Supongo que busca revelar el misterio de la conducta homosexual, entender cómo funcionan las desviaciones del objeto del deseo: no hay ningún misterio ni nada que entender. Realmente, no existe acontecimiento psicoanalizable.

Pregúntese usted ya mismo: ¿por qué le gustan los hombres? ¿Por qué le gustan las mujeres? ¿Por qué es usted heterosexual

, no se pregunte por el qué, sino por el porque. Seguro pensó primero en todas las cosas que le gustan del sexo opuesto. Acto seguido, pensó en lo que no le gusta de su mismo sexo y se llenó un poco de asco o de impresión (para los que contemplaron abiertamente la idea, mis felicitaciones), se hizo una idea bastante gráfica en su cabeza y se dijo a sí mismo: ¡jamás!

(Nota: Para toda persona heteroconfundida el cuestionario anterior no tiene validez).

En últimas, usted se da cuenta de que es straight porque sí, no por traumas infantiles, no porque sea hereditario. No hay ningún misterio fascinante detrás de eso.

A mí no me gustan los hombres, punto. No entiendo cómo el resto de ustedes es capaz de dormir sobre pechos peludos, y la barba bien puede ser algo indiscutiblemente atractivo, pero la irritación facial consecuente de los besos es algo que prefiero ahorrarme. Cuando mis amigas me cuentan felices que "casi se vinieron" yo me pregunto por qué casi-venirse es algo que les causa alegría, cuando yo me puedo venir varias veces en una noche, y en definitiva me alegra no tener que tomar pastillas anticonceptivas pues desconozco las complejidades de su uso y agradezco ahorrarme lo que bien podría ser una renta en condones.

Los hombres me parecen básicos y absurdamente predecibles. Me aburren. No encuentro nada sexy en sus ronquidos ni en sus brazos pesados que te sacan el aire y que imposibilitan dormir arrunchados. No me soporto un partido de fútbol y tampoco entiendo el frenesí masculino por dicho deporte: sobra decir que ni porque me paguen estaría dispuesta a oír un partido en el radio de un carro. Mi papá sabe bien que esa es la mejor manera de torturarme vilmente.

No me gustan los hombres porque no tienen tetas, no me gustan porque no son mujeres. La sola idea de meterme un pipí a la boca me da náuseas, y ni hablar de ese liquido viscoso que eyaculan. Y es que, en últimas, la cuestión es solamente de gustos.

Entre las muchas cosas que suelen preguntarme siempre se destaca una: ¿Cómo hacen las lesbianas para follar? No entiendo qué es lo que no comprenden, no es necesario un pipí para tener sexo (y del bueno). Esa es la pregunta más risible.

Al igual que aquellas personas que hoy encuentran "raro" o "equivocado" el lesbianismo, ¿por qué les cuesta tanto trabajo hacerse a la idea de que no hay nada de anómalo en no enamorarse de un hombre

: risible. Y ni hablar de todos aquellos que piensan que "es que no has encontrado al hombre adecuado": risible a la máxima potencia. ¿Qué parte de la palabra 'lesbiana' no entienden? Y si me gusta una mujer es, precisamente, por su feminidad. No le encuentro sentido a estar con una mujer que más bien parece un hombre cuando ya sabemos que no me gustan. Tampoco hay roles, no es que una "sea el hombre y la otra la mujer". Por ejemplo, no me imagino tratar de hacerle entender a un hombre qué es un síndrome premenstrual. De hecho, no me imagino tratando de hablarles de cientos de cosas que jamás entenderían porque son cuestiones puramente femeninas. Y es que eso es un bonus del que los heterosexuales no gozan: nosotras no solamente hablamos el mismo idioma, sino que también podemos ser mejores amigas.

Me gusta que me gusten las mujeres. Me encanta, soy fan total. Yo también me quiero casar y tener hijos y una casa, de pronto un perro, pelear por quién va a matar la cucaracha, compartir tampones, llorar después de tirar, tener un solo clóset. Todas esas son ideas inconcebibles al lado de un hombre, y ni me atrevo a mencionar el baño, santuario femenino por excelencia, espacio que nunca jamás compartiría con un hombre. A mí también me gusta que me abran la puerta del carro y que me lleven el desayuno a la cama, o cocinarle a mi novia y hacer todas esas cosas que a las mujeres les gusta hacer cuando están enamoradas.

Yo estoy llena de las mismas cursilerías femeninas que cualquiera, los mismos sueños y la misma vida. No pienso que los hombres sean prescindibles y tampoco soy una feminista radical: yo no arreglaría el motor de un carro solamente para probar que las mujeres también podemos. En realidad, ellos lo hacen mejor y están siempre bienvenidos. Lo que sé es que no necesito un hombre para ser feliz, el amor siempre está dirigido a un cuerpo, a mí me gusta que ese cuerpo sea igual al mío.

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