Yo no vine a la vida a aprender, lo que he hecho ya es una padecimiento. La enseñanza está en saber vivir; pero al servicio de la vida. Hay aprendizajes tan costosos que luego no sirven ni para ejemplarizantes posturas. Entonces lo mejor es aprender a disfrutar instintivamente de las posturas. En amor aprendí que al que se marcha lo reemplazan. La plata es muy importante para las mujeres. Sobre todo cuando les falta. Quizás la mejor enseñanza que me dio la vida es que el que pregunta es ¡porque sabe! En cuestión de negocios es mejor dormir sobre las cosas que llorar sobre las letras de cambio. La vida me enseñó que no hay condones para protegerla. Aprendí que el crédito se pierde por falta de uso. El narcisismo de las mujeres es inconmensurable. Aprendí que hay gentes que son un alma de Dios pero en cuerpos de h.p. Al que le provoca una fea comenzó a joderse. Los que somos fieles por miedo al sida somos unos miserables. El divorcio debe ser como el servicio militar: obligatorio. 

Unos senos desafiantes sí entran en boca cerrada. Aprendí que todo gran momento es precario. Uno tiene que querer a la mujer que no es cuando la que es anda con otro. Una gran enseñanza derivé de una colección de titulares de primera plana del New York Times, que dijo el 10 de noviembre de 1919: "Las estrellas no están donde parecía, o donde se calculaba que estaban, pero nadie debe preocuparse". La vida me enseñó que no hay nada más bruto que un intelectual colombiano. Aprendí que la vida es una austeridad que envejece. No debemos pedirles cuentas a los políticos. Nada embrutece más que una ideología. Hay momentos en que también debemos rebelarnos contra la libertad. También aprendí que hay amor cuando ama uno solo. Ahora en la vejez aprendí que ella -la vejez - llegó cuando uno se viste sólo para taparse. Hay dos problemas graves: uno, casarse con una mujer pobre, y otro más grave, casarse con una mujer rica. El haber tenido una pasión por los libros y la lectura me evitó querer ser sabio y supe que la verdadera sabiduría está en la vida, en el placer, en el amor, en la convivencia serena y culta. Hay que aprender a ocultar el andamio de la cultura. En la vida hay que cuidarse de quienes han leído mucho. Hay que acercarse a quienes olvidaron lo que leyeron. Quizás hay que odiar la ciencia y echar de menos la sabiduría. Derivé una gran enseñanza del hombre que preguntó: "¿Cuántos libros escribió Cristo?". "Los mismos que escribió Sócrates", fue la respuesta del anacoreta. Supe que hay una gran palabra: cumplimiento. Pues cumplo y miento. Mujer que dice "ya vuelvo" está trabajando por tu jubilación, pero con otro. Un día vi la muerte en mi alcoba. Levantó el vuelo y me sentí feliz. Ignoraba que estaba limpiando la pista de aterrizaje agotando el combustible. Hay amores que los vigilan los ojos del otro. Un día evidencié que la única aristocracia que existe es la del esfuerzo. Después de las enseñanzas de la vida me refugié en unos pocos poetas entrañables y en alguno encontré que "contamos solo con los brazos para alcanzar, a nado, la muerte".

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