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Publicado 2003-11-10

Qué se siente tener senos

Por Piedad Córdoba

Versión 36B con hijos. Testimonio de Piedad Córdoba.

Creo que tener senos es una experiencia maravillosa para todas las mujeres y tal vez son las partes más bellas, eróticas y sensuales de nuestro cuerpo. Me parecen hermosos, como dos palomas que vuelan al viento. Afortunadamente la forma de los senos no es igual en todas las mujeres. ¡Viva la diferencia!

Las mujeres negras los tenemos túrgidos y son parte de nuestro orgullo étnico y de nuestro ser mujeres negras. Con ellos desafiamos el planeta y se constituyen en un elemento vital de nuestra relación con las hijas e hijos, porque disfrutamos el amamantar, aun cuando ello en las más de las veces se convierta en un martirio. Las indígenas tienen sus senos como peras maduras de las cuales cuelgan a sus crías; cuando las miro siento que sus peras se van a desprender y me duelen como si de mi cuerpo saltaran esas dos peras maduras. Las blancas tienen sus senos redondos como círculos, pero me da la
sensación de que no se sienten cómodas con ellos. Pura sensación.
Bueno, no todo es color de rosa en nuestra relación con los senos. Cuando comienzan a nacer como dos ciruelitas duras... duras, ¡como duelen! Ay, ay, ay... Uno siente que algo no se acomoda, se empiezan a notar y tratamos de ocultarlo, pero crecen de frente sin pedir permiso. Uno siente entre pena y chicanería. Comienzan sentimientos ambiguos: los hombres empiezan a mirarnos de forma diferente, y a veces es grato, pero en otras ocasiones nos hacen sentir incómodas. Hay momentos en los que nos sentimos orgullosas porque los comparamos con los de nuestras amigas y nos damos cuenta de que los nuestros son más grandes y bellos.

La experiencia de comprar el primer sostén, para algunas, es algo maravilloso porque sienten que ya no son niñas y que serán más libertad. Cuán equivocadas. Para otras, la experiencia es frustrante y les genera vergüenza. ¿Por qué será? En la compra del primer sostén entramos en disputa con nuestra madre, por la talla, la forma y el material, y tercamente escogemos el menos adecuado, y las mamás nos miran entre el asombro y la aceptación, queriendo decirnos: si supieran lo que les espera.
Desde que comienza este proceso nos preguntamos cómo dormir, ¿de lado, bocabajo, con sostén, sin sostén, será que se nos caen? ¿Que si estorban? No, qué va, son toda una bacanería. Unas dicen que son la delantera; otras, que son toda sensualidad; otras, la herramienta de trabajo; para unas, toda maternidad; para otras, algo pesado que las joroba y achanta, y para otras tantas ojalá no existieran.
Los senos son como la vida misma, con momentos de mucho goce y de mucho placer, pero también de mucho dolor, hasta sacarnos el llanto cuando parimos: se inflaman, se llenan de nudos, pesan y parece que fueran a estallar, ¡que dolor! Uno no ve la hora de que el crío o la cría empiecen a mamar, ¡huy, qué alivio! Pero no se emocionen, después es todo un calvario: los pezones se cuartean, sale sangre, uno grita, trata de despegar a ese pequeño ser, pero se pega como un condenado de las puertas del infierno; uno da alaridos, hasta que por fin voltea a verlo y se encuentra sonriente, derramando leche por sus comisuras, y uno queda como pasado por un trapiche (mientras que el señor, si es que lo hay, mira de reojo).

Benditos senos, se ven hermosos, paraditos, llenos de vida y de ese precioso líquido blanco y transparente: la leche. Pero nos juegan malas pasadas haciéndonos quedar muy mal. Cuando menos pensamos, están entregando ese valioso líquido, lo esparcen sin pedir permiso y sin avisar: nuestra ropa queda mojada justo en el momento en que estamos haciendo la cola en el banco. Sientes que todo el mundo te mira como si estuviera sancionando tu osadía, pero esa vergüenza no es nada a la comparada cuando sentimos que nuestros compañeros de universidad o de trabajo nos miran como si fuéramos extraterrestres porque en nuestra blusa aparecen dos grandes círculos de leche. ¿Qué hacer? Salir corriendo o pagar escondederos de a peso. ¡Huy, qué rollo tan tenaz! Pero duelen también antes de la menstruación, pesan cuando son muy grandes, estorban cuando se duerme bocabajo, se vuelven flácidos luego de amamantar a cuatro o cinco hijos. ¿Qué tal nuestras madres con más de diez hijos?

Los senos son un instrumento de seducción total, o si no pregúnteles a las sardinas de la Zona Rosa de Medellín o de Bogotá. Mae West es una 'boba, plancha, peliteñida al lado de ellas'. Los senos me han hecho llorar, reír, gozar, pero jamás me han estorbado.
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