. Soy el único fundador del programa que permanece en el elenco y, de hecho, he roto varias marcas: en noviembre cumplo 81 años y llevo 47 de casado, 40 en la televisión y 35 en ese gran programa humorístico que por fortuna Caracol ha mantenido al aire.

En este momento, mi sueldo en el programa es de 1.500.000 pesos, más una pensión del Seguro Social de 500.000 pesos. Lo que me permite equilibrar las finanzas son los espectáculos privados, en los que puedo cobrar 2.500.000 pesos. En el extranjero me pagan alrededor de 1.000 dólares por función de 45 minutos, y por cada viaje puedo hacer tres o cuatro. He conocido más de 18 países a punta de chistes, y eso ha sido lo mejor que me ha dado esta profesión.

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