Yyo me hice aficionado al Atlante desde que tenía ocho años de edad, justo cuando todo el mundo le iba al América. Recuerdo que sucedió desde chico, específicamente por un par de jugadores que aún conservo en mi memoria: Luis Alvarado, un mediocampista muy fino, y el arquero Raúl Orvañanos, que volaba de un palo al otro sin ningún problema. Pero no solo fue por ellos, ocurrió también porque el Atlante ha sido siempre un equipo popular, inicialmente fue de albañiles, así como el Necaxa pertenecía a los electricistas. El Atlante surgió del proletariado, ha sido un equipo pobre, del pueblo, mientras que el América es el equipo de los millonetas. Por esto la afición del Atlante es muy selecta, es como el caviar. Solo los muy conocedores saben apreciarlo. Me encanta su uniforme porque da la impresión de que tenemos una sucursal en España y que nos representa muy bien, hablo del Barcelona.

Nunca he sido un aficionado de ir al estadio, no soy muy afecto a las masas, ni tampoco he llorado por el fútbol. Me educaron para no llorar y menos por un equipo. Pero sí recuerdo con emoción ese equipo que vi de niño y nombres como Rafael Puente, que era un gran portero; Cremolini, Pedro Medina, el 'Borrego' González, Amuchástegui, Manolete Hernández, Cisneros, entre otros. Después de muchos años, cuando yo trabajaba como productor de radio y televisión, dirigí una serie en que los conductores eran dos porteros del Atlante, dos de mis grandes ídolos. Obviamente aproveché para expresarles mi admiración. Aunque de los 80 y 90 para acá tengo presente varios jugadores, siempre me remonto a esas imágenes que disfruté de niño. Entre aficionados del Atlante recordamos muchos momentos pero a mí hay uno que me gusta mucho por la rivalidad que también tenemos con el Cruz Azul. Fue un gol muy tonto que se hizo el portero Miguel Marín. Cuando quiso despejar con la mano, se arrepintió en el momento en que lo iba hacer, dio la vuelta completa y terminó metiendo el balón en su propia portería. Como seguidor del Atlante lo recuerdo muy bien. Me da risa.

Mi afición no viene de una tradición familiar, es solo mía, en mi casa nadie le iba más al equipo que yo. El Atlante es un equipo tan bueno que se da el lujo de irse a la segunda división, ser campeón, regresar a la primera y ser campeón de nuevo. Eso lo hizo en los noventa. Jugando en la segunda división, llenamos el estadio azteca, eso no lo hace nadie. Es un equipo tan bueno que permite que otros equipos sean campeones, no necesita ser campeón, puede ser de media tabla, de segunda división, luego regresar, pero siempre está ahí, es único. Es un equipo de nacos, de gente de verdad, no es un equipo con mercadotecnia, no es un equipo inflado como tantos otros, es un equipo que tiene una afición de verdad y uno no le va porque le tiene que ir. El que le va al Atlante es porque es muy original. Y ahora que se van a jugar a Cancún nos parten el corazón a los atlantistas, pero seguiremos fieles como siempre, ahí, porque sin el Atlante, el fútbol jamás valdría la pena.

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