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Publicado 2010-01-06

Tratándome con orinoterapia

Por Adolfo Zableh Durán

Adolfo Zableh se tomó sus propios orines para un tratamiento de salud. ¿Usted sería capaz de hacerlo?

Tratándome con orinoterapia. Fotografía: Alejandra Quintero
1.
No quiero comenzar esta historia sin dejar claro qué es la orinoterapia, y para hacerlo, debo explicar primero lo que no es.

La orinoterapia no es bañarse en orines, que es lo que hacen los picados por una aguamala y los fanáticos de la "golden shower". La orinoterapia consiste en tomar orines propios con fines curativos. Esto lo sé ahora, luego de tomarme tres litros de mis meados, pero al consultorio del doctor Jesith Osorio, especialista en medicina regenerativa alternativa, en el centro de medicina celular Orthocel, llegué con algo de temor y un montón de dudas.

Paso uno, historia clínica. Nombre, edad, enfermedades anteriores, visitas al hospital, etcétera. Me preguntaron mi religión y no pude responder sin antes saber para qué. Ocurre que los evangélicos no permiten transfusiones de sangre, y ciertas etnias de indígenas no dejan que los atiendan mujeres ni personas de ojos claros. El doctor que me hizo la historia clínica era doctora y tenía ojos color miel. Respuesta: ateo.

Luego, dos exámenes de rigor: uno de sangre y orina de la medicina normal, y otro apegado a la medicina china. En el primero salí perfecto; en el segundo, me tomaron el pulso para conocer el estado energético de corazón, pulmones, hígado, riñón y bazo. Resulté con corazón y bazo afectados —energéticamente hablando— y la lengua reseca por mal manejo de líquidos. Nada de qué preocuparse.

Conocidos los resultados, momento de la receta: 250 centímetros cúbicos de orina al día, los tres primeros en dos tandas —mañana y noche— mezcladas en mitades con agua para acostumbrarse al sabor. De ahí en adelante, puro. El primer orín de la mañana es el más concentrado, pero no era obligatorio tomármelo para obtener mejores resultados, porque a la larga la orina va a tener siempre los mismos componentes. Casi siempre me tomé el tercero del día, de color y sabor más suaves.

Costo de la medicina: nulo. Somos productores inagotables de orín gratis. Restricciones: no sal, no azúcar, cero harinas blancas (pan, ponqués, empanadas, papitas de paquete y similares) y cero bebidas alcohólicas. Pese a no tomar mucho trago, sentí que me habían cortado el chorro que no era.

 
2.
Lo desagradable de sostener la orina en un vaso es su temperatura tibia, y lo difícil de tomarla es la espuma que precede el primer sorbo. Lo que me tomo no será lo más rico del mundo aunque parezca ginger ale, jugo de manzana o whisky diluido, pero es estéril, no está contaminado y es totalmente sano. No son desechos, sino sustancias que el cuerpo no ha absorbido. Es como reciclar, y al tomar orina lo que hago es procesar sustancias que mi cuerpo no había metabolizado antes.

Es mejor no preguntar cuáles, porque se calcula que pueden ser más de mil, pero qué tipo de artículo sería este si no mencionara algunas. Contiene desde potasio, calcio, hierro y sodio, pasando por ácido úrico, ácido láctico, vitaminas A, B, C, E y hasta hormonas sexuales. Y aunque tomar orina revitaliza sexualmente, puedo asegurar que casi ninguna mujer estaría dispuesta a acostarse con usted si se enterara de que se está tomando sus propios orines. Todo es muy confuso.

A la orinoterapia llegan por descarte pacientes que lo han intentado todo en otras áreas de la medicina. Quien no se ha curado con homeopatía, aromaterapia, acupuntura o medicina tradicional suele terminar curando sus males —o debería decir ahogándolos— en orines. El doctor Osorio ejerce desde hace 17 años y solo ha tratado con orinoterapia a menos de cien pacientes, según él, porque tenemos una prevención con el tema. Sin embargo, también afirma que los resultados son sorprendentes. Quien se somete a ella se cura de problemas crónicos como dermatitis, artritis, artrosis, trastornos respiratorios, hipertensión y diabetes. Yo quiero creerle porque basta con hacer sumas para darse cuenta de que no hay interés económico en sus palabras. Los exámenes cuestan 200.000 pesos, 120.000 la primera consulta, 60.000 cada control y la medicina es gratis. Si la orinoterapia es tan eficaz como dice, con menos de medio millón de pesos se podrían curar enfermedades por las que la gente sufre media vida y gasta millones de pesos cada año.

Pero al parecer somos tan superficiales que le hemos dado la espalda a una bomba sanativa como la orina solo por su aspecto y olor.


