Faustino Asprilla

Faustino Asprilla

Esta es la primera vez en la historia de Colombia que un hombre aparece en un desnudo frontal en la tapa de una revista. SoHo no podía tratar diferente a las mujeres, así que mostró un símbolo sexual para nosotras, y quién mejor que el futbolista, cuyo miembro se convirtió en un mito.


Asprilla se sentó en una silla de patas de aluminio, frente a una tabla de quesos que languidecían bajo un papel celofán transparente. Llevaba ya varios whiskies encima y estaba vestido solo con una bata del mismo color de su piel. Se quitó la bata, dejó su torso desnudo, recién maquillado, y sonrió.

Vea aquí la galería de El Tino.

Se notaba más tranquilo después de pasar por las manos del maquillador. Más tranquilo en todo caso de lo que había estado un par de horas antes cuando entró al estudio, que olía a incienso y a pintura fresca.

Llevaba una camiseta blanca y unos blue jeans y lo escoltaba un amigo grande y callado que se sirvió un whisky con Coca-Cola y se sentó a leer una revista del corazón mientras que el Tino se dejó caer en un sofá dispuesto a dar una entrevista escueta. "Hay que salir de eso —dijo—. Que se acabe ya el mito", y pidió un trago.

El mito no comenzó porque Faustino Asprilla era negro, o alto, o atractivo o famoso. Empezó el día en que una fotógrafa ("si no estoy mal, era una mujer") disparó su cámara al hombre que llevaba el balón. El resultado fue una foto del Tino con su miembro asomándose rebelde a través de los pliegues de la pantaloneta azul del uniforme de la Selección. "Ese día después del partido yo viajaba para Cali; en Parma te dan calzoncillos con bicicleteros, pero en la Selección Colombia no se utilizaba eso. Los pantaloncillos los ponía uno, pero los jugadores normalmente usaban pantalonetas de baño en los partidos. Como yo había mandado mi maleta para el aeropuerto, no quise ensuciar los pantaloncillos y como la pantaloneta era larga, me la puse sin calzoncillos y a medida que corría se me subía", explica Asprilla.

La foto, que inicialmente salió en blanco y negro, apareció después en un afiche a todo color en una revista llamada Deporte gráfico y desde ahí el tamaño del miembro del Tino se convirtió en un mito. Mito que él mismo se encargó de alimentar el día de su cumpleaños número 24, en Parma. "Eran fotos para una revista muy importante en Italia. Comenzaron siendo unas fotos normales, donde empezamos con ropa y al final terminé en pelota sin darme cuenta. Yo hacía todo lo que dijeran los periodistas porque esa noche tenía una fiesta en mi casa y quería que termináramos rápido, así que me desvestí para complacerlos, pero esa vez salí tapándome", dice. Lo que no cuenta, por lo menos en esta ocasión, es que los invitados a la fiesta eran sus compañeros del Parma y unas meseras con pinta atrevida que estaban escondidas en la cocina en el instante en que le hacían las fotos.

Eran otras épocas para Asprilla. Era famoso, rico, sus amigos también eran celebridades y se vivía a lo grande. Alguna vez Faustino salió de parranda con Claudia Schiffer y seguramente tomó champaña Cristal en el VIP de los bares italianos. Se había convertido en un símbolo sexual, aparecía en los periódicos todo el tiempo y su vida de rockstar habría hecho morir de envidia hasta a Keith Richards.

"Uno nunca se acostumbra a eso", dice Asprilla, luego del segundo whisky. Asprilla pasó de ser un niño ágil en la escuela Guillermo Juan Martínez, fanático de cualquier deporte que tuviera una cancha y una pelota, a ser uno de los cinco mejores jugadores del mundo en diez años.

La fama trajo consigo más cosas buenas que malas. Fue fácil convertirse en un sex symbol en Italia y un poco más difícil en Inglaterra, donde jugó después con el Newcastle, pero una vez conseguido el estatus, el Tino regresó para conquistar Colombia.

