Recuerdo muy bien aquella vez en la que Metallica vino a Colombia en mayo de 1999 para dar un concierto en el parque Simón Bolívar de Bogotá. Más de cincuenta mil personas esperaban expectantes la aparición de la banda y como ya se acercaba la hora en la que ellos deberían aparecer en el escenario, subí a la tarima para darles la bienvenida. Yo, que siempre he sido algo distraída con aquello de los nombres, al ver la euforia de la gente me contagié y decidí gritar un contundente "¡Viva Metálico!", a lo cual una estruendosa carcajada, que se escuchó a veinte cuadras a la redonda, siguió a mi anuncio. Por supuesto que el oso que sentí fue tan monumental y notorio, que aún hoy no pierden la oportunidad de recordármelo.

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