En el mundo entero, todos lo saben, aproximadamente cuatro mil millones de personas (yo las conté) están pendientes del Campeonato Mundial de Fútbol. En el mundo entero, sumando los grandes clubes, los pequeños, los de patio de casa o de los barrios de grandes edificios, los mismos —u otros— cuatro mil millones de ciudadanos van de allá para acá, chutando una bola de plástico intentando que entre en un espacio defendido por un idiota (o por un hombre extremadamente talentoso, el fútbol no distingue), un hombre que cuando agarra la pelota es un héroe y cuando deja que entre en ese espacio defendido por él es un cretino, un imbécil, un cobarde, cuando mínimo un incompetente. Y si el juego es contra una escuadra extranjera, él es —todos estamos de acuerdo— un traidor a la patria.

¿Por qué todo eso? ¿Por qué el fútbol alcanzó tan increíble popularidad? ¿Tal universalidad? ¿A tal punto que en Brasil la palabra "futebol" sea la más pronunciada, la más popular de la lengua, la más nativa sin importar que haya nacido como "football"? Repito, es mundial. El fútbol es el deporte nacional de 132 países (también los conté, quien pueda que lo rectifique). Y todos los países cuentan con inmensas hinchadas, torcidas, tifosi, marginales diversos y gente muy bacana, como usted y como yo.

Bien, ahora discúlpeme, pero usted es un exagerado. Yo soy un tranquilo asistente lúcido de esa pasión terrenal. No salgo por ahí a matar al adversario, pues soy FLUMINENSE. Tricolor. Rojo, verde y blanco. El Fluminense, les explico rápidamente, no tiene nada que ver con otros maravillosos equipos brasileños como el Santos, el Gremio, el Vasco o el Botafogo. Y, sobre todo, no se debe confundir con el Flamengo, su eterno rival. Del permanente conflicto entre esos dos equipos nació la mayor disputa deportiva brasilera, el FlaxFlu, ¡una aliteración! (Para quien no lo sabe, es decir, los hinchas del Flamengo, aliteración es una especie de rima en el inicio de la frase, como "frío" y "fluido", como "rayo", "raya", "rara" y "risueña", por ahí va). Fluminense es cultura. Resumiendo, Fluminense es el equipo más hermoso, más competente. Resumiendo, Fluminense es el equipo más integrado socialmente.

Antes, por pura envidia, el Flamengo lo acusaba de racista. Vamos a ponernos de acuerdo: eso tenía cierta razón de ser, pues el Fluminense dificultó y hasta llegó a impedir la entrada de negros en su sede, pero eso era también, en lo fundamental, por un motivo noble: todo el mundo, incluidos los negros, querían pertenecer al notable Fluminense. Con su actitud, el equipo ayudó a construir la hinchada del Flamengo, hoy reconocida como la más numerosa del Brasil. Pero, de nuevo, la diferencia fundamental entre el Flamengo y el Fluminense es que el hincha del Flamengo golpea su pecho diciendo, lleno de orgullo: "Soy un enfermo por el Flamengo". Al contrario, nosotros, sin ostentar nada, sin golpearnos ninguna parte del cuerpo, apenas decimos: "Yo soy un Fluminense saludable".

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