El peor oso de mi vida fue un oso infantil ochentero. Yo tenía solo doce años, iba a clases de gimnasia olímpica donde Julio Donado y hacer volteretas era esa gracia que a los adultos les encantaba verme hacer. Era diciembre de 1986, si no lo recuerdo mal. Me habían invitado a una novena en la casa de unos amigos de mi familia. Todo iba bien. La comida navideña, los villancicos y los rezos fluían, pero a alguien se le ocurrió lanzarme a las fieras con esa típica frase de papá orgulloso de las aptitudes de su hijo: "Que Camila haga la gimnasia". "¡Sí! Queremos ver la gimnasia de Camila", contestaron otros en coro y no tuve otro remedio. Pasé al frente muerta del susto, pues nunca me había presentado con tanto público. El escenario fue el jardín de la casa y debía haber entre 30 y 40 personas alrededor mío, en perfecto silencio.

Empecé la rutina. Di un par de medialunas y un rondó, pero al segundo o tercer flip flap, el estómago se me debió llenar de aire por la angustia y ocurrió algo no planeado. Me tiré un par de pedos, para no darle tantas vueltas al asunto, que sonaron como una rasgadura con eco. No me acuerdo si la gente se rio, solo sé que yo seguí haciendo mi número como si nada pasara. Al fin y al cabo y como dice la canción: "El show debía seguir". Terminé, la gente aplaudió y yo me morí de la risa con lo que había ocurrido. Después de semejante oso había perdido por completo el pánico escénico.

No sé de ningún apodo que me hayan puesto a raíz de eso, ni lo quiero saber. Le conté la historia a mi mejor amiga y a ella le fascina repetirla. Por eso, 20 años después, cuando doy clases de literatura en Nueva York a miles de kilómetros de ese jardín de la novena inolvidable, el oso aún me persigue. Acabo de llegar a la casa de una amiga en Buenos Aires, suena el teléfono, preguntan por mí, contesto y una voz desconocida me pregunta con pudor: "¿Es cierto que...eh?", "Sí, dígalo a ver si es capaz", le contesto y, luego de oírlo decir lo indecible, acepto contar aquí cómo, con solo doce años, inventé una nueva modalidad olímpica, la gimnasia de tripa sonora.

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