Yo descubrí a Lionel Messi

Yo descubrí a Lionel Messi

En septiembre de 2000 yo trabajaba para el FC Barcelona detectando chavales jóvenes y con talento en Suramérica.


Luego de visitar Brasil y Paraguay, sin demasiado éxito, me topé en Montevideo con un amigo argentino quien de inmediato me recomendó a un joven llamado Lionel Messi: "Charly, tenés que viajar a Rosario para verlo jugar, es un fenómeno". Pregunté su edad pensando que era un jugador de 18 años, pero me dijo que solo tenía 13. Pero la insistencia y el entusiasmo de Horacio Gaggioli, un experto en fútbol infantil, provocó cierta curiosidad en mí. Por eso le propuse organizar un viaje a Barcelona con los padres del chaval, naturalmente pagado por el club, para probar sus condiciones futbolísticas durante 15 días. Así se hizo.

La primera vez que vi a Messi en persona no le di importancia a su físico esmirriado ni a la baja estatura ya que la cultura del Barcelona siempre ha sido buscar primero la calidad técnica del jugador. Nos ocurrió lo mismo cuando probamos a 'Pep' Guardiola, hace varios años: era un chico delgadito, muy poca cosa y, con el tiempo, se convirtió en el símbolo del club. Messi y su familia se alojaron en un hotel cercano al Nou Camp y nosotros le montamos un partidillo a las 5:00 p.m., en el campo de entrenamiento, con rivales uno y dos años mayores que él, para ponérselo difícil.

Llegué algo demorado y Messi ya estaba jugando de media punta, bien adelantado porque en este tipo de pruebas se busca que el chaval toque muchas pelotas y demuestre su clase. Ese día no lo olvidaré jamás: demoré casi 20 minutos en darle toda la vuelta a la cancha y llegar al banquillo porque andaba dos pasos y me paraba, caminaba otro tramo y volvía a frenarme para admirar las cosas que hacía con el balón. Era impresionante la rapidez y precisión de sus movimientos, los regates, y los cuatro goles que convirtió en breve tiempo. Lo tenía todo.

Cuando finalmente logré sentarme en la banca, le dije a un asistente: " Ya lo podéis fichar". A los 13 años, Lionel ya se mostraba valiente. Tenía el balón todo el rato y dejaba parados a los rivales con una facilidad asombrosa. Parecía que hubiese jugado siempre: no estaba nada asustado, ni nervioso de jugar con gente que no conocía y esto fue lo que me decidió a ficharlo. Claro que primero hubo que sortear varios problemas: Messi era extranjero y no podía jugar en las ligas menores, había que conseguirles trabajo a los padres y además los grandes clubes ven a un chaval tan joven como un proyecto muy lejano entonces los directivos nunca quieren arriesgarse. En ese momento me puse tozudo y les dije: "Este chaval juega mucho mejor que los demás, tiene un talento diferente y si no, ¡de qué hablamos!".

Pero cuando Jorge, el padre de Messi, iba al club para firmar, lo hacían volver al día siguiente o un día después. Pasaron tres semanas y Jorge estaba tan desesperado que una noche, en el restaurante del club de tenis Pompeya, me dio el ultimátum: "Si no arreglamos pronto, yo me tengo que volver a Buenos Aires". Yo lo tranquilicé de la única manera que se me ocurrió: tomé una servilleta y escribí: "Yo, Carles Rexach, me comprometo a firmar al joven Lionel Messi, siempre y cuando hablemos de las cantidades pactadas previamente". Ahora, cada vez que me encuentro con Messi, él me agradece y yo le contesto siempre lo mismo: "¡Que yo no te descubrí, hombre, que tú te descubrías solo!".

¿Tienes algo que decir? Comenta

Este es un espacio de participación de los usuarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los internautas y no reflejan la opinión de Publicaciones Semana. Nos reservamos el derecho de eliminar discrecionalmente aquellos que se consideren no pertinentes.

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Ventana Modal

×

Ventana Login

×

Ventana Registro

×

Ventana Intro

×

Términos y condiciones

×

Ventana Modal

×