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Publicado 2011-09-14

Yo fui amigo del asesino de Noruega

Por Peter Svaar

Desafortunadamente él no es, hasta donde yo sé, un loco. Todo habría sido mucho más fácil si lo fuera. La imagen del caballero desquiciado, drogado con esteroides, se habría vendido sin problema en los periódicos.

Yo fui amigo del asesino de Noruega.
Me acuerdo del niñito tímido que usaba pantalones de rapero del almacén Jean-TV, en el centro de Oslo. Ese pequeño vivía obsesionado con el gimnasio y la buena alimentación. Si tuviera que describirlo, diría que era amable y leal a quienes consideraba sus amigos. Inteligente y de carácter fuerte. Ese es el hombre que ha masacrado a unas cien personas, la mayoría niños, vestido con un uniforme falso de policía.

Recuerdo una tarde cálida durante el verano de 1994. Estábamos en Hvasser, una isla de la región noruega de Tjøme, donde algunos alumnos del colegio Ris celebrábamos el fin del curso 9A. El colegio habilitó una zona de camping. Hicimos una fogata en la que asamos salchichas y pan. Más tarde, la gente se escondería detrás de los arbustos para besarse. Estábamos felices, habían terminado nueve años de colegio. Nos sentíamos como un grupo unido. Habíamos vivido tanto juntos: borracheras en los clubes para jóvenes, fiestas en las casas de todos… Y, esa noche, Anders Behring Breivik era uno de nosotros.

Desafortunadamente él no es, hasta donde yo sé, un loco. Todo habría sido mucho más fácil si lo fuera. La imagen del caballero desquiciado, drogado con esteroides, se habría vendido sin problema en los periódicos. Habría creado una distancia cómoda entre él y nosotros. Pero nada de lo que conozco de él —ni de esa época ni de lo que he leído en su supuesto manifiesto— sugiere que sea una persona perturbada. Por el contrario, me da la impresión de que es un ser frío, inteligente y calculador. Todo lo que ha acontecido después de que la bomba estalló, el viernes 22 de julio de este año a las 3:26 de la tarde, ha sido parte de su plan. Mi gran temor es que todavía esté manipulándonos —a los medios de comunicación, a la opinión pública— como si fuéramos las teclas de un piano.

Así como escribí en la página de la Corporación Noruega de Radiodifusión (NRK), lo que me desvela ahora no es que sea un monstruo, sino que es un tipo cualquiera. Un noruego que se ha sumergido en un análisis absurdo de la política y que desafortunadamente ha logrado ser tan recursivo como para complementar con acciones ese raciocinio.

Él sabía que lo iban a atrapar. Luego admitiría todo. Solicitó —y recibió— un defensor que es miembro del Partido Laborista, una agrupación socialdemócrata. Escribió que la etapa de la propaganda empezaría con su arresto. Va a divulgar su visión retorcida del mundo en la Corte, con los medios internacionales presentes. Si es posible, ¡lo hará en uniforme! Uno puede decir mucho de este tipo de estrategias, pero no que son realizadas por un loco. Es el trabajo recursivo y planeado de un hombre inteligente. Anders tiene una meta, y hasta ahora solo va a medio camino.

Pero volvamos a la época del colegio, a ese momento en que era ‘bueno’: Anders era el tipo de niño que terminaba metido en problemas con la Policía. No se hablaba con su padre porque lo habían atrapado pintando grafitis en el centro de la ciudad. Fue el niño que decidió empezar a hacer ejercicio y, poco a poco, lo convirtió en parte de su rutina. Me acuerdo que me contó que se ejercitaba todos los días a las seis de la mañana. Eso decía mucho de él. Si Anders se ponía una meta, la alcanzaba, así le tomara semanas, meses, años. Fue así como se volvió musculoso. Logró su propósito por medio de un esfuerzo constante y largo. Tiene fuerza.

Es quizás el tipo de fuerza que hace que justifique la matanza de casi cien personas inocentes en su manifiesto 2083, la revolución conservadora. El tipo de fuerza que hace que un hombre cree una compañía de agricultura con dos años de anticipación para poder comprar toneladas de fertilizante y así pasar desapercibido. Pero Noruega gestó a este hombre. Él es uno de nosotros.

Un colega me llamó el sábado. Tenía en sus manos el anuario de 1994 del colegio Ris. No podía decir mucho. Entonces se descubrió este supuesto manifiesto: 1500 páginas, la mayoría tomadas de otras fuentes, como Timothy McVeigh. Pero en medio del plagio había páginas que me describían a mí y a la clase 9A. Con nombres completos. Se refería a un noruego-pakistaní, que era uno de sus amigos más cercanos en esa época. Se supone que fue él quien le abrió los ojos a Anders, quien le dio a entender que los musulmanes no les tienen suficiente respeto a los noruegos. 

Quién iba a imaginarse que yo estaría en la escena de Grubbegaten minutos después de la explosión de ese viernes. Nadie sabía en ese momento quién era el responsable. Fue solo hasta que llegué a mi casa, después de largas horas de cubrir la noticia, que oí que Anders Behring Breivik había sido arrestado en Utøya. Quedé en shock. Al principio no lo creí. 

¿¡Anders!? Crecimos juntos. ¿Cómo pudiste escoger este camino en tu vida? ¡Nunca te hizo falta nada!

Yo vivía en Londres cuando ocurrieron los atentados en Londres el 7 de julio de 2005. Quienes pusieron las bombas allá tenían al menos alguna razón para sentir rabia. Eran jóvenes islamistas, pertenecientes a las minorías, sin opciones laborales en el Reino Unido. Anders es lo contrario. Él ha tenido todas las oportunidades. Hasta donde me acuerdo, ni a mí ni a él nos ha hecho falta nada. No hemos sido víctimas de injusticias por parte de la sociedad. ¿De dónde viene este odio?

Él planeó hasta el detalle más pequeño de esto. Dejó su perfil de Facebook abierto al público para que los medios pudieran usar sus fotos. Y su cuenta de Twitter con una frase inspirada en el filósofo John Stuart Mill, quien dijo que “una persona con una creencia es un poder social igual a 99 que solo tienen intereses”. Ambas cuentas fueron creadas el 17 de julio de este año. Dejó también un video y un tipo de manifiesto, o como quieran llamarlo: un texto largo con muchas fuentes, que incluye un diario en el que describe cómo planeó el ataque, día a día.

Anders no parece tener sentimiento de culpa, pero ha admitido que él fue quien hizo los ataques. Por supuesto que le darán 21 años de cárcel, pero no le teme al castigo. Se siente un mártir. Un héroe malinterpretado en este momento, pero con un espacio reservado en los libros de historia. ¿Cómo puede un hombre terminar con una ideología tan equivocada? ¿De dónde sacó la voluntad para planear esto por tantos años? Dedicó meses a construir una bomba. Investigó las partes de los explosivos en internet. Empezó un negocio para poder comprar fertilizante. Planeó un asesinato masivo. Es completamente frío. No lo entiendo y no sé si alguien lo pueda hacer. 
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