Trabajamos ocho horas al día durante 45, 60 ó 70 días, dependiendo del área de cultivo que debamos erradicar. Después nos devolvemos para nuestra casa, que en mi caso es en Manzanares, Caldas, descansamos un mes y volvemos a salir a otra zona del país. La plata la recibimos a los 15 días de haber vuelto de trabajar, o sea justo en la mitad de nuestro mes de descanso.

Un erradicador manual se gana 1.256.093 pesos por una fase de 60 días. A eso se le descuentan 81.900 de salud y pensión, lo que quiere decir que neto queda 1.174.193 pesos. A ese dinero se le suman los festivos, dominicales y horas extras. Además, contamos con todas las prestaciones de ley, cajas de compensación familiar y el subsidio familiar que entregan por cada hijo que se tenga.

Yo soy capataz de cuadrilla, coordino un grupo de 31 erradicadores, por lo que gano más. Son en total 1.463.832 pesos por cada dos meses, menos 95.445 de salud y pensión, para un total de 1.368.387.

He estado en once misiones de erradicación, siete en Nariño, dos en la Sierra de La Macarena y dos más en el Cauca. Estando allá, la jornada comienza a las ocho de la mañana, por lo que hay que despertarse con varias horas de anticipación; los cocineros de los campamentos, por ejemplo, se levantan a las tres de la mañana a hacer el desayuno. Luego salimos en bus hasta donde el camino lo permita y de allí toca seguir en camión. Trabajamos hasta las tres de la tarde, para poder llegar al campamento de día por razones de seguridad.

Para una labor de dos meses, diez cuadrillas móviles, cada una con 32 erradicadores, incluido el capataz, pueden erradicar manualmente entre 700 y 1.200 hectáreas de cultivo de coca, dependiendo del terreno. Un grupo de ese tamaño está escoltado por 200 agentes de la policía antinarcóticos y 80 soldados, quienes hacen la avanzada para preparar la seguridad del lugar. En caso de que haya problemas con la guerrilla, tenemos en 20 minutos el apoyo de helicópteros y un avión fantasma.

Varias veces nos hemos topado con la guerrilla. En alguna ocasión nos atacaron con granadas desde la seis de la mañana, pero los agentes reaccionaron y repelieron el ataque. Son riesgos que hay que tomar, pero que valen la pena, porque además de ganar plata limpia, hago patria con mi labor y eso me llena de orgullo.

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