Gabo y cada uno de sus repentismos

Gabo y cada uno de sus repentismos

...Creo que la paz en Centroamérica no se habría logrado sin la mediación, siempre dispuesta y siempre generosa, de Gabriel García Márquez...


No conozco a ningún amigo de Gabriel García Márquez que pueda afirmar con certeza que estuvo a cubierto de sus preguntas o respuestas inesperadas. De mi parte, puedo hacer la confidencia o la infidencia de varios repentismos suyos que disfruté o padecí.
Por ejemplo, en la tarde de un domingo cualquiera en el tiempo en que García Márquez estaba escribiendo El general en su laberinto, sonó el teléfono de mi casa. Era la voz del premio Nobel, quien me preguntaba:
—¿Sabes cuándo llegó el mango a América?
—No, no lo sé. Puedo averiguarlo. ¿Por qué me lo preguntas? —le dije.
—Porque tengo al Libertador Bolívar en Cartagena, enfermo, de viaje para Europa, y lo tengo comiendo mango de azúcar —me respondió.
Varios botánicos me aseguraron que el mango llegó a América en 1862 y la escena con el Libertador era en 1830. Llamé a García Márquez y le conté.
—Cámbiale de fruta —le dije.
Cuando recibió el Premio Nobel, lo llamé a Estocolmo y le conté que el gobierno colombiano había lanzado una estampilla con su vera efigie. Me contestó: “Espero que con esa estampilla solo se envíen cartas de amor”.

* * * *

Contra lo que a veces se dice en ámbitos políticos, sobre una cierta lujuria de García Márquez por el poder, me consta que la libido imperandi solo ha obrado en García Márquez no tanto por ella misma cuanto por aplicarse a las mejores causas contra el terrorismo y por la paz.
(Por cierto que conservo el saludo escrito que por su conducto me envió Fidel Castro al sobrevolar nuestro archipiélago de San Andrés y Providencia, de paso para Nicaragua).
Aquella libido imperandi la utilizó siempre, a veces con cierta largueza, en procura de causas libertarias. Creo que la paz en Centroamérica no se habría logrado sin la mediación, siempre dispuesta y siempre generosa, de Gabriel García Márquez. Cuando Colombia puso en marcha el mecanismo del Grupo de Contadora, surgieron susceptibilidades que Gabo iba conjurando, a veces personalmente, a veces mediante rodeos constructivos. No todos los dirigentes políticos centroamericanos sentían el olor a pólvora quemada que yo sentía en mis gélidas madrugadas santafereñas. En donde menos se medía el alcance de nuestra búsqueda ansiosa de la paz era en Colombia.
Parecía como si el aire de guerra que se respiraba fuera el aire propio que históricamente respiramos los colombianos. Otras perturbaciones irrumpieron: por ejemplo, que lo que buscábamos no era la paz sino el Premio Nobel de Paz para el presidente. Se le tuvo que advertir al embajador colombiano en Noruega, el cubano José Pardo Llada, que nuestro país solo estaba interesado en la paz.
Mi hermano Jaime, ya fallecido, fue secuestrado por la guerrilla. Su liberación se condicionaba a determinaciones del gobierno imposibles de decidir. Aunque la liberación fue hazaña de la fuerza pública, Gabo fue gestor infatigable.

* * * *

En las elecciones presidenciales de 1982 se enfrentaron las candidaturas de Alfonso López y Belisario Betancur, quien triunfó. García Márquez votó por López Michelsen. Una periodista francesa me preguntó por qué mi amigo el Nobel no votó por mí sino por mi adversario. Le contesté: “García Márquez es un gran escritor, pero un pésimo político”.

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