En 1989 tenía la ambición de servirle al país, pero no me había lanzado al ruedo político. Era estudiante de Administración de Empresas en la Sabana y al mismo tiempo estaba haciendo una maestría en Ciencia Política en la Javeriana. Otro hecho marcaba mi vida en forma radical: me acababa de accidentar y estaba en silla de ruedas. Reunía el perfil perfecto para el comercial que quería hacer el Banco Popular, para apoyar la causa de Teletón. Al comienzo no quise hacerlo, porque no quería que se vendiera la imagen de un discapacitado que inspirara lástima, pero mi percepción cambió cuando conocí la historia y la filosofía del mensaje que querían transmitir.

Acepté más por la causa que por el dinero, no cobré un peso por la actuación, solo me dieron los viáticos. La grabación fue en Cali y compartí escenario con un piano y con los bailarines del Barrio Ballet. En dos días de intensa grabación sacamos adelante la producción. Yo era el pianista discapacitado que con sus notas salseras ponía a funcionar la coreografía del ballet. Al final, un locutor decía una frase tan sabía como hermosa: "También con las manos se pueden mover los pies". Yo cumplí con mi papel de simular el trabajo de un pianista, pero hoy les confieso que las manos que aparecen ahí no son las mías, sino las de un pianista profesional que luego se ganó una beca para estudiar en Rusia. El comercial fue un éxito, ganó varios premios internacionales, pero lo más importante es que demostró que los discapacitados podemos lograr nuestras metas con ganas, positivismo y optimismo, y, lo más importante: valemos mucho como personas.

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