Mi hija Sofía nació hace tres años. El que a tan temprana edad haya salido en comerciales se debe a algo de familia. Yo misma trabajé desde los nueve años en comerciales de televisión junto a mi hermano mellizo. Pero Sofía ya modelaba antes de nacer, porque dos semanas antes del parto presté mi barriga para un aviso de una constructora. Su primer comercial fue de una bebida, a los once meses, en el que salió Carolina Cruz. Se suponía que cuando la modelo aparecía se le caía el chupo de la boca. Pero Sofía nunca usó chupo, así que para lograr que lo probara le pusieron leche condensada, en contra de mi voluntad. Por ese comercial le pagaron 400.000 pesos.

El proceso para llegar a ser bebé de comerciales es el mismo que para un adulto: hay que presentarse ante una empresa de casting, que lleva su portafolio ante las agencias de publicidad para que ellos elijan quién les sirve para sus comerciales. A Sofía le ha ido bien: también ha sido parte de catálogos de ropa infantil. Por una sesión de fotos de un día le pagaron 500.000 pesos.

El trabajo con bebés tiene dificultades lógicas. Hace poco la llamaron para un comercial de arroz, pero teníamos que trasladarnos al Espinal muy temprano sin saber a qué horas volveríamos. Además, después de dedicarme a Sofía durante sus primeros meses, yo regresé al trabajo, y como la disponibilidad de ella depende de la mía, no se pudo. En todo caso, nosotros no consideramos esto un negocio, sino un hobby. Tal es así, que el dinero que Sofía ha ganado, alrededor de 1.500.000 pesos, se encuentra muy bien guardado en un fondo, porque es plata de su trabajo. No es nuestro interés que Sofía se convierta en modelo, simplemente nos da orgullo que aparezca en comerciales y catálogos. ¿Qué papá no sentiría lo mismo?

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