3.
Pensé que iba a ser insoportablemente salado, que tendría arcadas, que vomitaría. El primer vasado de orines me lo tomé fondo blanco, frente al espejo del baño como para darme fuerzas, y lo pasé con medio litro de agua; creo que exageré. No voy a decir que el sabor es agradable, tampoco podría negar que el olor puede chocar, pero sí creo que las personas dramatizamos todo y que tomar orines propios es menos grave de lo que se cree, especialmente si es para mejorar la salud. Por si les interesa, mi orina no es nada del otro mundo, salada, como la de todos, y al final tiene un sabor dulce.   

Con una disciplina que me sorprendió cumplí con lo prometido al doctor: dos vasos mezcla de agua y orines los primeros tres días, y de ahí en adelante un vaso puro cada mañana. El tema de la bebida mezclada lo dominé desde el primer momento y tomármela fue un mero trámite. La primera vez que los tomé puros debí pasarlos con dos vasos de agua seguidos y solo pude quitarme el sabor de la boca después de un helado y dos lavadas de dientes. Sin embargo, reitero, no es nada que justifique hacer drama ni morir de asco. Eso sí, un consejo: al igual que quitarse una curita y terminar una relación sentimental, lo mejor a la hora de tomar orines es hacerlo de un solo viajado.


4.
¿Qué tenemos en común tres millones de chinos y yo? Que nos bebemos nuestros meados. Ellos aseguran que sabe a Gatorade de manzana, solo que más caliente, y que tomárselos a diario les ha curado el asma, la tuberculosis y el cáncer. Yo no sufro de nada parecido pero, según el doctor Osorio, me va a servir para liberarme de una alergia que sufro desde la infancia, va a detener la calvicie, mejorará mi digestión, subirá mis defensas y limpiará mi piel. Con que ocurra solo una de esas cosas me puedo dar por bien servido.

La orinoterapia es una práctica antiquísima y más común de lo que se cree. Los hindúes escribieron al respecto hace 5000 años. Los budistas la practican hace más de diez siglos y los japoneses se toman lo que orinan hace 800 años. La longevidad de los lamas tibetanos —algunos viven hasta los 150 años— es atribuida a este hábito.

Los odontólogos árabes la han usado como antibiótico y analgésico, y en Puerto Rico se usa para el dolor de oído y muelas, picaduras de abeja, avispa, alacrán, quemaduras y contra dolor de huesos y músculos. Muchos cubanos que llegaron como ilegales en balsas a Estados Unidos pueden hoy contar su historia porque durante su travesía de 180 kilómetros y varias semanas sobrevivieron tomando sus orines con azúcar.

Lejos del glamour de Hollywood, el actor Will Farrell tomó orines y comió ojos de reno para sobrevivir al invierno sueco, y el boxeador mexicano Juan Manuel 'Dinamita' Márquez tiene un récord de 50 victorias —37 de ellas por KO— gracias a la orinoterapia, según él.

Más cercana a mi realidad, la abuela de una amiga murió a los 110 años con el pelo y la piel en perfecto estado porque a diario se untaba los orines de sus hijas y nietas en cara y cabeza. Muchas invitaciones para jugar bridge no habrá recibido, pero sin duda es la muerta más sana del cementerio. Porque esa es la otra, en la orinoterapia se toman orines propios, aunque se pueden tomar también los de los hijos pequeños —hasta los diez años— del mismo sexo.


5.
Pero la orinoterapia no es un lecho de rosas. Su práctica puede causar en sus inicios sueño profundo o insomnio (es un tiro al aire), estreñimiento o diarrea (un tiro al retrete), alergia, picazón, absceso, brote, fiebre, dolor de muelas, calambres, taquicardia, mareos, sangre negra, vómito, dolor en el pulmón o secreción vaginal. Si usted es hombre, tranquilo, podrá sufrir de lo que sea, menos de lo último. En mi caso, con las primeras ingestiones sentí un leve dolor de estómago, algo de mareo y poco más. Después de la cuarta dosis no me dolió un pelo.

Por haber hecho el tratamiento en diciembre, cada vez que estaba en una reunión y me ofrecían un trago, me sentía incapaz de negarme con la vieja excusa de estar tomando antibióticos, tenía que decir que estaba haciendo orinoterapia. La sola mención de la palabra, créanme, le da un giro inesperado a cualquier conversación y deja a Tutaina tuturumá en un segundo plano.

Algunos se iban del lugar, otros me miraban con asco o lástima, y unos pocos me interrogaban interesados. Yo respondía pacientemente y al final siempre los dejaba con esta reflexión: mucha gente ha comido mierda en esta vida, yo tengo que agradecer que apenas me tocó tomar orines.
 
 
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Si usted no cree que Adolfo Zableh se tomó sus orines para esta crónica, debería ver  el video acá
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