Cuando subió a maquillarse esperé un tiempo prudente antes de subir también al cuarto diminuto y lleno de espejos donde estaba sentado. Quería asegurarme de que no lo agarrara en pleno proceso de desvestirse, porque asumía que se iba a sentir incómodo. Ya estaba sentado mirando al espejo, y una máquina afeitadora cortaba las raíces negras de su pelo, que ya empezaba a crecerle.

El Tino iba por el cuarto whisky, tal vez más, y estaba hablando de su hijo Santiago. "Es un mujeriego de tiempo completo", dijo. ¿Cómo el papá? "No. El papá no es así", y me mostró una foto en la que aparece Santiago, casi un niño, sonriendo a la cámara. Es trigueño, con la boca de su papá y los ojos negros y grandes, que probablemente heredó del otro lado de la familia. Faustino es muy distinto a su hijo, aunque dice que sacó su pinta.

Cuando surgió la idea de hacer una SoHo Mujeres y comenzaron a barajarse nombres para que aparecieran en la edición, solo uno resultaba lo suficientemente atractivo. Asprilla tenía esa mezcla de humor, de fama y de belleza, sumada a la famosa imagen que aún se nos viene a la cabeza cuando hablamos de un hombre bien dotado. El problema era entonces que aceptara. Asprilla es el primer hombre en hacer un desnudo frontal en una revista en Colombia. Sin taparse con balones, con sombreros, con las manos, o con todo lo que se cubre la humanidad de los otros que han osado quitarse la ropa para no mostrar nada.

Fausto recibió la propuesta con una sonrisa, quién sabe si de nervios o de burla. Prometió pensar y se retiró en prudente silencio a su finca en Tuluá para digerirlo. Al final aceptó con algo de timidez, pero se fue envalentonando y cuando salió de maquillaje, ya no había duda de lo que vendría.

En el momento en que se quitó la bata color chocolate, era evidente que habíamos escogido al indicado. A sus 37 años, Asprilla es un hombre perfectamente formado, pero con el peso que da la edad. No tiene cuerpo de adolescente lleno de vitalidad y succionado de grasa, sino el cuerpo de un hombre que sabe que la vida está en el equilibrio. Mucho más atractivo. Sus pectorales son perfectos. Sus abdominales siguen siendo poderosos. Sus nalgas son magníficas.

"Estoy buscando novia", anunció antes de entrar a la sesión de fotos. Con la última había terminado porque, según él, era muy mal novio. Los requisitos no son nada del otro mundo. Tiene que ser bonita, grande y consentidora. También tiene que estar dispuesta a viajar con él una vez al año a Italia y salir de vez en cuando de parranda. A cambio, obtendrá el premio de uno de los más famosos miembros de Colombia."No es tan grande tampoco", miente Asprilla y entra en el estudio, donde lo esperan un par de alas negras. "Si querían que me viera como un ángel se jodieron —dice—. Me veo como un chulo".

Había pedido que no hubiera mujeres dentro de las tomas porque lo hacían sentir incómodo, entonces las que estábamos nos quedamos alrededor de la mesita de aluminio calentando un whisky y aguantándonos la curiosidad. La prudencia no duró mucho. A través de un hueco se podía ver a Asprilla posando. La imagen me pareció preciosa. Se paraba con la naturalidad de un modelo de Calvin Klein. Miraba a la cámara con cara de desafío y no parecía sentirse incómodo en su desnudez.

Cuando se quedaba quieto, Asprilla parecía más una escultura. Nos habíamos preguntado muchas veces si un desnudo frontal levantaría ampolla en la gente. Ahí me pareció que no tenía por qué. ¿Quién entra con los ojos cubiertos a ver el David de Miguel Ángel? ¿Quién agacha la mirada cuando tiene al frente a La era de bronce de Rodin? ¿Quién protestó porque en Colombia otro Miguel Ángel —esta vez Rojas— hizo una fotografía de un David al que le faltaba una pierna? Nadie dijo que eso era morboso. Nadie dijo que era erotismo. A nadie se le ocurrió pensar que era desagradable. Eso pensaba mientras lo veía posar. Lo otro que pensé fue que el mito del tamaño del pene de Faustino Asprilla no termina cuando lo muestra de frente. En realidad aquí es cuando comienza.

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