Ante eso, mi tía Amparo fue la que asumió la responsabilidad de mi crianza. Mi papá siempre vivió con nosotros y nuestra relación era muy curiosa: yo lo veía como a uno más de mis amiguitos y era mi compañero de juego. En la medida en que fui creciendo empecé a verlo como una figura paterna, pero nunca fue regañón. Confieso que cuando entré en mi adolescencia lo veía como un muchacho más y hasta llegó a gustarme.

Nunca sospeché nada sobre la inclinación sexual de Carlos. En la familia Giraldo siempre hemos sido muy expresivos y nunca pensé que sus gestos o su forma de ser fueran los de un homosexual. Me enteré de que mi papá era gay cuando cumplí los diecisiete años. De nuevo fue mi tía Amparo la que asumió las riendas de la situación. Me sentó a su lado y me dijo: "¿Usted qué sentiría si supiera que a su papá no le gustaran las personas de diferente sexo, sino del mismo?". Me quedé en silencio por un instante, pero no tuve una reacción de escándalo o sorpresa. Yo era una adolescente y tenía la mente en otras cosas. Le contesté: "La vida íntima de la gente es privada, él sigue siendo mi papá y eso no me afecta".

Parte de eso no era verdad. Con el tiempo comencé a ver que a mi papá le decían la 'Mona' de Sweet y me empecé a sentir mal. Me molestaba por él, por la gente que hablaba de más sin valorar su capacidad profesional. Pero nunca sentí vergüenza por él, solo rabia por la forma como se expresaban de él. Aunque en Palmira, donde vivo, a veces la gente me dice que mi padre es bacano y me pregunta cómo me siento al saber que él es gay. Contesto sin rodeos: no me preocupa que sea marica. Así corto el tema y la conversación llega hasta ahí.

Nunca lo he confrontado por el hecho de ser homosexual. Respeto su intimidad como él respeta la mía, pero no he sentido la necesidad de ponerlo contra la pared con este tema. Es una sensación extraña ya que al mismo tiempo me duele que él no tenga la confianza para decirme que es gay. Nunca lo ha hecho. Es una verdad que flota en el aire, pero que nadie quiere atrapar.

Nuestra relación es de buenos amigos, me aconseja y me jala las orejas con respeto. Cuando tuve mi tercer hijo me preguntó, preocupado, si me iba a volver un conejo. Me llama todos los fines de semana y está muy pendiente de sus nietos, en especial de Gabriela. Conozco a su pareja, me cae muy bien, pero por delicadeza nunca hay manifestaciones de afecto entre ellos en público. Ante todo respetan a mis hijos, a mi esposo y a mí. Me siento muy orgullosa de ser hija de un gran profesional como Carlos Giraldo, lo de gay se lo respeto, no lo juzgo y es algo sin misterio para mi. Él no encontró en una mujer lo que sí encontró en un hombre.

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