Mi dedo mocho
Por:Enrique Peñalosa
Tenía once años cuando me volé la falange del dedo índice con un "torpedo" de volador. Después me enteré de que así se llamaban. CONTINUA>>
   
   
La otra raya del tigre
Por:Laura Viera
Durante una clase en la universidad, Jorge Cardona empezó a contar anécdotas de noticias extrañas en el país. CONTINUA>>
   
   
La violencia necesaria
Por:Martín Caparrós
Patricia y yo por el Marché Saint-Pierre, caía la tarde. Hacía frío, yo llevaba unos meses en París, Patricia se pronunciaba Patriciá y el Marché Saint-Pierre era -es, supongo, todavía- una calle de Montmartre donde venden telas muy baratas: CONTINUA>>
   
   
Ni a bala
Por:Ernesto Samper Pizano
Nunca me he preocupado por averiguar las razones médicas que explican el que una persona que recibe varios impactos de bala, como me sucedió a mí el 3 de marzo de 1989 en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, no sienta un dolor incontrolable, una especie de dolor de muerte como el que expresan los acto CONTINUA>>
   
   
Las siete vidas del gato
Por:Margarita Uribe
Siempre he pensado que me voy a morir de una gripa. Si se cayera un avión en el que yo voy me salvaría seguro, a menos de que tenga, como dicen por ahí, las siete vidas del gato. Esas ya me las gasté. CONTINUA>>
   
   
¿Quién se ha llevado mi hueso?
Por:Luis Fernando Álvarez Molina
¿Que qué me pasó en la cabeza? Es todo absurdo. En julio de 1999 me quedé sin trabajo y decidí hacer a un lado mis diplomas para irme a trabajar como camionero en Nueva Jersey, al mejor estilo paisa. CONTINUA>>
   
   
Clavado al vapor
Por:Daniel Rincón
Tenía dos años y medio cuando me quemé con un vaporizador. Era blanco y recuerdo que al momento del accidente la televisión transmitía Sábados felices. CONTINUA>>
   
   
El condor herido
Por:Rubén Giraldo
Ahí me veo, enterrado vivo en el fango. Acabamos de trasladar 50 internos de la penitenciaría de Medellín a la reclusión de Popayán. CONTINUA>>
   
 
Tacado de lado a lado
Por:Matthew Davis
Para celebrar mis quince años, invité a unos amigos a la casa de playa de mi abuela. El estudio en el que el abuelo esculpía se había convertido en cuarto de juegos para los nietos. CONTINUA>>

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