La papa parece ser un negocio redondo y próspe-ro, pero depende de una cantidad de variables. Este año parecía que las heladas iban a hacer escasear el producto y que, por ende, se iba a disparar el valor. Pero contra todo pronóstico, ahora estamos en medio de una sobreoferta que rebajó el precio. Hace unos años alcanzábamos a vender una carga (dos bultos) de buena calidad hasta por 137.000 pesos. Hoy, con tanto producto disponible, lo máximo que logramos por carga son 8.000 ó 10.000 pesos.

Normalmente, la empresa Sánchez y Calderón Productora y Comercializadora, que es la que dirijo, despacha 160 toneladas de papa diarias. Cada carga pesa 100 kilos, así que estamos hablando de alrededor de 3.200 bultos. Con la carga al valor actual, estamos recibiendo 32.000.000 de pesos diarios.

Empecé a trabajar en esto hace 14 años, primero comercializando papa para el consumo local, y luego con destino al sector industrial, es decir, el de las papas fritas de paquete y los precocidos, y a otros países como Venezuela. En el 2003 tuvimos ganancias de 120 millones, y en cambio el año pasado perdimos casi 1.000 millones. A veces he pensado en retirarme, porque tanto subibaja me ha afectado la salud. Pero los productores a los que les compramos me han insistido que no los abandonemos. Es que de mi negocio dependen, directa e indirectamente, al menos 1.000 familias.

Mi sueldo no me lo pongo yo, sino me lo imponen el revisor fiscal y la junta de la empresa. Es de 1.300.000 pesos, y me arreglo en algo gracias a que algunos de los camiones que prestan servicios a la empresa son de mi propiedad y se los alquilo. Después de mí, quienes más ganan son los coteros, porque son los que más duro trabajan. Cada uno de ellos gana de acuerdo con el precio de la papa y del número de cargas de papa cargadas, bajadas del camión y lavadas. Pero en promedio se ponen entre 800.000 y 900.000 pesos.

Queda claro que las riquezas y la prosperidad que se les endilgan a quienes estamos en el sector papicultor son un mito.

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