El primer comercial de Leonisa fue hecho en 1956, dos años después de la llegada de la televisión a Colombia. No fue tan conocido, pero sí marcó un hito dentro de mi carrera como bailarina y actriz. En cambio, el de La Fina, tanto el comercial como el jingle, es un clásico de la publicidad en Colombia: "La Fina, la margarina, la preferida en la mesa y cocina…". Se hizo en 1968 y duró como veinte años sonando en los medios del país. De Leonisa me acuerdo porque yo todavía no me había casado. Mi matrimonio fue a mis diecisiete años. Por esa época yo estudiaba en el colegio María Auxiliadora, bailaba ballet, tomaba clases de teatro y, por si fuera poco, asistía a cursos de esgrima, y hasta fui campeona nacional. Todo esto por la misma época. En esos tiempos no se hacían audiciones. A mí me llamaron para ser la imagen de la marca cuyo objetivo era sacar a unas secretarias bailando. Terminó saliendo muy bonito y tierno porque no había la voluptuosidad que se maneja hoy. Era dulce, no tenía nada de escotes o erotismo.

El comercial buscaba presentar unos brasieres que daban forma al busto y unos panties que lo mismo hacían con la cola. No de manera sensual sino natural. Casi infantil. Sin embargo, para mí fue un poco complicado porque, a pesar de ser un comercial muy conservador y respetuoso, seguía siendo la publicidad de una ropa interior. Y, claro, hay que subrayar que en esa época uno era muy zanahorio. ¡Ese comercial fue hace cincuenta años! Fue grabado en un estudio de Inravisión. Pero de los productores, del director e incluso de la modelos que salían al lado mío, no recuerdo mucho. Si mal no estoy, me pagaron cinco pesos en esa época.

En el de La Fina fue otro cuento porque, a diferencia del baile y la actuación, yo no soy cantante ni me preparé para eso. Soy apenas medio afinadita. La idea propuesta por Otto Greiffenstein, era resaltar la margarina como la mantequilla de la familia. Mi esposo, Felipe (el de Los Tolimenses), y yo, éramos muy amigos de Tila Gutt, su esposa. Ella fue la que nos propuso salir con nuestros tres hijos en el comercial y hacer la voz del jingle. Lo grabamos en mi casa de La Castellana y el montaje de las voces, la mía, la de mi esposo y la de mis hijos, lo hizo Jimmy Salcedo en sus primeros años como músico. Después hicimos otro igual con Éver Castro, un humorista extranjero.

Este comercial tuvo mucho éxito. Mi esposo era muy famoso por Los Tolimenses y yo ya tenía algo de nombre. Nos empezaron a identificar con la marca y hasta que en los supermercados nos preguntaban que si íbamos a llevar La Fina. Para mi carrera significó mucho porque a pesar de que en esa época ser famoso era muy raro, la gente me identificaba con el tema. La gente de mi generación todavía me lo recuerda. Después de nosotros cambiaron las imágenes del comercial por otras familias y otros conceptos. Pero nuestras voces sí las usaron hasta que decidimos, mucho tiempo después, no me acuerdo cuánto, vetarlos si no nos pagaban más. Es curioso que mi voz haya sido la protagonista de uno de los comerciales más recordados de la televisión colombiana.

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