Yo dirigí la escena más erótica de la televisión colombiana

Yo dirigí la escena más erótica de la televisión colombiana


Próspero Morales Pradilla, autor de Los pecados de Inés de Hinojosa, y yo coincidimos en que Amparo Grisales era ideal para representar la figura de Inés de Hinojosa, una mujer mestiza, fruto del cruce de peninsulares e indígenas con una belleza extraordinaria. Para el papel de la sobrina de inmediato pensé en Margarita Rosa de Francisco, que venía de cautivar al país por su papel en Gallito Ramírez y reflejaba la inocencia. En Barichara nos acuartelamos en una especie de villa en donde vivíamos todos. Eso ayudó a que la 'Mencha' y Amparo se hicieran amigas y manejaran muy bien los celos que siempre se dan entre actrices.

Todas las escenas eróticas las grabamos en una sola noche y necesariamente tenían que estar presentes, como mínimo, unas diez personas. Nadie le puso misterio al asunto, era parte del oficio y se hizo con gran naturalidad. Los técnicos de sonido o los electricistas veían a las actrices desnudas y no pasaba nada. Además, después de cinco minutos de tener un desnudo al frente, ya se ve como parte del vestuario.

En la escena de cama, en donde Inés de Hinojosa unge a su sobrina (confieso que le echó aceite Johnson's) hicimos aproximadamente unas 15 o 20 repeticiones, lo normal de cualquier escena. No hubo tensión, todo fue muy profesional. Entre ellas dos se daban masajes, no era sexo explícito, la clave estaba en las miradas sugestivas y en uno que otro beso. Todo se manejó muy bien para la época (1988) en que los desnudos eran un tabú en la televisión nacional.

No sé si la escena fue histórica, lo que puedo afirmar es que la serie fue muy escandalosa, aparecieron editoriales en defensa y en contra, unos muy fuertes donde nos llegaron a decir pervertidos y corruptores de la sociedad, incluso nos retiraron pauta, pero fue tal el éxito que, a pesar de emitirse los sábados como a las 10:00 p.m., el rating siempre estuvo arriba.

Creo que el debate lo ganó el arte. La escena era necesaria, no fue algo tremendista que se hizo para escandalizar o cautivar televidentes, fue una escena de buen gusto. Creo que hablar de sexo, de todas esas cosas que son fantásticas y maravillosas, que son tan importantes como el aire, es lo más hermoso que existe. Por eso ganó la capacidad poética del arte de transmitir sentimientos verdaderos, belleza y erotismo, y eso pasó con las Hinojosa.

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