Una ama de casa estaba lavando ropa y a medida que le echaba el detergente al platón, se oía el sonido de una lavadora y la ropa se agitaba como un huracán. El narrador nos pregunta cómo vimos que lava Inextra; la cámara se enfoca sobre la caja del detergente y se oía lo siguiente: "Inextra convierte su platón en una lavadora". El platón tenía pegado, por debajo de la mesa, un timón para darle vueltas para conseguir este efecto que sigue grabado en la memoria de los colombianos. Hicimos muchas tomas y no me acuerdo quién estaba maniobrando el timón en la toma que finalmente salió al aire. Pudo haber sido el productor del comercial, el ejecutivo de cuenta o yo, el director creativo, el que, en forma rítmica, hacía los movimientos de la lavadora. Lo importante, sin embargo, es que usamos la tecnología de serrucho y destornillador, muy avanzada para el momento, pues estamos hablando de comienzos de los ochenta. Todo fue porque en el mercado había una verdadera guerra de jabones. La competencia pautaba fuertemente en televisión, pero todos los temas giraban sobre lo mismo: señoras muy bonitas, todos muy pinchados y planchaditos. Nosotros teníamos que salir del mundo de los iguales pero con un presupuesto muy pequeño. Algo que se recordara mucho. Fue un comercial que movió las registradoras. No era lindo, pero sí efectivo y claro en lo que buscaba. Parecía bobo, pero vendía y se recordaba. Incluso, hubo señoras que se quejaron en los supermercados porque el producto no les hacía mover el platón. El timón, la lavadora e Inextra son una ruptura en mi carrera como publicista.


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